Publicado: 18.10.2013 07:55 |Actualizado: 18.10.2013 07:55

Carlos París: "Vivimos en la época de la mentira"

El presidente del Ateneo de Madrid inauguró ayer el nuevo curso académico de la institución con una disertación sobre los engaños en los que se sustenta la civilización occidental.

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Carlos París (Bilbao, 1925) dio ayer el pistoletazo de salida al nuevo curso académico del Ateneo de Madrid, que preside, con un análisis del papel de la mentira en el mundo actual. La civilización occidental está asentada en el engaño, afirma. La ONU, la OTAN, la UE... todas las grandes organizaciones e instituciones son, según su opinión, una gran mentira ya que no persiguen los fines que anuncian y sí la defensa de los intereses de los más poderosos. "La única verdad reside en el pueblo, en las masas", señala.

Ha señalado reiteradamente en su conferencia que el engaño ha estado presente a lo largo de toda la historia pero que, sin lugar a dudas, es esta la época de la mentira. ¿Por qué cree que el tiempo actual puede ser calificado como la época de la mentira?

Por dos razones. Los medios de comunicación tienen más potencia que nunca y están controlados por el poder por el coste que supone mantenerlos. El otro motivo, más fundamental, es que la mentira se ha encarnado en nuestra propia civilización. La estructura misma de la civilización es engañosa. Es ficticia. Es mentira.

¿La civilización occidental actual está basada sobre la mentira?

Sí. Se proclaman los ideales de la Ilustración: la democracia, el progreso, la igualdad, la libertad... y, sin embargo, se están traicionando y aplastando estos ideales. Los indignados dicen: "Lo llaman democracia y no lo es". Tienen razón. Entre las declaraciones teóricas y la realidad hay un abismo de diferencia. La OTAN no es órgano que sirva a los intereses de la justicia sino a los intereses de las clases dominantes. La ONU hacen aguas por muchas partes. Tienen un Consejo de Seguridad no democrático constituido por los grandes países que ostentan las armas de destrucción masiva y las decisiones de la Asamblea General no son atendidas como se ve en el caso de Israel y EEUU.

Cuando ha enumerado esta serie de instituciones asentadas en la mentira durante su conferencia también ha hecho referencia a la economía. ¿Es la economía la mayor mentira de todas?

Sí, ciertamente. Esta economía está ligada a la evolución del capitalismo, que se ha convertido de un capitalismo productivo a un capitalismo especulativo, de casino, financiero. La política que está siguiendo favorece a las clases dominantes y los grandes países frente a las clases populares y los trabajadores. Además, la aplicación de estas políticas está produciendo hambre, miseria y está aumentando la mortalidad allá donde se aplican. De hecho, hay toda una corriente crítica de economistas que denuncian estas políticas oficiales sólo benefician a las minorías.

¿Los mentirosos son conscientes de que están mintiendo?

Hay un fenómeno muy curioso que es el del mentiroso que acaba creyéndose sus propias mentiras y mintiéndose a uno mismo. No descarto que a fuerza de repetir estas mentiras acaban de alguna manera asimilándola. De todas formas, siempre hay alguna dosis de cinismo. Es como los dirigentes, que no son creyentes, pero que afirman que la religión es buena para el pueblo. Claro, la mente humana en este sentido es muy compleja. Sartre hablaba de la mala fe y la mala conciencia. Creo que hay un fenómeno de falsa conciencia y de autoengaño pero partiendo siempre de una actitud de interés. Cuando se tiene interés en algo uno tiende a engañarse y a pensar que este algo es bueno para todos.

¿Cómo se desenmascaran estas mentiras?

El modo son las protestas populares a las que estamos asistiendo. Creo que hace falta una movilización de la opinión pública mucho mayor y también más medios de comunicación independientes. La destrucción, sin embargo, de los medios de comunicación progresistas viene del siglo XIX, como bien recoge Chomsky en un libro suyo. El problema es que la televisión sigue teniendo un gran poder y sólo puede estar en manos de grupos que tienen mucho poder. De hecho, la mayoría de las televisiones de la TDT son completamente reaccionarias.

También ha afirmado en su conferencia que en esta época de la mentira, el país más desarrollado en el fenómeno de vivir sobre un suelo de mentiras es España. Debo preguntarle otra vez por qué.

En España se ha ocultado lo mejor de la historia de España, como fue la II República, la lucha por defenderla y la lucha contra la dictadura. También se ha ocultado la represión del franquismo y esta versión de la historia se ha llevado al diccionario de la Real Academia de Historia pasando a ser una especie de versión oficial. Todos los países que han sufrido dictaduras han juzgado a sus responsables. En Alemania o Italia no se concibe que haya símbolos recordando la etapa fascista y nazi. En España, con plena impunidad, se sigue defendiendo el fascismo y ocultando la verdad. Las fosas sin desenterrar y la expulsión del juez Garzón de la carrera judicial son significativas de la magnitud de la mentira en España.

¿Esta es la única mentira?

No, no. Mentiras se pueden sacar todos los días. Las declaraciones de empresarios que oímos tan frecuentemente, sin ir más lejos, suelen ser mentira. O la afirmación del ministro Montoro de que los sueldos continuaban subiendo. Este caso es un ejemplo de cuando la mentira te lleva al ridículo. Pero se nos está diciendo sistemáticamente que se va a crear empleo y que vamos a salir del túnel, que ya se ve una luz y que el panorama está mejor. Todas estas afirmaciones tratan de fomentar ilusiones en la gente y engañarla. Antes te adoctrinaban para tener fe en otra vida después de esta, ahora te hablan de una vida futura en esta tierra, pero no se ve que caminemos hacia ella.

¿Qué nos queda de verdad?

La verdad está en el pueblo, en las masas, en que estas masas salgan del engaño. Creo que hay un descontento generalizado, no solo de los indignados. Las huelgas son constantes por Sanidad y por Educación. El descontento está en la realidad. Ahora hace falta que ese descontento se canalice y que, además, se totalice, que no sea sectorial. Hace falta una protesta unitaria. Esta protesta, además, tiene que articularse políticamente.

¿Con qué objetivo?

Llegar al poder. Hay que pensar en dos maneras de remediar este descontento. Uno seria la III República. La República debe ser el medio por el que salir de esta situación de engaño. El otro es la colectivización de los medios de producción. Una sociedad democrática es aquella que tiene los medios de producción y de comunicación en manos de la colectividad y no en manos de una minoría. Con una República se superarían gran parte de estos vicios y corruptelas que heredamos del franquismo.