Publicado: 15.10.2016 12:41 |Actualizado: 15.10.2016 12:41

Julio Alguacil in memoriam

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Julio Alguacil

Julio Alguacil

Hoy nos ha dejado Julio Alguacil, un insustituible. La terrible e injusta enfermedad de nuestros tiempos se ha llevado a quien merecía mucha más vida que seguir regalando. Nos deja el compañero de la asociación de vecinos, el montañero impensable, el profesor de Universidad, el investigador de referencia, el amigo, el padre, el compañero.

La historia de su vida intensa está llena de compromisos: en el PC, en IU, en Podemos, en los movimientos sociales, especialmente en el vecinal. Y en todos ellos dejó su dedicación y su optimismo, ese optimismo del “ir haciendo”, de no dejarse perturbar por las desilusiones y desencuentros que la práctica organizativa va produciendo. Ahí seguía, como uno más, en La Incolora, asociación de vecinos de Villaverde, su barrio de siempre.
Ese vínculo con el movimiento social ha sido una constante en su vida social y profesional. Julio ha sido durante años profesor de sociología en la Universidad Carlos III de Madrid.



En su currículo académico constan una buena cantidad de obras, artículos, libros y contribuciones sobre los movimientos sociales; sobre el tercer sector; sobre la sociedad y la administración relacional; sobre la participación ciudadana y el poder local; sobre presupuestos participativos; sobre la degradación social de los entornos urbanos y sobre perspectivas de un nuevo urbanismo; o un impulsor avant la lettre de la lógica antropológica del decrecimiento, un defensor en la teoría y en la práctica del “vivir sencillo”.

Julio Alguacil es un intelectual de referencia en el espacio de investigación y de propuesta de la participación ciudadana, un creador de sentido. Su obra ha sido y será utilizada con un propósito que no está al alcance de muchos: para intentar cambiar y mejorar las cosas. En la obra de Julio es posible distinguir no solo el rigor exigible a la investigación académica, también el compromiso con el objeto de estudio, la evidencia de que nuestra voluntad de ser objetivos no debe estar reñida con una actitud intelectual lejos de una neutralidad que no existe.

Su obra ha sido y será utilizada con un propósito que no está al alcance de muchos: para intentar cambiar y mejorar las cosas

Julio deja una buena cantidad de aportaciones sobre la administración relacional, sobre el significado profundo de la participación política, sobre las oportunidades de cambio en el ámbito local, sobre las oportunidades para un nuevo urbanismo, sobre la comprensión de la ciudad como un territorio de confrontación de proyectos donde late, con la misma intensidad que en otros ámbitos, el conflicto social, la confrontación de intereses.

Como investigador y académico Julio estaba muy lejos de esa comprensión cuantitativista, edulcorada y ajena de la investigación social. Fue, en esto también, un hombre coherente y consecuente. Con toda seguridad ese compromiso suyo “desde abajo”, esa ambición que no ambicionaba más que estar y hacer, ha sido un legado vital en una obra intelectual vibrante y comprometida.

Durante años Julio ha participado en proyectos de investigación-acción que tenían por objetivo suministrar conocimiento y herramientas a administraciones locales. Este es un aspecto reseñable de su obra, la evidencia de un compromiso con la práctica que sirve, también, para entender la vitalidad de sus textos, su inserción en los conflictos reales.

Ha participado en proyectos de investigación-acción que tenían por objetivo suministrar conocimiento y herramientas a administraciones locales

Julio era un montañero impenitente, un incansable  andarín. Pero hasta en esto hizo del placer un acontecimiento social: La incolora organizaba regularmente excursiones por las que habremos pasado centenares de personas. La alegría de disfrutar del campo o la montaña eran más alegría y más real sin se hacían en grupo, si congregaba a amigos y conocidos.

Será muy difícil para los que le conocimos olvidar su sonrisa y su bonhomía. Para muchos Julio era la encarnación de eso que Machado quiso decir de si mismo: “soy en el buen sentido de la palabra, bueno”. En todos los lugares dejó esa generosidad y gentileza de quien regala lo que tiene sin hacer contabilidad emocional del intercambio.
Julio deja una familia maravillosa que han sido su referencia, Concha, Aitana y Vera pierden un gran padre y compañero. Los demás, muchos, un amigo entrañable y cariñoso al que hemos querido y al que recordaremos. Hoy es un día triste y amargo.

Hablaba Neruda de la muerte como un transitar del corazón por un lugar oscuro, oscuro, como un naufragio hacia dentro. Hoy Julio se nos ha ido, pero en ese viaje sabe que se lleva el calor, el amor, de decenas, de centenares. No caminas solo, amigo. Descansa en paz Julio.