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El año que Zapatero giró a la derecha

El presidente del Gobierno intenta evitar a toda costa que España tenga que recurrir al rescate del fondo europeo, al tiempo que impulsa la transformación del modelo económico

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Dice la hemeroteca que José Luis Rodríguez Zapatero disfruta de un sueño a prueba de bomba. Hasta el 9 de mayo de 2010. La de aquel día fue 'una noche de insomnio', según el relato que el presidente del Gobierno hizo meses después en una entrevista concedida a El País.

Rememoraba en ella cómo, tras hablar hacia las tres de la madrugada por última vez con su vicepresidenta económica -que asistía en Bruselas a una reunión crucial de los ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea-, se mantuvo en vela, 'completamente solo' en su vivienda del palacio de la Moncloa, para seguir en tiempo real 'las reacciones de los medios de comunicación, del Nikkei, de los futuros'.

Fue la noche en la que se gestó la consumación del giro a la derecha en la política económica del Gobierno, al que Zapatero daría luz tres días después, durante una comparecencia en el Congreso de los Diputados que marcaría el cruce del Rubicón en su trayectoria como gobernante, lo que le obliga ahora a intentar reinventarse como el político con coraje para 'hacer lo que hay que hacer'.


El Ejecutivo había encarado la primera fase de la crisis con una política de estímulos fiscales e inversiones públicas de corte keynesiano y socialdemócrata. Pero ya había empezado a corregir el rumbo a finales de septiembre de 2009, cuando suprimió la deducción de 400 euros en la declaración del IRPF, que había sido el compromiso estelar de su campaña para las elecciones de 2008.

Esta rectificación, aunque podía interpretarse como la vuelta a la ortodoxia de la izquierda en materia de impuestos, fue sólo el preludio de los volantazos que vendrían a continuación para no desbarrancarse por la pista de curvas cada vez más cerradas diseñada por los señores del capitalismo del desastre -según la expresión acuñada por la periodista canadiense Naomi Klein-, que se sustenta en la aplicación de una terapia de shock a los países y a sus gobiernos, a semejanza de las descargas eléctricas que se practican en las torturas físicas.

Así, desde que en 2007 comenzó la crisis, los mercados no han dejado de tener a los gobiernos sometidos a la incertidumbre de qué nuevas ofrendas van a exigir, especialmente en Europa, pues parece haberse olvidado que el origen estuvo en la mala gestión del riesgo de crédito en el mercado hipotecario de EEUU, y en España en la burbuja inmobiliaria que infló la liberalización del suelo aprobada por los gobiernos de José María Aznar.

De shock fue la semana negra del 3 al 9 mayo, en la que se fundieron todos los mercados de valores por los ataques concertados de los especuladores contra el euro, pero de los que tampoco se libró Wall Street, lo que disparó todas las alarmas en la Moncloa.

Zapatero venía acumulando desde marzo datos que le llevaban a pensar que tendría que acometer un ajuste duro y, de hecho, el 11 de abril anticipó en Financial Times que recortaría el gasto público 'cueste lo que cueste', para así intentar aplacar a los mercados, cuya voracidad creció por la diletante actitud de Alemania para acometer el rescate de Grecia.

El 12 de mayo, Zapatero anunciaba ante el pleno del Congreso de los Diputados un tijeretazo sin precedentes: congelación de las pensiones para 2011, supresión del cheque- bebé, restricción de las ayudas a los dependientes, rebaja del 5% en el salario de los empleados públicos. Y, además, un recorte de 6.400 millones en la inversión pública, aun a sabiendas de que esta medida tendría inevitablemente una repercusión negativa en el empleo, el aspecto en el que más se ha cebado la crisis en España a causa de su gran dependencia de la economía del ladrillo, cuya burbuja acabó estallando con estrépito, aunque no sin antes haber permitido el desmesurado enriquecimiento de unos cuantos.

Tras seis años como paladín universal de la ampliación de los derechos sociales, Zapatero se rendía ante lo que aquel día, en la sede de la soberanía popular, llamaba 'la cruda realidad'. No era otra que la ley de los mercados.


La amargura del trance se hacia carne en las ojeras del presidente y en el dato de que los preparativos del anuncio se habían prolongado hasta las cuatro de la madrugada. También en el discurso de Zapatero: 'Soy consciente de que muchos ciudadanos no entenderán que, precisamente cuando el Gobierno les está anunciado que se ha iniciado ya la recuperación de nuestra economía, les pida más esfuerzo y les anuncie sacrificios. Los necesitamos para cumplir nuestros compromisos europeos, para reforzar la confianza en nuestra economía y para mantener entre nosotros a los inversores'. Se granjeaba con ello el aplauso de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional, pero también la ruptura con los sindicatos.

