Entrevista a Ricci Galiano, portavoz de Acampada 26S"Ayuso intenta acabar con la acampada porque ataca al corazón de su modelo de ciudad"
El activista forma parte de la asamblea donde se toman las decisiones más importantes de la acampada de Sol. Además, protagoniza 'La rabia es nuestra', una obra de teatro de Oriol Erausquin (Infusión Ideológica).

Madrid-
Una llamada de auxilio y un sindicato en su ayuda. Así comenzó la historia de Maricarmen, la vecina de 87 años del distrito Retiro de Madrid. Varias batallas ganadas contra el rentismo, y finalmente un desahucio. Una manifestación masiva en su nombre y en nombre de todas las personas que no tienen acceso a un hogar propio. Aquella convocatoria, celebrada el sábado 26 de septiembre, culminó con una acampada en plena Puerta del Sol. De esta acción han florecido múltiples movilizaciones, apoyando las concentraciones, piquetes y otras protestas del profesorado de la educación pública.
Las acampadas también se han replicado en diferentes ciudades del Estado español. La ola de protestas ha acelerado un sentir general de la sociedad cultivado en el hartazgo. Es lo que ha empujado a que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, haya adelantado las elecciones generales al 29 de noviembre. También que los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, hayan convocado una huelga general por primera vez en 14 años, y que tendrá lugar el próximo 11 de noviembre.
Nada de esto gusta a Isabel Díaz Ayuso, quien este viernes ha anunciado que cerrará la estación de Sol debido a la "insalubridad" derivada de quienes acampan para defender derechos como el acceso igualitario a un hogar digno. Este jueves llegó a comparar esta protesta con la crisis humanitaria de Ceuta. En concreto, expresó que la plaza donde se encuentran las tiendas de campaña está ahora como las playas ceutíes, "llena de miseria" y "de basura". La presidenta madrileña también arremetió contra militantes y activistas, al expresar que están "reventando" la ciudad.
Las derechas llevan impulsando desde el principio una campaña de criminalización y desprestigio contra las movilizaciones. Sin embargo, en la acampada hay múltiples organizaciones con una cimentada base ideológica como Anticapistalistas, Contracorriente, el Sindicato de Estudiantes, la Coordinadora Juvenil Socialista o el Sindicato de Inquilinas. De manera horizontal, también se ha construido una asamblea: la Acampada 26S, que se reúne prácticamente todos los días para dilucidar cómo proseguir con el campamento y garantizar que el movimiento no se limita a Sol, sino que llega a todos los barrios.
Uno de sus portavoces es Ricci Galiano, actor, activista y pensador. Junto a Oriol Erausquin (Infusión Ideológica en redes sociales) presentan la obra La rabia es nuestra en el Teatro del Barrio de Madrid. En la función tratan la pesadumbre de una juventud movilizada que ansía un horizonte de esperanza y de futuro. En conversación con Público, Galiano reflexiona sobre el nuevo ciclo político que parece abrirse en medio de la actual oleada de protestas. Un ciclo que busca hacer frente a las derechas, acabar con el medio al auge reaccionario y establecer una nueva relación de fuerzas en la regeneración de las izquierdas.
Lo mejor que podrían hacer Ayuso y Almeida es dejar de dedicar recursos para hostigarnos y ponerlos donde realmente hacen falta
El Gobierno de Ayuso ha cerrado la estación de Sol. Alega "insalubridad" de la acampada y dice que es "la ley de la selva".
Isabel Díaz Ayuso lleva intentando acabar con la Acampada desde el primer momento, no solo porque señala a las carencias de su gobierno respecto a vivienda sino porque ataca al corazón de su modelo de ciudad. Lleva buscando todo tipo de artimañas para echarnos desde que la Acampada afectó a sus fiestas por la Hispanidad. Un festival de patrioterismo concebido, irónicamente, para atraer a los fondos estadounidenses e israelíes que nos echan de nuestras casas. Ese es su modelo de ciudad: fondos extranjeros y vecinas expulsadas de sus barrios por el turismo.
