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Una cooperativa que pulveriza el tópico

Cientos de temporeros, gitanos rumanos, sacan adelante una explotación

B. T.

Todavía quedan muchos prejuicios. Por eso, para un gitano, encontrar trabajo es difícil. Para un gitano rumano, es infinitamente más complicado. A esa conclusión llegó Ochita Paún cuando llevaba dos años en España. Durante ese tiempo, se hartó de ver a compatriotas trabajar en el campo sólo ocasionalmente y por muy poco dinero. El problema: la falta de papeles. La solución: montar una cooperativa en la que cientos de gitanos rumanos como ella pudieran conseguir un permiso de trabajo y ganarse el sustento.

De esa idea nació, primero, la asociación Ootel Amento, que en romaní significa "Dios está con nosotros". Paún pasó meses buscando ayuda para su proyecto. Recurrió al Ayuntamiento de Burriana, la localidad castellonense en la que vive, a los vecinos, a otras asociaciones: a cualquiera que pudiera darles una pista, a ella y a su marido, sobre la manera de poner en marcha un huerto propio. Finalmente, consiguieron alquilar un terreno. Era el año 2006 y desde entonces la cooperativa agrícola de los gitanos rumanos de Burriana no ha parado de funcionar.

En el huerto hay gran variedad de verduras. En esta época, toca recoger tomates, judías verdes, pimientos y coles, entre otras hortalizas. En la labor se afanan entre diez y quince personas, pero en algunos meses del año llegan a ser trescientas. Depende del trabajo que consigan en las campañas agrícolas que se reparten el año en la península, como la temporada de la naranja y la recogida de frutales en Lleida o la cosecha del ajo en Castilla-La Mancha.

La propia Ochita está ahora en Albacete. Su hija, Ankuta, se encarga de mostrar a Público la cooperativa y de contar su funcionamiento, extremadamente sencillo: "Vendemos todo en los mercados de Burriana y Castellón. Luego, repartimos el dinero". Casi todos los trabajadores son gitanos del este de Europa. Casi 150 de ellos son familia, directa o indirecta, de los Paún.

Sandu Gheorghe es uno de los trabajadores que se han quedado en Burriana para atender a la cooperativa. Llegó de Rumanía hace un año y medio, después de que uno de sus hijos consiguiera asentarse aquí. Conoció a Ochita en la recogida de naranja en Valencia. Ahora, vive con su mujer y sus cinco hijos en una casa alquilada en Burriana y otras ocho personas de su familia viven también en el municipio. La mayoría de ellos ha encontrado ocupación en la explotación liderada por los Paun.

Algunos no, porque no tienen papeles. Su condición de ciudadanos de la Unión Europea les proporciona un permiso de residencia, pero no de trabajo, por la moratoria que pesa sobre los rumanos en materia laboral. Confiesa estar aquí mucho mejor que en su país porque "hay trabajo".

Ankuta destaca que gracias a la cooperativa hay ocupación para todos. "Ahora, todo el mundo tiene para comer, para tabaco, para ropa... Muchos tenemos casas alquiladas y otros todavía están en casas en malas condiciones, con generadores para poder tener luz. Pero todos podemos vivir". Para ella, el mayor logro de su madre ha sido el de ayudar a las decenas de familiares y paisanos de su misma etnia que han recalado también en la provincia de Castellón.

Por teléfono, Ochita se queja de la fama que tiene su etnia en España. En cuanto a su relación con los gitanos españoles, se lamenta de que "hay quien se aparta de nosotros para evitar que le afecte esta mala imagen". Pero insiste en acabar la conversación con optimismo: "Estamos luchando para demostrar que no somos una especie rara, que, como en todos sitios, hay de todo".

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