La entidad política del giro se plasmó en la convocatoria de urgencia que para aquella misma tarde hizo a los barones del PSOE, en el que empezó a cundir el temor al alejamiento de sus bases sociales ante la brusquedad del volantazo. Los peores augurios se confirmaron cuando, el 29 de septiembre, Zapatero tuvo que sufrir lo que tanto había luchado por evitar: una huelga general de protesta contra 'la derechización' de la política económica del Gobierno, con la reforma laboral de junio como detonante.

Pero por aquellas fechas todavía se manejaba la posibilidad de reequilibrar el giro con alguna otra medida, como la creación de un impuesto sobre las grandes fortunas. La idea acabó en el cajón por temor a la fuga de capitales y lo que vendría serían más recortes para apaciguar a la bestia que campa a sus anchas gracias a la desregularización promovida por los neoconservadores y la impotencia de los gobiernos actuales para devolverla al redil.


Decía Zapatero el 21 de noviembre que no había ninguna previsión de que pudieran hacer falta más recortes y el 3 de diciembre su Gobierno daba una nueva vuelta de tuerca, que incluyó la supresión de la ayuda de subsistencia de 426 euros para los parados de larga duración sin otras prestaciones.

La siguiente ya está enunciada: la reforma del sistema público de pensiones para ampliar la base de cotización y retrasar la edad de jubilación para anticiparse a la evolución demográfica. Y, mientras, siguen estirándose los plazos para cerrar el proceso de reordenación del sistema financiero, que será el beneficiario inmediato de los planes privados de jubilación, que se verán relanzados por el clima de temor a quedarse sin una pensión del sistema público.

La reforma de las pensiones, seguramente la más impopular de cuantas ha aplicado o anunciado el Gobierno, traerá probablemente una nueva huelga general, que sería la segunda contra Zapatero, quien tendrá que sufrir en sus carnes políticas aquello de 'no quieres caldo, dos tazas'. Y está por ver si el malestar, que hasta ahora se ha expresado en forma pacífica y resignada, no estalla en otro tipo de manifestaciones, como ya ha ocurrido en Grecia, Italia o Reino Unido.

Como reconoció Zapatero en la mencionada entrevista, mayo marcó un cambio cualitativo porque la crisis, que hasta entonces había repercutido sobre todo en quienes perdían sus empleos, entraba en una fase nueva al extenderse su efecto prácticamente al conjunto de la población.

A pesar de las evidencias, el presidente del Gobierno mantiene a capa y espada que está dando una 'salida social' a la crisis, hasta el punto de que el PSOE ha convertido la expresión en su eslogan para la precampaña de las elecciones municipales y autonómicas de 2011.

Alega el presidente en su defensa números y teoría. Los números son que la cobertura de protección al desempleo es mayor que nunca, cercana al 80%, y que, a pesar del ajuste, sólo se ha recortado el gasto social en un 5% frente a un incremento del 40% desde que llegó al poder en 2004, mientras que ha logrado recortar el déficit público en casi un 50%, con el consiguiente ahorro en el pago de intereses. La teoría es que un proyecto socialdemócrata puede hacer recortes en un momento coyuntural con el objetivo de preservar el Estado del bienestar, mientras que el recorte social forma parte del ADN de la derecha.

Traducido al castellano quiere esto decir que el PSOE y su Gobierno se enfrentan a un problema de fondo: en el imaginario colectivo de los españoles, la derecha gestiona mejor la economía y la izquierda, las políticas sociales. Pero si es la izquierda gobernante la que da el tijeretazo social, se estaría allanando el camino para el regreso al poder del PP, que ha logrado hacer bandera de la idea de que la mejor política social es el empleo.

A este escenario contribuye una dinámica imprevisible capaz de arruinar cualquier previsión. Así, la expectativa de la floración de los brotes verdes en forma de un crecimiento suficiente para crear empleo -en torno al 1,5%- se ha visto arruinada por la acentuación de la crisis que han supuesto los rescates de Grecia e Irlanda.

