Publicado: 03.03.2016 19:40 |Actualizado: 04.03.2016 07:00

El maíz convencional rinde “tanto o más” que el transgénico

El Gobierno de Aragón, comunidad que cultiva el 40% de los OGM de España, certifica en un estudio que “las producciones de las variedades convencionales han sido tanto o más altas que sus variedades transgénicas” tras monitorizar las cosechas durante seis años.

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Dos de cada cinco hectáreas de maíz transgénico que se cultivan en España, 42.612 de 107.749, se encuentran en Aragón.

Dos de cada cinco hectáreas de maíz transgénico que se cultivan en España, 42.612 de 107.749, se encuentran en Aragón.

ZARAGOZA. -El Centro de Transferencia Agroalimentaria del Gobierno de Aragón ha constatado, tras seis años de estudios, que el maíz genéticamente modificado no ofrece ventajas productivas en relación con las especies comunes de ese vegetal. “Las producciones de las variedades convencionales han sido tanto o más altas que sus variedades transgénicas”, sostiene la institución.

Las conclusiones del estudio Transferencia de resultados de la red de ensayos de maíz y girasol en Aragón referente a la campaña 2015 son contundentes: “no hay diferencias significativas” entre el rendimiento de las variedades transgénicas y las convencionales, señala el informe, que recoge cómo la producción de algunas de esas plantas con los códigos genéticos modificados (OGM) se sitúa, incluso, por debajo de los 12.000 kilos por hectárea, el umbral a partir del cual el cultivo comienza a generar algún beneficio para el agricultor.

Concretamente, cuatro de las cinco variedades que no alcanzaron ese rendimiento mínimo en las zonas de ensayo eran transgénicas, si bien también lo eran las dos que más grano produjeron. En todos los casos –la serie de seis años incluye veinte especies, trece de ellas modificadas- los técnicos agronómicos controlaron en una misma ubicación los factores de riego, fertilización, tratamientos, controles de plantas establecidas, ataque de taladro y cosecha.

Una evidencia que se repite

El estudio señala que durante esos seis años en los que tuvieron lugar los ensayos los daños producidos por la plaga del taladro “no han sido relevantes en la mayoría de los casos” –no fueron en ninguna zona de España-, lo que ha permitido evaluar los rendimientos de las distintas variedades sin la ventaja competitiva que las empresas químicas atribuyen al maíz modificado genéticamente, que es precisamente su resistencia a ese insecto, considerado la principal amenaza para sus cultivos.

“Repetimos lo que cada año se evidencia y es que en ausencia de plaga el material vegetal expresa todo su potencial productivo, observando en estas dos últimas campañas que los ciclos más cortos a los utilizados en estas zonas de producción están dando muy buenos resultados en producción y secado”, señala el dictamen de la Consejería de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, que en su valoración de la anterior campaña ya planteaba la necesidad de realizar “una profunda reflexión” sobre el uso del maíz transgénico.

El Gobierno de Aragón hace un especial seguimiento del comportamiento de las variedades de maíz transgénico por “la necesidad de conocimiento de un cultivo que en nuestra comunidad autónoma supone más de 42.000 hectáreas de producción, un 70% de la superficie total” dedicada a esa planta forrajera. Los agricultores aragoneses cultivan casi el 40% del maíz genéticamente modificado de España, con 42.612 hectáreas de 107.749, a mucha distancia de las 30.790 de Catalunya, las 11.471 de Andalucía y las 9.827 de Extremadura.

Su uso tiende a la baja, con una caída del 18% en relación con la campaña anterior -21% en Aragón-, aunque ese descenso, tras el récord de 2013, se enmarca en el retroceso generalizado de la explotación del maíz por la reducción de sus márgenes ante el aumento de los costes.

“Seguimos sin poder contrastar sus hipotéticos beneficios”

El informe de la organización agraria COAG sobre Seguridad Agraria y Biotecnologías 
llama la atención sobre los pocos países europeos que permiten el cultivo de maíz transgénico. Además de España, que concentra el 90% de los cultivos transgénicos de la UE, se siembra en Portugal, donde apenas ocupa mil hectáreas, República Checa y Eslovaquia, donde su utilización tiende a la baja. Por el contrario, potencias agrarias como Francia o Alemania lo han vetado, en una posición que comparten Austria, Bulgaria, Grecia, Hungría, Luxemburgo, Italia, Suiza y Turquía.

