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Una casa cuartel a tiro de piedra

50 guardias civiles habitan en un cuartel separado sólo por una calle peatonal de un barrio con severos problemas

RAÚL BOCANEGRA

Piedras, azulejos y botellas de cerveza rotas pueblan las cubiertas que protegen de la intemperie los coches del medio centenar de guardias civiles que viven en la casa cuartel del barrio Los Montecillos en Dos Hermanas (Sevilla). El sábado pasado, dos de ellos tuvieron que ser hospitalizados, con heridas en la cabeza, manos y piernas, después de meterse, vestidos de paisano, en la boca del lobo. Los agentes actuaron después de que una lluvia de piedras azotara otra vez más las cocheras.

Un callejón peatonal es todo lo que separa el cuartel, inaugurado hace un cuarto de siglo, de los dos bloques más complicados son viviendas sociales edificadas hace un decenio por las que los inquilinos pagan unos 30 euros de alquiler de un barrio ya complicado. Es una situación excepcional en España. El cuartel, en el que habitan agentes de Tráfico y del Seprona, que no tienen competencias de seguridad ciudadana, está a tiro de piedra de una barriada con severos problemas, en la que se mueve droga y en la que viven, entre familias trabajadoras, "verdaderos cafres", según el adjetivo de un vecino.

"Mi compañero y yo estaríamos muertos si no hubiera venido la patrulla"

Las escaleras de uno de los bloques reflejan el caleidoscopio cotidiano de Los Montecillos. Unos rellanos están limpios, pintados con gracia e, incluso, adornados con cuadros. En otros, hay puertas desvencijadas sujetas con una cadena y aromatizadas con meadas de perro. Otros están descuidados, y otros, simplemente limpios. Los suelos están repletos de escombros. Los barrenderos van, pero al día siguiente vuelve a estar igual, se quejan los vecinos, que señalan a una decena de familias como las causantes de los conflictos.

Las drogas son la verdadera preocupación del barrio, la que mina la convivencia. "Es el mayor problema de la juventud conflictiva, a pesar de que la Policía hace bastantes redadas", manifestó a Europa Press Antonio Rincón, presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Dos Hermanas. Rincón reclamó medidas "más efectivas" para tratar el absentismo escolar y la inserción laboral, además de las drogas.

"Yo entiendo que los guardias estén jartitos de piedras", dice una vecina en el salón de su casa, mientras su hijo mira la televisión y espera para irse a trabajar. "Todos los años es igual agrega; cuando celebran la fiesta [el Pilar], les tiran cosas para fastidiarlos".

Otras veces, acude la Policía o se calma sin más el asunto. Sin embargo, el sábado pasado, cuatro agentes vestidos de paisano salieron del cuartel y se encararon con los vecinos con el afán de que dejaran de tirar una vez más las piedras, que podían haber dañado a sus hijos. En el patio del cuartel había instalado un castillo flotante para que jugaran los pequeños, según relató la esposa de uno de los agentes hospitalizados, en una entrevista concedida junto a su marido al Diario de Sevilla.

Los agentes carecen de competencias en tareas de seguridad ciudadana

Se metieron en la boca del lobo. Al otro lado de las viviendas, hay un patio, de difícil acceso, en el que estaban varios jóvenes del barrio. "Yo respeto mucho su trabajo, ellos están para defendernos, pero venían de paisano, de su fiesta, y a buscar bronca. Como vinieron, no puede ser. Todos somos personas", dijo a Público un testigo que estaba en su casa, desde la que se ve el patio, cuando se inició la pelea. Más de 20 vecinos dijeron a Público que los agentes presentaban signos de "estar borrachos".

Ya en la boca del lobo, el guardia herido, según su propio relato, se quedó rezagado de sus tres compañeros, momento que aprovecharon tres "verdaderos cafres" para estamparle un palo en la cabeza. Otro agente se acercó para ayudarle y se formó una pelea. Los guardias salieron como pudieron de allí. "Si no llega a aparecer una patrulla por allí, mi compañero y yo estaríamos muertos", dijo el agente herido. Su mujer agregó que varios vecinos trataron de impedir que el vehículo de la Guardia Civil entrara en la calle peatonal. "Cuando lo vi, la sangre le llegaba a los calcetines", remató.

De esta manera, la calma tensa entre los guardias y los vecinos se rompió el sábado estrepitosamente, como las litronas contra el techo de las cocheras. Ayer, el barrio estaba vigilado por la Policía Nacional y la Local.

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