El Partido Popular de la Comunidad de Madrid está rabioso porque la justicia no le ha dado la razón, no pueden desalojarnos. Entonces, ahora quiere enviarnos "servicios de limpieza" cuando aquí hay personas trabajando cada día para sostener el espacio. Lo mejor que podrían hacer Ayuso y Almeida es dejar de dedicar recursos para hostigarnos y ponerlos donde realmente hacen falta: en las aulas sin aire acondicionado que asfixian a los profesores y alumnos de la educación pública, en dar los medios necesarios a los sanitarios para que puedan ejercer su trabajo.
El Partido Popular está muy empeñado en presentar cualquier apoyo material real al pueblo palestino como terrorismo
La acampada ha sufrido una notoria criminalización por parte de la derecha mediática, con muchos intentos de hacer encerronas y ridiculizar a los acampados. ¿Cómo habéis respondido a eso?
Es un juego que conocemos bien desde la izquierda. Los medios de derecha en este país siempre hacen lo mismo; buena parte busca ridiculizarnos y presentarnos como figuras patéticas que no saben lo que hacen, ingenuas o meros títeres. Buscan romper nuestro discurso y desmerecer el trabajo de años en distintos ámbitos para construir poder popular. Por otra parte, hacen lo contrario: presentarnos como una tremenda amenaza y como terroristas por tener cuchillos para untar hummus o al hablar de terroristas propalestinos.
El Partido Popular está muy empeñado en presentar cualquier apoyo material real al pueblo palestino como terrorismo. Estamos muy familiarizados con esta doble estrategia, y el foco siempre debe volver a lo que estamos haciendo: construir resistencia contra la destrucción de la infraestructura pública, construir poder popular, seguir organizándonos y presionar, porque sabemos que para avanzar y proteger los derechos, lo importante es la organización popular.
Se aprecia que en la acampada hay mucha organización, múltiples colectivos y que incluso las individualidades se integran en esa estructura. Además, los discursos están muy escorados a la izquierda, incluso más allá de la izquierda institucional alternativa como Sumar o Podemos.
Muchos medios han destacado los parecidos con el 15M, lo cual es razonable, pero algo que definitivamente distingue a esta acampada en Sol de la de hace 15 años es el nivel de organización y coordinación. Hay una presencia de múltiples organizaciones políticas plurales y distintas que comparten un elemento común: una crítica clara y diáfana a un sistema capitalista que nos empobrece, explota, margina y retira derechos sistemáticamente. A esto se suma la presencia constante de personas politizadas con sensibilidad política que integran, organizan y construyen comités populares por barrio. Estos comités nos darán muchas alegrías más allá de la huelga, ya que necesitamos infraestructura social en nuestros barrios frente al turismo, contra la destrucción de los centros de atención primaria, por una educación pública de calidad de 0 a 3 años y por una educación universal y digna. Necesitamos todo ese tejido barrial para sostener lo que tenemos y aspirar a ambiciones políticas más amplias.
Se huele en la acampada, en las calles y en los barrios que estamos entrando en un nuevo ciclo político
Comparándolo también con el 15M, de donde surgió el proyecto de Podemos –y la evolución en diferentes formaciones de la izquierda alternativa hasta ahora–, ¿se puede ver la acampada como una respuesta y reacción ante una izquierda institucional que no ha sabido responder a los problemas de actualidad?
Para todo el mundo empieza a ser bastante claro que la izquierda institucional no está siendo capaz de sacar adelante las transformaciones estructurales con las que se lanzaba originariamente. Se huele en la acampada, en las calles y en los barrios que estamos entrando en un nuevo ciclo político. ¿Cuál será su definición? Está por ver, lo estamos construyendo ahora. Pero definitivamente nace de la frustración ante las incapacidades del Congreso de los Diputados y de toda la infraestructura institucional para canalizar las necesidades materiales y tangibles de la clase trabajadora. Las fuerzas políticas deben reflexionar, porque el Parlamento no está teniendo la capacidad de incorporar y hacer permear un programa político que nace desde las calles y es mucho más ambicioso de lo que se nos ha ofrecido hasta ahora.
