Publicado: 02.09.2016 11:41 |Actualizado: 03.09.2016 08:00

Los 10 duelos más crueles de
la historia del ciclismo

Chris Froome y Nairo Quintana reeditan en esta Vuelta a España uno de esos duelos
para la leyenda que tanta vida dan a este deporte. Recordamos los más míticos.

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Nairo Quintana junto a Chris Froome en la etapa con llegada al Alto del Naranco. /EFE

Nairo Quintana junto a Chris Froome en la etapa con llegada al Alto del Naranco. /EFE

Tenía que vivir Fignon para replicar a Hinault. O Ocaña para replicar a Eddy Merckx. Para explicar que no sólo es ganar o perder. También es cómo se gana o cómo se pierde. En el ciclismo, como en la política, el valor de un líder se mide maravillosamente según las heroicidades de su rival, el ego de las miradas y hasta la sangre de las fotografías. Todos somos prisioneros de la épica.

Hoy, asistimos en la Vuelta a España a un duelo de estilos enorme pero pacífico. Froome frente a Nairo Quintana. Gente que no hace horas extras frente a los periodistas y a la que no vuelve loca la publicidad. Gente a la que hasta sería posible fotografiarles tomando un café juntos. Algo que entre líderes, entre hombres acostumbrados a cultivar la vanidad, casi nunca fue lo más corriente.

Así lo prueba el ciclismo de ayer, que venera a los muertos y memoriza duelos capaces de dividir países y hasta a los políticos en el parlamento. En realidad, uno no sólo es de un ciclista. También lo es de una manera de ser.



1. BARTALI-COPPI

No sólo se enfrentaron dos ciclistas. También un monje, Gino Bartali, frente a un vividor como se definía Fausto Coppi, que escandalizó a Italia cuando se fue a vivir con la mujer de su médico. Hay una foto en el Tour de Francia de 1949 con un bidón de agua en manos de los dos subiendo el Aubisque que no puede ser más ilustrativa. Hay miradas que matan.

2. ANQUETIL-POULIDOR

Un escalador, Raymond Poulidor, el hombre que nunca vistió el maillot amarillo del Tour, frente a Jaques Anquetil, 'Monsieur Chrono', el especialista contrarreloj, ganador de cinco Tours. Uno, Poulidor, era feo y estrecho. El otro, Anquetil, alto, rubio y de ojos azules. Pero Poulidor, el eterno segundo, le proponía tanta batalla en la montaña que generó una Francia alrededor suyo en los años 60. La otra moría por Anquetil. Un ciclista, contrarrelojista puro, que se adelantó a los nuevos tiempos.

3. MERCKX-OCAÑA

El Caníbal tenia fama de avaricioso, de gran jefe, casi excesivo. La leyenda decía: "Si está bien, ataca; si no está bien nadie le ataca, porque nadie se atreve". Pero el único que se atrevió a hacerlo fue Luis Ocaña, puro escalador. Y sobre todo en el Tour de 1971 en el que España lo comparaba en aquellas tardes de verano con El Cordobés. Pero una terrible caída de Ocaña en el Col de Mente anuló aquel duelo maravilloso. Hasta en la meta el gran Merckx atacaba al destino: "No me gusta ganar así".

4. HINAULT-FIGNON

El 'caimán' tenía un carácter terrible. Una biografía que, de repente, se saltó el jovencisimo Laurent Fignon en los Tours del 83 y 84. La relación fue intolerable. Hinault no regalaba una sonrisa a nadie. Fignon parecía venido de la Sorbona con esa sonrisa, con aquellas gafas, con toda esa ironía. Hinault tuvo que abandonar Renault. Para el mejor ciclista francés de la historia, fue un golpe de orgullo tremendo. Montó un nuevo equipo, La Vie Claire, que siempre se interpretó como una venganza. Su venganza.

5. FIGNON-LEMOND

Fignon cambió completamente con el tiempo. Se lesionó unos años. Se dejó coleta y dejó de hacer amigos y hasta hubo franceses que celebraron su derrota por ocho segundos en el Tour de 1989 frente a Lemond en el último instante en París. El duelo fue memorable, el más apurado de siempre. Lemond representaba la sencillez. Fignon terminó ese Tour tirando un escupitajo a una cámara de televisión. Todo quedó dicho ese día.

6. DELGADO-INDURAIN

Venía un tsunami. El tsunami era Indurain y el país, que tanto quería a Perico Delgado, no lo recibió bien. El día que lo destronó en el Tour fue una hecatombe hasta política, según Echávarri, el hombre que los dirigía a los dos. Delgado tuvo que agachar la cabeza ante la realidad, ante ese hombre, Miguel Indurain, que era lo contrario que él, parco en palabras y amurallado en sí mismo. No venía a hacer amigos. Venía a ganarlo tofo.

7. CHIAPPUCCI-BUGNO

Hasta que Pantani tomó el relevo, en los noventa Italia se dividía entre Bugno y Chiappucci, los ciclistas encargados de plantar cara a Indurain. No podían ser los dos. Tenía que ser uno u otro. Bugno era la clase. Manejaba las herramientas de Indurain. Un tipo frío, elegante, supeditado al pulsómetro. Chiappucci, sin embargo, se enorgullecía de su raza gitana. Era capaz de atacar desde todos los sitios, a más de 100 kilómetros para la meta. Había nacido para la épica.

8. OLANO-CHAVA JIMÉNEZ

Se vivió como nunca en la Vuelta a España de 1998. Abraham Olano era una calculadora. Jiménez, un espectáculo. Olano pertenecía a aquella maquinaria de la ONCE que dirigía Manolo Saiz. Jiménez, sin embargo, le pertenecía al pueblo que adoraba sus ataques en montaña a cualquier hora y en cualquier momento. El ganador de esa Vuelta fue Olano pero al que se aplaudió fue al fallecido Chava Jiménez, único aquella Vuelta, inolvidable siempre. No era un líder. Era un amigo.

9. ARMSTRONG-ULLRICH

Uno significaba el poder, el mundo de los negocios trasladado al ciclismo, acompañado a las carreras hasta de su pareja, la cantante Sheryl Crow. Ullrich, sin embargo, era el silencio, el hombre que engordaba los inviernos, el ciclista misterioso del que no se conocía ni su tono de voz. Pero en todos esos Tours de Armstrong, si existió algún rival, ese fue Ullrich. Máxime en aquel Tour de 2003 apurado como ninguno de los que, en principio, se iba a llevar Armstrong.

10. WIGGINS-FROOME

También existen rivalidades que no se ven como aquella del Tour 2012 en el Sky. Froome tuvo que tragarse el orgullo, asumir que no podía atacar a Wiggins, declarado por decreto líder del equipo. No importaba que a Froome le sobrasen las fuerzas. En realidad, no era la primera vez que sucedía algo así en el ciclismo. Pero quizás aquella vez fue más descarado que nunca.