Publicado: 07.04.2015 18:24 |Actualizado: 07.04.2015 18:40

El aplauso de los "palmeros" del PP

A pesar de la intensidad de las críticas internas tras las elecciones andaluzas, los dirigentes conservadores han asumido el discurso de Rajoy ante la Junta Directiva sin rechistar.

Publicidad
Media: 5
Votos: 2
Comentarios:
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el centro, durante la reunión de la Junta Directiva Nacional del PP. EFE/Javier Lizón

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el centro, durante la reunión de la Junta Directiva Nacional del PP. EFE/Javier Lizón

MADRID.- "Se me ha pasado la edad para ir de palmero a estas juntas masivas, prefiero que la doctrina nos la envíen a los que somos mayorcitos". Las declaraciones en la Cadena Ser del alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, han inaugurado el día de la primera Junta Directiva Nacional del PP en dos años. Aunque sorprendentes por su franqueza e incorrección política al admitir, en definitiva, que no acudió al cónclave conservador porque no le dio la gana, conforme ha ido transcurriendo la mañana, el regidor (y candidato del PP con fecha para sentarse en el banquillo judicia) se ha mostrado certero en su descripción sobre el desarrollo de la Directiva.

Los casi seiscientos dirigentes del PP acudieron a la sede nacional de la calle Génova para escuchar, sucesivamente y siguiendo el protocolo, a Carlos Floriano (visecretario y responsable de la campaña electoral), Dolores de Cospedal (secretaria general) y Mariano Rajoy (presidente y líder indiscutible e indiscutido, al menos, en público).

La sala de la segunda planta de la sede nacional pagada con dinero negro, según el juez Pablo Ruz, parecía una inmensa aula de colegio repleta de pupitres destinados a acomodar a tantos destacados conservadores.



Los carteles con el logo del PP y el nombre de cada uno en el respaldo del pupitre indicaban dónde sentarse a los que iban llegando, pero la organización tan rigurosa no dejó de ofrecer curiosas estampas, como la de Juanma Moreno (candidato fallido del PP andaluz) y José Antonio Monago (presidente de la Junta de Extremadura), sentados codo con codo. Se les vio hablar alguna vez, cuentan los presentes, aunque sólo cuando un tercero, Alberto Núñez Feijóo (presidente de la Xunta de Galicia), intervenía para romper el hielo sentado a la izquierda de Moreno.

El andaluz  (y el PP en pleno) no olvidan que el extremeño usó de baza electoral un vídeo (2sures.com) que se mofa de los andaluces y que fue presentado, además, en plena campaña para el 22-M. Al menos, los dos dirigentes guardaron las apariencias, pues ni Javier Arenas ni Cospedal se mostraron dispuestos ni siquiera a cruzarse la mirada en toda la mañana.

Monago fue, precisamente, uno de los pocos barones que hizo declaraciones al llegar al edificio de Génova 13. Como si la tensión interna en el PP no fuera con él, el presidente extremeño pidió a su partido dejar las "discusiones peregrinas" sobre si son "galgos o podencos", pues "a la gente no le interesan" y, "desde luego, a algunos no nos interesan absolutamente nada". Y bien sabe el dirigente autonómico de lo que habla, pues tan poco le interesan las disputas entre compañeros que ignoró la petición pública de Cospedal para que retirase el polémico vídeo sobre extremeños y andaluces.

Los presidentes de Murcia, Alberto Garre, Extremadura, José Antonio Monago, y Galicia, Alberto Núñez Feijóo, y los presidentes del PP andaluz, Juanma Moreno y Vasco, Arantza Quiroga, durante la reunión de la Junta Directiva Nacional del partido. EFE/Javie

Los presidentes de Extremadura, José Antonio Monago, y Galicia, Alberto Núñez Feijóo, y los presidentes del PP andaluz, Juanma Moreno y Vasco, Arantza Quiroga, durante la reunión de la Junta Directiva Nacional del partido. EFE/Javier Lizón

Vicente Martínez-Pujalte es, sin embargo, quien tiene más claro lo que ocurre en el PP; entre los enfrentados Cospedal, Arenas y Soraya Sáenz de Santamaría. Se trata de una cuestión de celos por las atenciones del líder, dijo al llegar a la Junta Nacional; una batalla por ver "quién se considera más amigo" de Mariano Rajoy. La conclusión del diputado y portavoz de Economía en el Congreso, sin embargo, no puede ir más allá y él mismo explicó por qué cuando la prensa le preguntó quién era, pues, ese/a "más amigo" de Rajoy: "Creo que eso sólo lo sabe él y entonces, todo esto que sale en los periódicos, me parece muy poco razonable porque el que sabe quién es su amigo es él", embarulló Martínez-Pujalte sin que quedase claro si hablaba en serio o no.

La catalana Alicia Sánchez-Camacho entró entonces en la sede del PP pidiendo un poco de seriedad, tras las declaraciones de Martínez-Pujalte. "Somos ya muy mayorcitos para estas tonterías", adujo, mientras llevaba el agua a su molino acto seguido asegurando -sin venir mucho a cuento- que el PP es un partido en el que pueden trabajar "todos juntos, no como Ciudadanos, que no tiene ni ideologías ni principios". Hay que recordar que la presidenta del PP catalán sufre a Albert Rivera robándole votos desde 2006, cuando se gestó en Catalunya el embrión de Ciudadanos, Ciutadans, la marca catalana que Carlos Floriano y el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, se empeñan en marginar obteniendo el efecto contrario.

Con todos sus "palmeros" dentro, Rajoy habló y callaron el resto. Nadie pidió la palabra ni la tomó, como si las acusaciones públicas del entorno de Cospedal a Arenas (muy serio toda la mañana) o a Sáenz de Santamaría (risueña como si nada del partido fuera con ella y compartiendo confidencias con Sánchez-Camacho) sólo hubieran existido en el imaginario de la prensa durante la Semana Santa.

Lo adelantó al llegar a Génova la presidente del PP vasco, Arantza Quiroga (que algo sabe de divisiones internas en Euskadi): "Todo lo que he leído en la prensa son cosas que están en la prensa, pero al partido lo veo en otra dinámica, sinceramente". Y lo confirmó contundente la líder catalana del PP al abandonar la sede del PP pasadas las 13:00 horas: "Este partido tiene 800.000 militantes. ¿Cuántos han hablado? Aquí hoy tenían a 400 -recriminó a los medios apostados a la puerta-, y no ha habido ni una crítica de los 400. Ahí tienen la respuesta", se despidió satisfecha. Porque al final, la culpa la tienen los periodistas.