Caracas vive con más apatía que incertidumbre las amenazas de Trump: "Pase lo que pase yo lo que quiero es llegar a fin de mes"
La amenaza constante de invasión o conflicto bélico, un fantasma recurrente que no se materializa, ha terminado por inmunizar a la población venezolana.

Caracas-
En una pequeña tasca del barrio popular de San Agustín (Caracas) una joven mulata espeta desesperada al chico con el que flirtea: "¡Ay chico, tú pareces Donald Trump, tanto hablar y no haces nada!". El chico sonríe nervioso y la invita, forzado por la situación, a bailar salsa al centro de la pista.
Los venezolanos hacen gala en estas fechas navideñas de su carácter desenfadado y festivo. En las calles de Caracas nada parece indicar que "Venezuela está completamente rodeada por la mayor armada jamás reunida en la historia de Sudamérica", tal y como escribía el propio Donald Trump a mediados de mes en un tono amenazante.
"Si tiene que pasar algo que pase, pero hasta entonces yo lo que quiero es llegar a fin de mes", dice con apatía Lisbeth, madre soltera de 27 años, quien compara con obsesión los precios del capitalino Mercado de Quinta Crespo para preparar su menú navideño. "Y qué sé yo de aviones y de barcos", dice esta joven caraqueña preguntaba por el despliegue estadounidense. "Dios mediante, lo que uno quiere es vivir tranquila", sintetiza sin quitar la mirada del pollo con el que rellenará su hallaca, plato estrella de la gastronomía navideña venezolana.
"Si tiene que pasar algo que pase, pero hasta entonces yo lo que quiero es llegar a fin de mes"
La amenaza constante de invasión o conflicto bélico —un fantasma recurrente que nunca llega a materializarse— ha terminado por inmunizar a la población venezolana. Desde inicios de siglo, Washington ha acumulado sanciones sobre Caracas; ahora, tal como ocurrió durante el primer mandato de Donald Trump (2016-2020), el riesgo de una escalada armada vuelve a percibirse como una posibilidad real; pero la población ya no sufre parálisis por el miedo.
"Hasta que algo pase tenemos que seguir, ¿no?", resume Sharon, vendedora de 51 años que atiende un puesto de artesanías en el bulevar Sabana Grande. Esta arteria, una de las principales zonas comerciales de la capital, se transformó desde el 1 de octubre —fecha en la que el presidente Nicolás Maduro decretó el inicio de la Navidad— en un gran mercado a cielo abierto donde cientos de vendedores han sido autorizados para comercializar sus productos con motivo de las fiestas decembrinas.
"Hace como un mes, [cuando Donald Trump incrementó el despliegue militar en el Caribe] pensé: ‘¿me bajo o no me bajo pa´Caracas?’", se preguntaba Sharon. "Al principio sí da un poco de miedo, pero me dije que tenía que venir. Llegué y todo estaba normal; desde entonces no he faltado” explica esta artesana. "Yo creo que va a pasar algo", dice. "Pero hasta que eso ocurra el mundo sigue rotando y tienes que vivir", afirma mientras coloca con mimo sobre su mesa atrapasueños, piezas de cerámica, pendientes y pulseras hechas a mano.
El bulevar es un trasiego de gente, toda la ciudad está decorada con luces navideñas y en varias tiendas tratan de atraer a la clientela con animados villancicos caribeños. "Acá el venezolano está de pinga [alegre], somos muy happies, es nuestra actitud y más en Navidad”, explica. “Ahorita la cosa está buena porque es diciembre y todo el mundo compra para Navidad. A ver cómo es que estamos en enero".
El gobierno de Nicolás Maduro trata de incentivar el consumo interno y transmitir tranquilidad a la población. "Estamos en plena guerra cognitiva", dicen fuentes del chavismo, "EEUU quiere generar alarmismo y colapsar el país, quieren arruinarnos las Navidades y que la gente esté con miedo, encerrada, sin comprar". Frente a ello, el ejecutivo no solo decretó un inicio anticipado de las fiestas, sino que ha llenado las calles de decoración navideña, multiplicado las actividades culturales y repartido los habituales bonos navideños. Una especie de paga extra que perciben distintos grupos de la población venezolana y que impulsa, aunque sea tímidamente, el gasto de las familias.
"Estamos en plena guerra cognitiva. EEUU quiere generar alarmismo y colapsar el país"
No obstante, pese a los esfuerzos del chavismo y el carácter desenfadado que define a los venezolanos, el impacto de la ofensiva estadounidense es evidente en los bolsillos. El bloqueo naval y aéreo que Trump intenta imponer sobre el país se ha traducido en un auge de los precios y una dificultad añadida para que el Estado pueda exportar petróleo, que representa un 25% del PIB del país. Algunos organismos hablan de una inflación del 600% para 2026, cifras que por el momento no han sido replicadas por el Banco Central de Venezuela (BCV).
"Mucha gente pasea, pero poca compra", dice otro vendedor de ropa del paseo de Sabana Grande. En varios puestos, los tenderos ofrecen un precio más caro a quien realiza la compra en bolívares frente a quien lo hace en dólares. Todo, con el objetivo de captar los billetes estadounidenses, que cada vez valen más frente a un Bolívar depreciado.
Lourdes, cocinera de 47 años de un lujoso restaurante en el pudiente barrio de Chacao, asegura que la economía está mejor que en 2016, momento más crítico de la crisis política y económica en Venezuela. "Entonces había días donde no teníamos ni carne para servir”, dice. "Ahora tenemos, aunque se está poniendo cara". La mujer cubre todos sus gastos gracias a las remesas que envía su hijo, emigrado a EEUU. "¿Quién va a querer guerra? Nadie cuerdo puede querer eso, yo solo quiero que la cosa se arregle y vuelva mi hijo", dice visiblemente emocionada.
"¿Quién va a querer guerra? Nadie cuerdo puede querer eso"
En muchas de las discusiones la apatía pesa más que las afiliaciones políticas pasadas o presentes. Los años de crisis y estrés han vuelto apáticos a muchos venezolanos respecto a la política nacional. "Venga quien venga que arreglen esta vaina, más nada le pedimos", afirma José Gil, conductor de 65 años y votante antichavista. La resignación es un valor en auge en un país que desde hace años encadena promesas de cambio de la oposición que aún no se han concretado. "Aquí miramos más el bolsillo que la televisión", dice José señalando una vieja pantalla donde el telediario comenta la concesión del premio Nobel de la Paz a María Corina Machado.

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