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Fracasa el proyecto de un Gobierno de unidad en Israel

La líder de Kadima atribuye el fracaso a que el Likud no cree en el proyecto de los dos Estados

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Israelíes y palestinos consideran que en las circunstancias actuales la mejor opción de futuro es formar un gobierno de unidad, pero sus responsables políticos mantienen posiciones tan inflexibles que parece muy difícil, si no imposible, que las conversaciones puedan fructificar.

El segundo encuentro tras las elecciones que ayer mantuvieron los líderes del derechista Likud y del centroderechista Kadima volvió a fracasar sin que esto sorprendiera a nadie. Binyamin Netanyahu y Tzipi Livni, sus respectivos líderes, defienden dos discursos incompatibles a los que se debe sumar una ambición desmesurada por diseñar la política de Israel en los próximos cuatro años.

Netanyahu dijo haber ofrecido a Livni mucho más de lo que le corresponde. No sólo ser plenamente partícipe en todas las decisiones del Gobierno sino también más "influencia" en el Ejecutivo de la que la dirigente de Kadima ha tenido con Ehud Olmert.

La oferta no convenció a Livni, quien acusó a Netanyahu de no creer en el "proceso político", que es como se conoce en Israel a las negociaciones con los palestinos, ni en la creación de dos Estados, según la fórmula en vigor desde hace varios años, una fórmula teórica que no ha tenido la menor repercusión sobre el terreno, pues la idea de un Estado palestino sigue siendo tan sólo eso: una idea.

Las excusas de Livni son irrelevantes si se tiene en cuenta que durante los últimos tres años ha formado parte de una coalición que ha entablado un diálogo intranscendente con los palestinos mientras ha seguido construyendo vorazmente en las colonias judías que hay en los territorios ocupados, demostrando que su fe en el "proceso político" es insustancial y puramente teórica.

Un incierto diálogo palestino

Al término del encuentro, Livni manifestó que Netanyahu no le había respondido positivamente sobre la receta de los dos Estados, ni sobre ciertas reformas en el sistema electoral y en el ministerio del Interior, de manera que no le queda más alternativa que pasar a la oposición.

Los palestinos también han iniciado un diálogo de final incierto. No es la primera vez que intentan ponerse de acuerdo sobre las bases que deben regir el buen gobierno de Cisjordania y Gaza, pero la euforia del jueves, cuando acordaron la formación de cinco comités de reconciliación, pronto dejará paso a la más cruda realidad.

Las posiciones de Fatah y Hamás están tan alejadas que parece imposible que se logre un acuerdo que satisfaga a ambos. Para que esto ocurra tienen que producirse renuncias doctrinales por parte de Hamás y renuncias de orgullo por parte de Fatah que desvirtuarían completamente los programas de ambos partidos.

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