La FAO documentó cómo 25 estados vetaron en 2014, para impedir su entrada en la cadena alimentaria local, la introducción en sus territorios de alimentos para humanos y de piensos para animales tras detectar la presencia en ellos de vegetales genéticamente modificados. Fueron destruidos o devueltos a sus países de origen.

“Después de 16 años de cultivo de transgénicos en España seguimos sin poder contrastar sus hipotéticos beneficios”, señala el documento de COAG, que añade que “año tras año los ensayos muestran que no son más productivos que las variedades convencionales, incluso en los pocos años que hubo un ataque severo de taladro”.



Una mala hierba mutada amenaza el cultivo del maíz

La organización agraria, que considera “difíciles de demostrar” las supuestas ventajas económicas de los transgénicos, sostiene que su uso “supone pérdidas económicas para el productor porque hay que pagar patentes” que, “siendo más caras, no producen más ni reducen la utilización de pesticidas y herbicidas, sino todo lo contrario”.

“Además -añade-, existen estudios que indican que en zonas de cultivo contínuo con OGM se tiene que utilizar más productos químicos para matar las plantas resistentes”.

De hecho, nueve organizaciones agrarias, conservacionistas y de consumidores –COAG, Red de Semillas, Amigos de la Tierra, Cecu, Ecologistas en Acción, Greenpeace, PALT, SEA y Aragón Sin Transgénicos- pidieron hace unos días por carta a la ministra de Medio Ambiente en funciones, Isabel García Tejerina, medidas para atajar la proliferación del teosinte, una maleza ancestro del maíz que actúa como especie vegetal invasora. Entre otras, comunicar su presencia a la UE cuando hace ya nueve años que fue detectada.

La situación ha llevado al Gobierno de Aragón a prohibir el cultivo de ese forraje en los campos con esa mala hierba, cuya presencia ha sido detectada también en Navarra y en Catalunya.

Ni Monsanto informa ni Medio Ambiente y la UE se enteran

Esas organizaciones temen que “las poblaciones de teosinte podrían ser portadoras de ADN transgénico proveniente del maíz modificado genéticamente” MON 810 que comercializa la multinacional Monsanto un “flujo genético” que amenaza con dotar a esa mala hierba “de un poderoso mecanismo de defensa ante especies herbívoras”. El gen vegetal manipulado incluye “una toxina Bt con propiedades insecticidas”, lo que hace “muy probable que los híbridos del maíz transgénico y el teosinte muestren mayor capacidad de expansión que el teosinte no transgénico”.

Las entidades, que acusan a la multinacional haber ocultado esa información “en su informe anual de seguimiento, tal y como le obliga la ley”, y de no haber “tomado ninguna medida para controlar la situación”, señalan que el riesgo de cruce del maíz transgénico con especies silvestres no fue tenido en cuenta por la UE ni por el Gobierno español antes de autorizar su uso ni de renovar los permisos.

De hecho, Europa descartó “los posibles impactos” de esa eventual mezcla “por no existir en Europa ninguna especie [silvestre] emparentada” con el maíz.

IU pide medidas para desmantelar el “infierno transgénico” de Aragón

Por último, la diputada autonómica de IU en Aragón, Patricia Luquin, ha solicitado al Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad que le informe sobre las acciones que prevé implementar para seguir reduciendo el cultivo de OGM en la comunidad.

La parlamentaria, que califica a la comunidad de “infierno transgénico” –aunque celebra la reducción de la superficie dedicada a esas variedades-, considera “una temeridad” que la Administración continúe autorizando su uso, “y mucho más vistos los diferentes estudios que señalan igualdad de rendimientos productivos entre convencionales y transgénicos”.

También sostiene que entre los objetivos de las multinacionales que comercializan los OGM se encuentran los de “ejercer el control sobre la alimentación y sobre un elemento fundamental para la actividad agraria, que no es otra cosa que el control de las semillas”.