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El debate abortivo reaparece en EEUU

El asesinato de un ginecólogo es el último episodio de la violencia extrema que genera el tema

 

ANTONIO LAFUENTE

El asesinato, hace justo una semana, del ginecólogo abortista George Tiller ha vuelto a mostrar las diferencias en la sociedad estadounidense sobre el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo y el grado de violencia que la cuestión puede llegar a alcanzar.

Tiller, cuya clínica es una de las tres que ofrece en EEUU la posibilidad de practicar abortos terapéuticos a mujeres en un avanzado estado de gestación, fue tiroteado cuando participaba en los servicios de una iglesia protestante en Wichita (Kansas).

Pocas horas después, la Policía detuvo a Scott Roeder, de 51 años, a quien acusó del asesinato de Tiller, de 67. Según The New York Times, Roeder está vinculado al movimiento "Freemen", que rechaza la autoridad del Estado Federal, y a un grupo antiabortista que justifica matar a quienes lo practican.

Tiller es el cuarto médico asesinado desde 1993 en EEUU. Muchas clínicas abortistas sufren un acoso permanente con amenazas y actos de sabotaje. No obstante, las principales organizaciones antiabortistas, entre ellas Operación Rescate, condenaron el asesinato de forma "inequívoca".

El asesinato de Tiller ha servido para hacer despuntar de nuevo un debate que rebrota y se soterra en la sociedad norteamericana desde 1973. Aquel año, el Tribunal Supremo declaró que la interrupción voluntaria del embarazo es un derecho fundamental de las mujeres, y abrió así la puerta a una de las legislaciones más liberales al permitir intervenciones terapéuticas en el segundo y tercer trimestre de embarazo.

Pero el Supremo puede anular su decisión con otra sentencia y, conscientes de ello, los grupos contrarios al aborto intentan llevar la causa a esa corte alentados por encuestas que revelan un cambio de la opinión pública por primera vez en décadas. El presidente de Operación Rescate, Troy Newman, sostiene en USA Today que un 51% de la población está en contra frente a un 42% que lo defiende.

Los antiabortistas esperan que ese cambio de opinión también se refleje en el Tribunal Supremo, cuya decisión en 1973 fue tomada por una clara mayoría de siete votos a favor y dos en contra. De hecho, este tribunal, compuesto por nueve miembros de los que seis fueron nombrados por presidentes republicanos, ha dado ya muestras de ese posible cambio al confirmar en el año 2007, por cinco votos a cuatro, una ley aprobada durante el Gobierno de George W. Bush en la que se prohíbe uno de los métodos abortivos.

Para el actual presidente Barack Obama, la decisión del Supremo de 1973 "protege no sólo la salud de la mujer y su libertad reproductiva, sino un principio mayor: el de que el Gobierno no debe inmiscuirse en nuestros asuntos familiares más íntimos".

De ahí que la posición sobre el aborto de la juez Sonia Sotomayor, propuesta por el propio Obama para cubrir una vacante en el Supremo, se haya convertido en estos días en una cuestión de vital importancia.

Otra muestra de las diferencias entre presidentes demócratas y republicanos es la llamada "Política de la Ciudad de México". Ronald Reagan creó la norma en 1984 para prohibir las ayudas internacionales a instituciones u organizaciones que practiquen o promuevan el aborto en otros países; Bill Clinton la revocó en 1993; George W Bush la renovó en el 2001 y Obama la rescindió de nuevo tras tomar posesión.

El compromiso de Obama de "proteger el derecho a decidir de la mujer" le costó el abucheo de algunos antiabortistas en la Universidad Católica de Notre Dame el pasado 17 de mayo. Aunque Jon OBrien, presidente de Católicos por el Derecho a Decidir, aseguró que esos abucheos no reflejan el sentir de todos los católicos, Obama reconoció que el aborto es un asunto controvertido. El presidente pidió en la universidad un debate en el que se pueda "luchar por lo que se considera justo sin invalidar a aquellos con convicciones contrarias."

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