La acampada es una ilustración de lo que somos capaces de levantar y construir cuando trabajamos unidas y organizadas
Esto aporta un soplo de aire fresco y resulta renovador frente a discursos pesimistas que hablaban de una supuesta derechización de los jóvenes. Las movilizaciones demuestran que la juventud también está organizada y no es necesariamente de derechas.
Ha habido discursos muy pesimistas hacia los jóvenes, infravalorando la permeación de la derecha en sectores de mayor edad, poniendo el foco injustamente sobre la juventud. El movimiento de solidaridad con Palestina está construido principalmente por gente muy joven. Estos momentos de descontento social organizado, con un discurso crítico frente al sistema capitalista y las instituciones, están protagonizados por jóvenes. Nos encontramos ante una juventud que tiene muy claro que el horizonte político y el futuro se deshacen ante sus ojos por el auge del fascismo y una crisis ecosocial devastadora que pone en peligro la vida humana. Aunque esto puede motivar posturas nihilistas que la extrema derecha sabe capitalizar, también tiene un potencial de transformación enorme cuando está organizado. La acampada es una ilustración de lo que somos capaces de levantar y construir cuando trabajamos unidas y organizadas.
La rabia es muy potente en estallidos de movilizaciones concretas, pero que su mayor potencial se alcanza cuando se organiza
Tú y Oriol Erausquin tenéis además una obra en el Teatro del Barrio, Las rabia es nuestra, que parece encajar perfectamente con este momento. ¿Cómo se conecta con todo lo que estamos viviendo?
Es curioso, porque la obra se construyó hace un año a partir del ensayo de Oriol publicado en Siglo XXI y se siente profética. El libro pone el acento en que estábamos desorganizadas, fragmentadas y frustradas. Habla de ese valle previo a la acampada donde se votaba con la nariz tapada y se acudía a manifestaciones con un sentimiento de frustración, preguntándose por qué se hacía si se repetían las cosas una y otra vez sin ver cambios claros. La obra plantea que toda esa rabia debe canalizarse, organizarse y dirigirse hacia los verdaderos culpables de nuestras circunstancias, y es desde ahí, desde esa rabia organizada donde se puede disparar precisamente una gran esperanza, una gran euforia y alegría.
Durante mucho tiempo se ha puesto el acento en políticas de los afectos, del cariño y de la esperanza, pero una esperanza muchas veces vacua, abstracta, que no está cimentada sobre sobre lo real. Y lamentablemente esa esperanza abstracta se ha utilizado para una política de concesión, aceptando políticas insuficientes por miedo a la extrema derecha. Pero si la extrema derecha ya está gobernando de facto cuando hay infiltraciones policiales, aceptación de fondos buitre o subidas de salario mínimo insuficientes frente a los precios, no nos está quedando un escenario muy fuerte.
La acampada ha confirmado las dos tesis del libro y de la obra. La primera es que en estos momentos en los que hay tanta rabia en la sociedad, la izquierda tiene que disputársela a la derecha. No permitir que sea dirigida contra chivos expiatorios como ha ocurrido en Ceuta, donde se ha intentado desviar la atención hacia la población migrante. Se trata de canalizar esa rabia contra los verdaderos culpables de las injusticias estructurales que sufrimos, como el rentismo. Y la segunda tesis es que la rabia es muy potente en estallidos de movilizaciones concretas, pero que su mayor potencial se alcanza cuando se organiza, se canaliza dándole una forma sostenida a través de la organización.
Vamos a organizarnos para acabar de una vez con los enemigos de ese amor y de ese proyecto de una vida que merece la pena vivir
La organización de esa rabia parece estar muy presente. Y en cierto modo, recupera esa política de los afectos, que se ha utilizado de manera vacua, pero esta vez con contenido. En la acampada y las movilizaciones se puede ver, por ejemplo, carteles que dicen: "Vosotros por dinero, nosotros por amor". Cuando hablas de crear tejidos vecinales, esa es la verdadera horizontalización de los afectos. Aunque las derechas interpretan esta rabia organizada como una suerte de amenaza.
