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Castillos de leyenda para descubrir en familia

Fueron escenarios de la historia, bastiones defensivos, adelantadas atalayas, cunas de reyes y también prisiones reales. Siglos después, muchos de ellos han sido recuperados como escenarios de película, centros culturales o museos. Re

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Castillo de Burgalimar
(Baños de la Encina, Jaén)
Enseñoreando amplios campos de olivares en el alto Guadalquivir, entre los cerros de Sierra Morena y el embalse de Rumblar, el castillo de Burgalimar, o de Bury Al-Hamma, es un ejemplo de fortaleza musulmana española. Su planta original se complementa con el alcazarejo añadido por los cristianos, con su torreón circular y su Almena Gorda, o torre del homenaje. La tradición cuenta que entre sus muros nació el rey cristiano Fernando III el Santo.

Castillo de Loarre (Huesca)
Allá por el año 1020 de Nuestro Señor, el rey de Navarra Sancho el Mayor fundó este imponente convento fortaleza. Pleno de sabor medieval acoge una verdadera joya del románico: la iglesia de San Pedro. Llegó incluso a ser residencia de los reyes de Navarra y de Aragón. La torre albarrana del Vigía permanece en pie como testimonio de aquella época convulsa. El recorrido por sus estancias pasa por la cripta de Santa Quiteria, las torres de la Reina y del Homenaje, el patio de armas o el mirador de la Reina. El castillo ha servido, en varias ocasiones, de plató cinematográfico para estrellas de Hollywood como Anthony Quinn y Charlton Heston.

Castillo de Olite (Navarra)
Parece un castillo diseñado por Walt Disney, en el que se amonontonan almenas, chapiteles, torres y torreones. Representa el máximo esplendor del reino de Navarra en el siglo XV, bajo el reinado de Carlos III el Noble. Fue construido como bastión defensivo y palacio real a un tiempo. Los caprichos regios lo poblaron de lujo y delirio. Animales exóticos, desde jirafas y leones hasta papagayos y todo tipo de aves, llegaron a habitarlo. También invernaderos y jardines colgantes se distribuyeron por todos sus rincones. Don Carlos de Aragón, príncipe de Viana, lo eligió en 1439 para su fastuosa boda con la princesa de Borgoña Agnès de Clèves.

Castillo de Peñafiel (Valladolid)
Como la quilla de un barco surcando la meseta castellana el castillo de Peñafiel es un ejemplo perfecto de los denominados castillos roqueros. Se erige como una atalaya sobre siete valles, en la confluencia de los ríos Duero y Duratón. Fue de vital importancia en los tiempos de escaramuzas continuas contra la morisma. Aunque su actual aspecto es el fruto de las reformas sucesivas del infante don Juan Manuel -autor de El Conde Lucanor- entre los siglos XIII y XIV y de don Pedro Girón, maestre de la orden de Calatrava, en el siglo XV. Hoy, finalmente es conocido por su condición de Museo Provincial del Vino, al haber transformado las viejas dependencias en salas de exposición, aulas de cata, bodegas y centro enológico dedicado en exclusividad a los apreciadísimos caldos de la Ribera del Duero.

Castillo de Belmonte (Cuenca)
Es, sin duda, uno de los más cinematográficos. Charlton Heston y Sofía Loren encarnaron a Rodrigo Díaz de Vivar y a doña Jimena entre sus recios muros allá por 1961 en El Cid Campeador, dirigida por Anthony Mann. Su clásica estampa también sirvió de escenario a Los Señores del Acero, de Paul Verhoeven, ya en 1985. Ejemplo paradigmático de castillo palaciego, las almenas escalonadas que lo protegen se complementan con suntuosas dependencias, como las galerías que mandó construir la emperatriz Eugenia de Montijo ya en el siglo XIX.

Castillo de Coca (Segovia)
Austero y, sobre todo, férreamente defensivo, el castillo de Coca es la máxima expresión de la arquitectura militar mudéjar castellana. Exhibe un original trabajo de ladrillo, profusamente ornamentado con arcos, lacerías y cruces. Todo ello, sin embargo, se complementa con su esencial carácter defensivo, con su foso, sus puentes levadizos y sus numerosas garitas, troneras y matacanes. La visita al castillo recorre la torre del homenaje -donde se hallan la capilla, la sala de armas y una sala museo-, la torre de Pedro Mata, la mazmorra, el patio de armas y el mirador, desde el que se disfruta de unas estupendas vistas de la villa de Coca y de los pinares aledaños.

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