Los piquetes de inquilinas empiezan a recorrer Madrid: "La desobediencia es el camino"
El Sindicato de Inquilinas visitará "puerta por puerta" los 30.000 bloques de propiedad vertical que se extienden por la capital. "Lo primero es agitar los barrios", insisten.

Madrid--Actualizado a
Chamberí, Moratalaz, Villaverde, Lavapiés, Vallecas, Retiro, Puerta del Ángel o Legazpi. Los piquetes de inquilinas han despegado este domingo en una veintena de barrios de la capital; lo mismo ha ocurrido en algunas localidades de la zona sur, como Móstoles y Leganés. "El balance es positivo, incluso a pesar de la lluvia y el mal tiempo. El contacto con algunas vecinas ha sido crucial, porque hemos llegado casi in extremis, pero lo importante es que hemos llegado", valoran desde la organización.
El Sindicato de Inquilinas de Madrid tiene una estrategia clara: coordinar grupos informativos para recorrer los 30.000 bloques de propiedad vertical que se extienden por la capital y caminar, en última instancia, hacia una huelga de alquileres. "Lo primero que tenemos que hacer es agitar los barrios, darnos a conocer y repartir panfletos; queremos estar presentes en cada distrito y cada calle de la ciudad. La huelga necesita músculo, tenemos que acompañarnos los unos a los otros en una batalla que es colectiva y para la que sólo sirve la desobediencia", advierten en una conversación con este diario.
Fernando coordinó el piquete de Madrid Río, "una de las zonas con más fuerza militante" y, al mismo tiempo, una de las zonas más golpeadas por la gentrificación. "Los primeros piquetes estaban pensados para impulsar la organización y conseguir que se acercara gente nueva, sin necesidad de comprometerse a una militancia activa; como llovía, tuvimos que cambiar de planes y salimos nosotros directamente a buscarla", explica. Los activistas recorrieron tiendas, mercados y bocas de metro, con una respuesta "altamente positiva" por parte de la población.
El parte meteorológico los animó a visitar alguno de los edificios de propiedad vertical que se extienden por el barrio; es decir, los bloques donde todas las viviendas pertenecen al mismo propietario. "En uno de ellos nos encontramos con 23 vecinas que habían empezado a recibir sus respectivos burofaxes. Lo que ponía [en las cartas] era que tenían que abandonar sus casas en los próximos meses. Llegamos por los pelos", celebra Fernando. La organización cifra en medio centenar el número de edificios en esta situación sólo en Madrid Río.
"Hemos intercambiado contactos y algunos de los inquilinos afectados quedaron en pasarse por la próxima asamblea; luego haremos una reunión con todo el bloque para poner en marcha una estrategia de negociación colectiva", añade el joven. Las vecinas han recibido a los promotores del piquete con una mezcla de miedo e incertidumbre; miedo, porque "creen que pueden perder su hogar y no saben a dónde ir", y dudas, porque muchas veces les falta información. "La gente debe saber que no todo se soluciona desde el ámbito legal, tenemos que impulsar la desobediencia frente a una legislación que es injusta", defiende Fernando.
Sandra ha liderado el piquete de Lucero, también en la mitad sur de la capital. El propósito, reconoce, era "hacer el movimiento visible" en el barrio. "No tenemos una asamblea definida y conseguimos llegar a mucha gente nueva, pese al malísimo día que hacía", subraya. La acogida ha sido buena, sobre todo entre los jóvenes, que "no siempre tienen tiempo para involucrarse más en profundidad", pero sí ganas de canalizar su frustración y luchar contra la "subida desorbitada" de los precios.
El piquete recorrerá en las próximas semanas los bloques de propiedad vertical; fincas que están –generalmente– en manos de fondos buitre y grandes tenedores. El objetivo es, de nuevo, "mapear la situación" y hacer que las vecinas se conozcan entre ellas, explicarles que no tienen porqué decir que sí a todo lo que propongan los caseros. "Tenemos previsto visitar entre 15 y 20 bloques; demasiados, porque hablamos de una zona pequeña y supuestamente no tan turística", continúa Sandra. El Plan Reside de Almeida permite transformar edificios enteros para convertirlos en negocios de Airbnb.
La expansión por la periferia
El Sindicato de Inquilinas considera "sumamente importante" tejer redes en la periferia y hacer ruido fuera de la almendra central. Pablo ha coordinado el piquete de Puente de Vallecas, una zona residencial, con "bastantes afiliados" y curtida en la movilización vecinal. El problema de la vivienda tiene aquí sus propias particularidades. "Es un distrito inmediatamente pegado al centro y esto genera muchas tensiones; los alquileres se han disparado, tenemos locales que se han ido transformando en pisos turísticos y futuros proyectos de reconversión del territorio. La población es más vulnerable y tiene la sensación de vivir en una zona olvidada", reivindica.
La concentración de este fin de semana ha sido como un "pistoletazo de salida", una primera acción para conectar con los vecinos. "Llegaban con ganas de buscar una respuesta colectiva, desde la rabia y el enfado, porque la situación es insoportable. Esto nos permite seguir caminando hacia la huelga de alquileres", insiste Pablo. Vallecas, además, también se ha visto salpicada por la plaga de los bloques de propiedad vertical: "Tenemos muchas marcas en el mapa, muchas inquilinas que sufren los mismos males", reconocen desde el colectivo.
Casa Orsola, una trinchera contra el rentismo
Los piquetes de inquilinas toman como referencia lo ocurrido con Casa Orsola, símbolo de la lucha vecinal contra la especulación y el rentismo. "Madrid tiene 30.000 bloques de propiedad vertical; tenemos que convertirlos en trincheras desde las que defender el derecho a una vivienda digna fuera del mercado", insisten. El Sindicato de Inquilinas, no obstante, considera que las instituciones públicas deben buscar otras soluciones que no pasen por "regalar" dinero público a las empresas y fondos de inversión, tal y como han reconocido sus portavoces en esta entrevista con Público.
El proceso será "largo", aseguran desde la organización, de hecho, seguirán "llamando a todas las puertas" durante las próximas semanas para consolidarse como una suerte de faro entre la población inquilina. Lo harán, además, con dos fechas en el horizonte: la primera, la gran manifestación por la vivienda del próximo 5 de abril; la segunda, todavía más difusa, la huelga de alquileres en sus múltiples vertientes. El Sindicato de Inquilinas se muestra claro y optimista en este sentido: "La desobediencia es el camino a seguir y estamos preparadas para hacer historia".
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