La acampada de Sol afronta su final mirando hacia los barrios tras un mes de movilizaciones por la vivienda
Las manifestantes llegan ya a su cuarto sábado en el kilómetro cero de Madrid, donde organizan varias actividades, formaciones y cuidados. La asamblea prepara un manifiesto para darle un final simbólico.

Vitoria-Gasteiz--Actualizado a
La acampada en la Puerta del Sol de Madrid cumple su cuarto sábado. Ha pasado un mes desde que el desahucio de Maricarmen inspirara la rabia que inundó las calles en una manifestación masiva. La convocatoria de aquel 26 de septiembre culminó con las primeras tiendas de campaña en la concurrida plaza. Hoy son más de 1.500 las que componen la pequeña ciudad del campamento. Y no son pocos los logros que se han alcanzado desde entonces. La protesta se ha exportado a lo largo y ancho del Estado español y también del continente europeo. Los sindicatos mayoritarios han convocado la primera huelga general en casi tres lustros y unas elecciones generales se encuentran a la vuelta de la esquina.
Esta nueva urbe cuenta con calles, plazas y avenidas, además de carpas donde se celebran charlas, formaciones y talleres –ejemplo de ello es Uni en la calle, donde diferentes docentes celebran clases abiertas–. También hay diferentes puntos de servicio o información para atender las necesidades de las personas acampadas y de simpatizantes que apoyan la iniciativa. La acampada cuenta con el soporte de múltiples organizaciones con una cimentada base ideológica, como Anticapistalistas, Contracorriente, el Sindicato de Estudiantes, la Coordinadora Juvenil Socialista o el Sindicato de Inquilinas. Todo ello ha propiciado que la concurrida plaza se haya convertido en una comunidad que trabaja en armonía por el acceso a una vivienda digna, una educación y otros servicios públicos de calidad y, en general, por una vida mejor.
¿Cuándo desacampar?
De manera horizontal, también se ha construido una asamblea: la Acampada 26S, que se reúne prácticamente todos los días para dilucidar cómo proseguir con el campamento y garantizar que el movimiento no se limita a Sol, sino que llega a todos los barrios. Una pregunta emerge en la mayoría de reuniones: ¿Hasta cuándo? Las campistas saben que el proyecto no puede mantenerse in aeternum, pero el momento de desescalada es todavía una quimera. ¿Aguantar hasta la huelga general?, ¿tratar de superar al 15M?, ¿continuar como apoyo mientras duren las acampadas en el resto del Estado?, ¿o, por el contrario, trasladar cuanto antes los esfuerzos a los barrios?, ¿poner los recursos que mantienen las tiendas de campaña en garatnizar que el 11N es verdaderamente combativo?
Alejandra es estudiante y comenzó a acampar el domingo 27 de septiembre en la bautizada plaza Marika por Maricarmen. Estuvo presente de manera muy activa durante las primeras dos semanas. Esta última no ha dormido en Sol, aunque sigue asistiendo a asambleas y otras actividades que tienen lugar a lo largo del día. Ha decidido desmontar su tienda de campaña este fin de semana. "Es un desgaste mental muy grande", declara a Público. Indica que el campamento ha avanzado a un ritmo acelerado y los objetivos políticos actuales rebasan los objetivos iniciales de la iniciativa, que comenzó por el desahucio de Maricarmen. "Me meteré en el sindicato de mi barrio, creo que tenemos que llevarnos la acampada a nuestras calles", defiende.
En la asamblea extraordinaria que Acampada 26S celebró el pasado 15 de octubre, las personas presentes decidieron seguir con la instalación sin una fecha límite. Las manifestantes votaron a favor de crear una comisión política que elabore un manifiesto que sirva de hoja de ruta para organizar primero una desescalada gradual y consensuada y, posteriormente, un acto final que convierta esta acampada en un símbolo. La organización publicó este lunes en sus redes sociales la propuesta metodológica para la redacción del texto. El objetivo es aunar todas las sensibilidades para que todo el mundo esté representado en el documento.
