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Vida y milagros del mayor moroso de España

‘El gran Vázquez’, filme sobre el creador de ‘Anacleto’, competirá en el Festival de San Sebastián. Santiago Segura interpreta a un dibujante que se convirtió en un mito de la cultura popular por su ta

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Vuelva usted mañana. Cuenta la leyenda que Manuel Vázquez Gallego (Madrid, 1930-Barcelona, 1995), autor de series legendarias del cómic español como Anacleto, agente secreto o La familia Cebolleta, llegó un día a su casa y se encontró a varios cobradores en el rellano. Rápidamente se puso a aporrear su propia puerta con gran virulencia: 'Paga lo que debes de una maldita vez, sabandija', debió vociferar. Vázquez se hizo pasar por un cazamorosos con gran convicción. Tanta que los señores del frac le acabaron invitando a unas cañas e incluso le pagaron un adelanto. ¡Pedazo de sinvergüenza!

Este es uno de los mitos sobre Vázquez que Francisco Ibáñez, padre de Mortadelo y Filemón y compañero de fatigas en la Editorial Bruguera, reprodujo en su popularísima tira 13, Rue del Percebe. 'El mayor homenaje de Ibáñez a Vázquez fue convertirlo en el célebre moroso del ático', cuenta el cineasta Óscar Aibar (Barcelona, 1967), autor de El gran Vázquez, biopic sobre el dibujante de cómics que se estrenará el próximo 24 septiembre y que competirá por la Concha de Oro en el próximo Festival de Cine San Sebastián. Aibar es probablemente la mayor autoridad mundial en leyendas urbanas sobre Manuel Vázquez Gallego, al que conoció en sus últimos años de vida, cuando ambos trabajaban en la revista underground Makoki. 'Cada vez que iba a un sarao del mundo del cómic, en los postres siempre se acababa hablando de Vázquez. Que si se había ido sin pagar de no sé dónde, que si había sableado a no sé quién, que si había estafado a sus jefes de Bruguera...', cuenta a Público el cineasta. Aibar llegó a tener varios cuadernos guardados repletos de anécdotas sobre Vázquez.

La película le ha permitidoo 'transcribir el mito' de un hombre cuya vida fue 'una epopeya' de otros tiempos. 'Alguien tenía que recuperar sus peripecias para las generaciones futuras, como hizo Homero con Ulises', razona entre risas Aibar, que 'confrontó la leyenda con la realidad' hablando con la primera mujer y los hijos del dibujante madrileño.

Ahora que el último grito en el mundo del cómic son las historias autobiográficas, no deja de ser pasmoso repasar las peripecias de uno de los personajes más corrosivos de Vázquez: él mismo. 'La leyenda del Vázquez deudor se corrió tanto, creció de un modo tan brutal, que podía haberme sentido vilipendiado. En vez de eso, decidí sacarle dinero y crear el personaje del Tío Vázquez. Lo malo es que lo que yo hubiera querido es ser un estafador inmenso, de gran escala, y no un pobre tío que huye de su sastre. El sueño de mi vida era ser el perfecto sinvergüenza', contó una vez Manuel Vázquez Gallego.

'Lo que le convierte en un artista definitivamente moderno para su época es que se transformó a sí mismo en personaje. Vázquez era un pícaro. Hizo apología de ello en sus historietas. Imagínate en 1961, en pleno franquismo, crea un personaje que se llama el Tío Vázquez y les dice a millones de niños: el héroe es el que no paga. ¡Inaudito!', exclama Aibar.Algo inconcebible en una época en la que la Orden de 1956 que regulaba el contenido de las publicaciones infantiles prohibía taxativamente 'toda desviación del humorismo hacia la ridiculización de la autoridad de los padres, de la santidad de la familia y del hogar, del respeto a las personas que ejercen la autoridad, del amor a la Patria y de la obediencia a las Leyes'.

Pero los 'irreverentes' tebeos de Bruguera se caracterizaban precisamente por lo contrario: 'Los temas principales eran la ridiculización de la autoridad, el retrato de la familia como sistema desestructurado y caótico, y la chapuza como emblema del trabajo', repasa Aibar. En ese contexto, el creador de Heliodoro Hipotenuso y Las hermanas Gilda no paró de chocar contra el muro de la autoridad, representado en el filme por el personaje de Peláez (Álex Angulo), un contable malvado de la editorial en la que trabaja que representa al auténtico enemigo de Vázquez: 'El sistema'.

'Peláez es su opuesto: aburrido, gris, mediocre, pelota, un burócrata que lo persigue. En una de las escenas de la película, Ibáñez dice a Vázquez: ‘Por lo menos, ahora ya no tendrás a ningún Peláez dándote la paliza'. Y Vazquez le responde: ‘Siempre hay un Peláez', adelanta el director.

El rodaje de El gran Vázquez en los Estudios de la Ciudad de la Luz (Alicante) ha ido como la seda. 'Todo lo contrario que el de mi primera obra, Atolladero, ejemplo canónico de todo lo malo que le puede pasar a una película', cuenta Aibar aludiendo a un rodaje desastroso que parodió años más tardes sin piedad en la (desternillante) novela Making of (Mondadori, 2008).

Una de las claves de la buena marcha de su nuevo proyecto tiene nombre y apellido famoso: Santiago Segura, que se encuentra estos días rodando la cuarta parte de Torrente en, atención al dato, tres dimensiones. 'Su implicación ha sido brutal. Uno de los atractivos de la película es verlo haciendo algo completamente diferente a lo que ha hecho hasta ahora. Se ha tirado a la piscina. Comparto con él la veneración por los cómics y sobre todo por Vázquez', dice un cineasta que tiene varios originales del creador de La familia Cebolleta enmarcados en las paredes de su piso madrileño.

Aibar espera expectante el estreno del filme en San Sebastián, donde, como ocurre en otros festivales de prestigio, no se suelen incluir comedias en la competición. Al menos en los últimos tiempos. 'En los años sesenta, se estrenaban allí los grandes clásicos de la comedia italiana: Mario Monicelli, Dino Risi, Vittorio Gassman... Espero que los espectadores vean algo de esas películas en El gran Vázquez'.

Otro de los anhelos del cineasta es que el público salga de su película con la misma sensación que dejan a veces los biopics de personajes insólitos pero poco conocidos como Ed Wood. 'Que digan: ‘¡Hostia! ¡Este tío hizo esto! ¿Por qué no me sonaba de nada?'. Una buena respuesta a esa pregunta sería esta: 'Vázquez, además de un genio, era un gran perdedor. El éxito no es interesante para un filme. Se aprende mucho más de las vidas de los perdedores', zanja convencido.