borbolandia
Leo y la normalidad

Periodista y escritora
Las altas autoridades de la Universidad Carlos III se han enfadado conmigo. Y lo siento de veras. Y cuando digo de veras es de veras. La Casa de Su Majestad el Rey también se ha enfadado, pero esa me da igual. Llevamos aguantándoles dos siglos de corrupción como para que ahora vengan a pedir explicaciones. ¿Explicaciones de qué?, como diría el abuelito comisionista de Leonor.
Digo que el alto mando de la Carlos III se ha enfadado porque afirmé que Leo iba a tener unos privilegios en su carrera en determinadas asignaturas que ellos niegan categóricamente que se los vayan a dar. No puedo rebatirlo, porque yo solo tengo fuentes y ellos tienen el poder para exigir la rectificación. Y aunque yo tuviera algo de razón, que segurísimo que no, dentro de cuatro años yo seguiría teniendo solo fuentes que me informarían malamente y ellos el derecho a no informar de la asistencia y del rendimiento.
Así que, como no me duelen prendas en retirar lo dicho, lo retiro. Rectifico y afirmo que Leo va a cursar su carrera en la Carlos III exactamente en iguales condiciones que cualquier otro alumno o alumna. Leo aprobará solo si merece aprobar. Leo asistirá a clase cinco días a la semana, conducirá su coche, dará vueltas para aparcar como cualquier otro alumno y solo faltará a algunas asignaturas de forma justificada por gripe, gastroenteritis, apertura de congresos, compromisos diplomáticos, juras de bandera, imposiciones de medallas, visitas oficiales, funerales reales, bodas familiares, revista a las tropas y entrega de premios.
La consigna de la Carlos III fue contundente: ¡normalidad absoluta ante la llegada de la princesa! Y, afortunadamente, se cumplió a rajatabla, tal y como todos pudimos comprobar gracias al medio centenar de fotógrafos que cubrieron la normal llegada de Leo.
El rector, la vicerrectora y un decano recibieron con absoluta normalidad a la princesa a las afueras de la Universidad, tal y como hacen todos los años el primer día de curso con los alumnos López o Mendieta. Darle la bienvenida en privado habría sido muy poco considerado con los fotógrafos de periódicos, digitales, redes y revistas de peluquería. Un saludo discreto fuera del foco de las cámaras y en el interior del recinto universitario habría sido de muy mal gusto y absolutamente inconcebible. Algo fuera de toda normalidad.
Y con la normalidad propia de una princesa y look casual, Leo atravesó un pasillo de estudiantes que capturaban con sus móviles imágenes del normal caminar de una princesa por Getafe. El comedor de la Uni elaboró un menú normal (con encanto real, leí en alguna parte) y dotaron de normalidad la carta imprimiéndola con coronitas, como normalmente hacen el primer día de clase de cada año en honor de los alumnos del vulgo.
El señor decano dijo que la presencia de Leonor es una “gran responsabilidad para la Carlos III de Madrid”. Serían los nervios los que pusieron esas palabras en su boca, porque seguro que no quiso decir eso ni decirlo así. Suena poco normal. Probablemente quiso decir que todos y cada uno de los alumnos de la Carlos III, vulgares ciudadanos que tendrán que buscarse la vida por su cuenta y pegarse en el mercado laboral, son la misma gran responsabilidad para la Universidad que Leo.
Todos y cada uno de esos alumnos, muchos de los cuales ahora palmean a la señorita Ortiz porque arrimarse a ella será una garantía, tendrán que sacar la carrera, no para adornar un currículo, sino para encontrar un trabajo o aprobar unas oposiciones mientras buscan un pisito o una habitación por lo que les pedirán un alquiler insoportable.
Leo no pasará por ninguna de estas tensiones ni sufrirá ni uno solo de los inconvenientes que tendrá que sortear el resto de sus compañeros. Tremenda la responsabilidad de la Carlos III por el futuro de esos alumnos sin privilegios, no por la única alumna en esa Universidad que lo tiene todo por derecho de nacimiento y transita por la vida con todos los gastos pagados.