Solidaridad internacional y entre luchas
Las campistas siguen muy de cerca todo lo que la iniciativa ha inspirado dentro y fuera de las fronteras del Estado. El proyecto ha sido replicado en Portugal, tanto en Lisboa como en Faro y Oporto. Sin embargo, la Policía cargó contra las manifestantes de estas ciudades en la madrugada de este martes para desalojarlas. En la capital crearon un cordón humano para proteger la protesta, mientras que en Oporto lograron expulsar a las activistas, dejando varias personas heridas y decenas de detenciones. Pese a ello, la ciudadanía portuense decidió recuperar la acampada este jueves, aunque en esta ocasión sin tiendas de campaña.
"Queremos brindar todo nuestro apoyo a nuestres compañeres portugueses, que están luchando como nosotres por el derecho a una vivienda digna", comunicaron ante lo ocurrido desde la Acampada 26S. "El derecho de manifestación es uno de los derechos recogidos en la Declaració Universal de los Derechos Humanos", defendieron, y citaron también el derecho de reunión y manifestación recogido en la Constitución portuguesa de 1976. "Manifestamos nuestro enérgico rechazo ante los actos de represión, hostigamiento y violencia ejercidos por las fuerzas y cuerpos de represión del Estado", añadieron. Denunciaron además que la brutalidad policial "supone un grave retroceso democrático que degrada nuestras libertades públicas".
La mirada está también puesta en los diferentes conflictos que afloran dentro del Estado español. Es el caso de las educadoras infantiles, en huelga desde el pasado mes de abril, que se acercan a la acampada para apoyarla y al mismo tiempo reivindicar sus derechos. "Estamos aquí apoyando el resto de causas", explica una de las huelguistas, en alusión a las inquilinas, sanitarias o bomberos forestales, entre otras profesiones en lucha. De igual manera, la acampada de Sol acogió este viernes un comunicado de la Asociación Madrileña de Salud Pública. Esta defendió que "la vivienda es salud". De igual modo, el sindicato médico AMYTS anunció también varias jornadas de huelga para reclamar mejoras laborales en la Comunidad de Madrid. La miniurbe del kilómetro cero ha servido así para concentrar toda una serie de reivindicaciones que responden a una necesidad de acabar con el malestar social.
El camino hacia la huelga general
Todo ello está presente en Sol, la cuestión es de qué manera puede seguir vivo en el momento de la desacampada. Mientras se delibera cuándo debe llegar este momento, parte de las tareas también están puestas en el camino hacia la huelga general. Se trata de una convocatoria histórica, la primera que los sindicatos mayoritarios secundan en casi tres lustros. Organizaciones como Anticapitalistas, Contracorriente, el Sindicato de Inquilinas o la Coordinadora Juvenil Socialista (CJS) han comenzado ya los preparativos para la que esperan que sea una jornada combativa.
El Sindicato de Inquilinas pone al servicio de la ciudadanía asesoría para montar comités de huelga en los espacios de trabajo. Quien lo necesite puede contactarles por correo electrónico o a través de redes sociales para recibir toda la información necesaria. También CJS –y otras organizaciones del Movimiento Socialista– realiza actos para explicar su lectura del 11N y asegurar que el contenido de la huelga tiene una reivindicación explícita de clase y por el acceso a la vivienda. Este viernes celebró un encuentro en Villaverde (Madrid) bajo el lema "Contra el rentismo, el Gobierno y el capital".
Las labores de la huelga comienzan ya y se mantendrán con fuerza de cara al 11 de noviembre. Pero las organizaciones esperan que no se quede solo en esa fecha, sino que vaya más allá. En este sentido, comparte la misma estructura que la acampada de Sol. El objetivo es trasladar el espíritu de lucha a todos los barrios y todos los días. Por esta misma razón, después de un mes alojado en el kilómetro cero, el campamento de Madrid coordina una desacampada ordenada y que tenga un final a la altura de todo lo conquistado hasta ahora.


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