El margen de maniobra del presidente del Gobierno de España, con independencia de su nombre y filiación ideológica, es muy limitado porque ha de acomodarse a las pautas de la Unión Europea, donde los socialdemócratas están en notoria minoría -sólo cuatro de 27 gobiernos-. También porque, devoradas ya Grecia e Irlanda, los depredadores de la economía salivan ahora cuando miran hacia Portugal y España, de modo que, aunque oficialmente se descarta de forma rotunda, en algunos ámbitos gubernamentales no se excluye por completo que, si continúa el acoso, nuestro país tenga que recurrir también al rescate del fondo europeo.

Y Zapatero se ha conjurado consigo mismo para impedir a toda costa la imagen de una España en bancarrota y todo lo que ello acarrearía. Por eso se esmera en evitar cualquier gesto que los mercados puedan interpretar como indicio de que España terminara por verse obligada a recurrir a la ayuda de sus socios europeos. Pero, al hacerlo, acentúa su perfil socialliberal, en la misma medida en que se desdibujan los rasgos socialdemócratas de quien ha tenido la oportunidad de liderar un nuevo socialismo para el siglo XXI.

El presidente de los socialistas europeos, Poul Nyrup Rasmussen, ha denunciado 'la incapacidad' de los líderes europeos para 'alcanzar un acuerdo sobre la emisión de eurobonos' que frene a los especuladores que atacan la moneda común -símbolo máximo de la Unión Europea-. La crítica alcanza a todos, también a sus correligionarios.

Zapatero se ha limitado a intentar no perder comba haciendo saber a través de sus portavoces que 'simpatiza con la idea'. Tampoco consta públicamente que haya levantado la voz para reivindicar la imperiosa necesidad de una fiscalidad europea, una de la pocas banderas que la izquierda agita, tímidamente, como una idea propia frente a las recetas neoliberales, que cabalgan por doquier como pensamiento único.

Así, el retrato del giro, con el que el presidente del Gobierno intenta sortear el asedio de los mercados al tiempo que impulsa el cambio del modelo económico, puede resumirse en una frase apócrifa atribuida a José Luis Rodríguez Zapatero: 'Íbamos a reformar los mercados y los mercados nos han reformado a nosotros'. Y, como le dijo en noviembre Felipe González a Juan José Millás: 'Las elecciones no se ganan por cómo se afronten los desafíos globales, sino por las miserias locales'.

12 de mayo: El mayor recorte social de la historia democrática

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprueba un recorte del 5% en el sueldo de los funcionarios, la congelación de las pensiones para 2011 y la supresión del cheque-bebé. También da luz verde a un recorte de 6.400 millones de euros en la inversión pública, que tendría un fuerte impacto en las cifras de paro, que afecta a más de 4,5 millones de españoles. Este recorte, que pretendía reducir, según el Gobierno, el déficit público en 15.000 millones de euros, ha sido considerado como el mayor en la historia de la democracia. La decisión estuvo precedida de una ‘semana negra' para la economía de la Unión Europea -la segunda de mayo- en la que se produjeron ataques concertados de los especuladores contra el euro. 

29 de septiembre: La primera huelga general contra Zapatero

El 29 de septiembre, con la reforma laboral como detonante, se celebró la primera huelga contra el Gobierno. Hasta que la crisis entró en su fase aguda, Zapatero dio un trato de privilegio a los sindicatos y se esmeró en preservar la paz social como uno de los principales valores de su mandato. UGT y CCOO ya han anunciado para enero su propósito de convocar el que sería el segundo paro general contra la política económica.  

3 de diciembre: El tijeretazo alcanza también a los parados de larga duración

Zapatero declaró el 21 de noviembre que no había ningún dato que le llevara a pensar en aplicar un nuevo ajuste. Sin embargo, el 3 de diciembre, ante la presión de los mercados, se vio forzado a aprobar nuevas medidas. Este plan incluyó la supresión de la ayuda de subsistencia de 426 euros para los parados de larga duración sin otras prestaciones. También incluyó la privatización parcial de la gestión de los aeropuertos y de Loterías. 

28 de enero: La próxima reforma del sistema público de pensiones

Para el día 28 de enero está previsto que el Consejo de Ministros apruebe la reforma del sistema de pensiones, con una ampliación de la base de cotización y un retraso en la edad de jubilación. El dictamen del pacto de Toledo, aprobado ayer en el Congreso, no incluye la necesidad de elevar la edad de jubilación. El Ejecutivo convocará ahora a los agentes sociales para negociar contrarreloj la reforma.