Aquí la pregunta es: ¿para quén es una amenaza? Porque en realidad, con estos lemas rabiosos, lo que escucha mucha gentes es precisamente una esperanza de que hay una vida que merece ser vivida. Hay una vida de la que poder disfrutar, en la que encontrar placer, en la que encontrar deseo. Hay algo precioso en que cuando estamos diciendo "ellos por dinero, nosotros por amor", lo estamos diciendo con mucha rabia. Porque muchas veces el amor y el compromiso por nuestras vecinas, por nuestras amistades, por el conjunto de la clase trabajadora... nos inflama, nos produce rabia, nos hace tener muy claro que existe un ellos y un nosotros.
Existe un ellos que son los que lo hacen por dinero, quienes claramente vienen a explotarnos y a acabar con nuestros derechos. Y existe un nosotros en el que nos vamos a apoyar, en el que vamos a coordinarnos, en el que vamos a organizarnos y, con mucho amor y con muchos afectos muy horizontalizados, efectivamente, vamos a organizarnos para acabar de una vez con los enemigos de ese amor y de ese proyecto de una vida que merece la pena vivir. Pero hay que tener cuidado. Si homogeneizamos mucho emocionalmente el paisaje político, si vamos a hablar constantemente en términos de un amor y una esperanza vacuos, cerrados, que no quieren nunca dirigir la atención hacia quiénes son los culpables de nuestras miserias, entonces también nos está quedando un movimiento descafeinado. Hay que tener cuidado con cómo equilibramos la balanza.
Por el momento, la acampada de Sol parece trabajar en esa dirección de rabia organizada. La asamblea de este jueves decidió mantener las tiendas de campaña sin fecha límite. ¿Hasta cuándo va a durar?
Esa es una decisión que se construye diariamente en los debates. Lo que sí tenemos muy claro es que la acampada es un mecanismo que funciona, no solo como un método de presión social, sino como un método de organización. Ya ha logrado un montón de cosas: ha abierto un polo de crítica hacia los problemas estructurales no resueltos en estos ocho años de gobierno. Eso se ha traducido en un empuje real para que el Ejecutivo intente sacar por primera vez algunas medidas de vivienda algo más ambiciosas, aunque lamentablemente no vayan a salir, como ya sabemos.
Por otra parte, ha logrado esa huelga general, que es una conquista increíble para la clase trabajadora y nos permite salir más organizadas. Por tanto, hay muchos objetivos cumplidos, y lo que hay que ver es cuánto sigue siendo la acampada un mecanismo para avivar todo eso, lo cual en muchos sentidos es así. Otro éxito increíble ha sido parar todo ese circo que son las fiestas del 12 de octubre, por ejemplo.
El horizonte está puesto ahora en la huelga general. Desde las organizaciones se busca que sea verdaderamente combativa.
Nosotras hemos puesto mucho el foco en la cuestión de los comités de barrio que estén dirigidos hacia la huelga. Es decir, a construir formación para todas las trabajadoras, que todas sepan que, contra lo que quiere decir la patronal, esta es una huelga perfectamente legal, en la cual pueden participar. Y además, es una huelga legítima. La idea también es construir desde abajo mecanismos para que todas las trabajadoras puedan participar. Porque conforme más precarizando está el trabajo, más difícil es organizarte sindicalmente o aceptar ir a huelga, ya que puede tener una repercusión económica o laboral.
Estamos construyendo cajas de resistencia popular en todos los barrios y de esa manera, ir organizadas y juntas, para garantizar que la máxima presión posible se manifiesta en esa huelga. Es un momento de mucha presión, de mucha lucha, de mucha presencia, y queremos poder dar unas cifras de asistencia a la huelga fantásticas, como están siendo las de las de educación, Un 70% del profesorado es una cifra increíble y confío en que puede ser incluso mayor en estos días.



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