Saldrá de la Carlos III con su título en el tiempo previsto, asista mucho o poco, estudie con más o menos ganas o se lo faciliten poco o mucho. Pero desde aquí aseguro con total contundencia que sacará las mejores notas, asistirá a todas las clases y su más que seguro alto rendimiento en la carrera de Ciencias Políticas le permitirá alcanzar la Presidencia del Gobierno… ah no, calla tonta… que eso se vota. La Jefatura del Estado.
Si ya fue una crack en la Academia de Zaragoza, si su rendimiento en la Escuela de la Armada de Marín fue extraordinario y si salió de San Javier hecha una as de la aviación, nada nos impide asegurar que saldrá de la Carlos III con el mejor expediente de su promoción. Sería lo normal. Porque España no tiene una princesa, tiene un prodigio de normalidad.
Lo cierto es que estamos empleando muchos recursos en la formación de la princesa. Esperemos que aproveche los estudios y que, con un poco de suerte, acabe entendiendo que su papel no tiene cabida en un país demócrata, mucho más en cuanto averigüe que ella está donde está porque así lo decidió un dictador asesino y fascista. Lo normal.
Leonor cursó el bachillerato internacional en el UWC Atlantic College de Gales (Reino Unido) y gracias a eso ha tenido el derecho a entrar en la Carlos III sin pasar por la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). Toda una ventaja de lo más normal porque así no ha tenido que superar la elevadísima nota de corte que los demás alumnos han debido acreditar.
Leonor ha entrado, porque se lo merece y sin ningún privilegio, gracias al programa Early Admission (admisión anticipada) al que cualquier estudiante internacional normal que cumpla con los requisitos exigidos puede acceder.
También son importantes los méritos extracurriculares, los idiomas y los premios, y de todo eso Leo tiene mucho. Tiene todas las carreras castrenses, que hizo con normalidad y sin ningún privilegio en tiempo récord, se ha subido a tanques, a cazas, a buques… tiene idiomas por un tubo, y premios, ni les cuento… diez o doce medallas de oro del Congreso, el Senado y comunidades autónomas… el año pasado, incluso le quitaron a un gallego o gallega ilustre la medalla de oro de la Xunta para dársela a Leonor.
O sea, que méritos militares, idiomas y premios tampoco faltaban para acreditar una más que merecida “early admission” por haber realizado dos cursos de bachillerato con un coste de 76.425 euros. Lo normal.
Me da cierta tristeza que una Universidad del prestigio de la Carlos III sea solo útil a la Casa Real para su pose de estudiar en la pública, aunque bien es cierto que también la Universidad se beneficia publicitariamente de la presencia de una nieta de Juan Carlos I. Hasta una app de diseño gráfico online está sacando tajada de la presencia de Leo en la Uni, y ha sembrado por fachadas, paradas de autobús y Metro anuncios con una gran corona y un lema que dice “Bienvenida a la Uni, princesa”.
El anuncio grande que daba la bienvenida a Leo estaba a las afueras de la estación del campus Juan de la Cierva, de la Línea 12 de Metro de Madrid, y con ello se da otra paradoja que dota de normalidad al asunto: Juan de la Cierva fue el fascista que ayudó a Franco en el golpe de Estado facilitándole el Dragón Rapide para escapar de Canarias, llegar a Melilla y dar por inaugurada aquel glorioso 18 de julio de hace 90 años la guerra de España que acabaría instalando una dictadura. Leo tiene mucho que agradecerle a Franco y a Juan de la Cierva.
En fin, que hasta aquí llega mi rectificación requerida por las altas autoridades de la Universidad Carlos III, a las que lamento mucho haber ofendido por haber puesto en duda la absoluta normalidad con la que, estoy segura, van a llevar este asunto de la princesa durante los próximos cursos.
Será todo tan normal en los próximos cuatro años que desde aquí propongo el cambio de nombre de la Universidad Carlos III, un déspota ilustrado, por el de Universidad Leonor I, una chica extraordinariamente normal. Mis disculpas, rector.


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