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"En estos momentos oigo disparos..."

La manifestación del 4 de diciembre de 1977 en lucha por la autonomía fue el termómetro para medir la incipiente libertad de prensa en toda Andalucía

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'En estos momentos, oigo disparos, cerca de la emisora, a espaldas del diario Sur, se ve mucha policía, algunos han sacado las armas reglamentarias, otros llevan escopetas que disparan botes de humo. No sabemos lo que pasa pero en el puente de Tetuán, a pocos metros de donde estoy, han sonado más disparos. Hay mucha confusión y muchas carreras... me tengo que ir'. Esta era la improvisada crónica que el entonces embrión de periodista, Rafael Rodríguez, transmitió a Radio Juventud, cadena del Movimiento en la mañana del 4 de diciembre de 1977. Pocos minutos después una bala asesinaba a Manuel José García Caparrós.

Periodistas fogueados en burlar la censura se dan cuenta de la gravedad del momento, María Teresa Campos, ante el micrófono, Fernando García del Río en la producción y periodistas de pisar el asfalto, Antonio S. Jiménez Pajarero, Rafael Rodríguez y Antonio Chaves son los que cuentan lo que está pasando en la calle. En la sala de máquinas de la emisora su director Juan Fernández Lozano, se la juega. Es llamado al orden pero no sólo no cierra la espita informativa, sino que la alienta. Fernández Lozano dio libertad a sus periodistas para que contaran lo que estaban viendo; periodismo en directo, sin trabas ni consignas.

La manifestación del 4 de diciembre de 1977 en lucha por la autonomía andaluza fue el termómetro para medir la incipiente libertad de prensa en toda Andalucía, con la mayoría de los medios informativos saliendo de las cavernas franquistas. Y hubo de todo. Periodistas que se la jugaron y emisoras de radio, como Radio Juventud de Málaga y la SER, que rompieron el infernal corsé al que estaban sometidos. El 4 de diciembre fue fecha histórica para la autonomía andaluza y la democracia, pero también fue el inicio de la libertad en los medios informativos. Radio Juventud de Málaga, con escasos medios y mucha voluntad democrática fue el ejemplo más manifiesto.

Dan entrada a las conexiones en directo de todos los puntos de interés del recorrido de la manifestación. Era una fiesta al principio; luego, una tragedia, con la sangre derramada de García Caparrós en la calle Comandante Benítez. Y la radio de Málaga lo narró al instante, relatando el horror y la indignación de un pueblo que se había echado a la calle para pedir dos alimentos básicos: democracia y autonomía. Es una pena que desaparecieran aquellas crónicas vivas enviadas desde una artesanal unidad móvil, entre las cargas indiscriminadas de los 'grises', acompañados por el clamor fascista de militantes activos de Fuerza Nueva y de los Guerrilleros de Cristo Rey que, desde detrás de la Diputación, jaleaban a la policía para que diera leña al mono. Algunos de estos fascistas alardearon en plan matón de las pistolas en la mano. A los Asiego y compañía nunca les pasó nada.

La manifestación de Málaga es el estallido de la autonomía andaluza. Sonaba la flauta y la voz quebrada de Pepe Suero desde los altavoces del Ayuntamiento, acompañando a los 200.000 malagueños que se habían echado a la calle. Mientras que el diputado socialista, Rafael Ballesteros lee la proclama autonomista, en la Diputación el joven Juan Manuel Trinidad Berlanga intenta colocar la bandera andaluza en el balcón, escalando la fachada ante la atónita mirada de los manifestantes. Aquí empezó la guerra. Para la historia queda dicho que un hombre, Francisco Cabezas, presidente de la Diputación, de acendrado espíritu franquista, fue quien abrió los truenos guerreros, un gobernador civil, el catalán Enrique Riverola que se enteró mal y tarde de los incidentes y el comisario jefe de Málaga, Francisco Durán, incapaz de sujetar la extrema dureza y rabia con la que actuaron los policías, uno de los cuales, como contaba Radio Juventud, había matado a García Caparrós; un crimen no aclarado y que duerme en el resbaladizo terreno de la Transición donde fue usual que la mano derecha no quisiera saber lo que hacía la izquierda y viceversa. García Caparrós fue víctima, también, de la Transición.

La prensa de Málaga estuvo en su sitio. El diario Sur alienado y alineado con las tesis gubernamentales, bajo las directrices claras y precisas del ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa; Sol de España, el otro periódico malagueño dio más cancha a la información, pero sin pasarse. Este periódico, liberal y abierto, avanzaba con pasos decididos a apoyos a la derecha franquista y tan sólo quedaban Diario 16 y El País, cuyas crónicas de sus corresponsales fueron las únicas que profundizaron en los hechos, denunciando la desproporcionada actuación de la policía y la muerte de García Caparrós. Revistas como Cambio 16, con crónica de quien esto firma, ya insinuó que el disparo pudo haber sido hecho por un policía, tesis que sostendría Antonio Ramos en la revista Triunfo, como lo hiciera el colectivo que firmó un espectacular trabajo informativo y gráfico en la revista Primera Plana.

Este colectivo, en tan sólo dos días, dejó en la imprenta el libro Morir por Andalucía, posiblemente el primer libro-reportaje escrito en España, y en el que a flor de piel, con la sangre aún caliente de García Caparrós, se narra en primera persona los hechos y se hizo público un estremecedor documento donde la policía 'cuenta' sus andanzas el 4 de diciembre y los tres días negros en los que se vio envuelta Málaga. El mensaje de los jefes a los grises era claro: 'Bajar de los coches y pegar fuerte'. Para que quede constancia y bajo la dirección y coordinación de Juan de Dios Mellado, dieron vida a Morir por Andalucía los periodistas, Rafael Rodríguez, Juan Barber, Rafael Salas y Vicente Almenara, todos ellos integrantes del llamado Equipo 4 de Diciembre.