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Jürgen Habermas, el filósofo ilustrado

El pensador propone una filosofía universal y sin adjetivos

LÍDIA PENELO

Nada de entrevistas, nada de actos sociales y nada de homenajes para celebrar los 80 años que cumplirá en junio. Esas fueron las condiciones impuestas por el filósofo Jürgen Habermas (Dusseldorf, 1929) antes de aceptar la invitación de la Universitat Oberta de Catalunya para impartir un seminario y dar una conferencia el pasado martes en el CCCB. Consciente de la marginalidad en la que reside la filosofía, el pensador planteó -ante un público especializado- una extensa genealogía de la filosofía y terminó exponiendo la necesidad de una racionalidad dialógica, no fundamentalista. Una filosofía sin adjetivos que utilice estructuras universales que integren los distintos campos de conocimiento. "Uno de los instrumentos de la filosofía es el análisis conceptual de los textos y sus contextos, ahí se convierte en un medio para clarificar el discurso público. Pero en lo público los filósofos no tenemos ningún privilegio", afirmó el autor de Teoría de la acción comunicativa.

Apoyado en un atril, Habermas desgranó su conferencia poniendo un cuidado extremo en cada palabra. Cada vez que pronunció la palabra certidumbre pidió permiso para denominarla de ese modo.

"Es de una gran seriedad intelectual. Ante el mundo actual se muestra escéptico pero no derrotista. Él piensa que a través de la razón se pueden solucionar muchas cosas", comentó el doctor en Filosofía Pere Fabra a este periódico. Fabra es el puente entre Habermas y Barcelona. "Consciente de que el paradigma científico y técnico es el que impera, Habermas se rebela contra las críticas totalizadoras de la razón y defiende el proyecto ilustrado de una razón que no se perjudique en la crítica. Él defiende un proyecto que no se diluye en el negativismo ni en el escepticismo", aclaró Pere Fabra, que pasó cinco años en Frankfurt bajo la tutela del maestro.

Habermas habló gestualizando, esbozando una sonrisa de vez en cuando, pero aún así, la densidad de su discurso no se disipó. Dejó claro que la totalidad trascendental de la metafísica ha quedado atrás, y en su exposición se detuvo en la cuestión de "la objetivación del mundo". Una idea esbozada por el empirismo y que más tarde Kant sacudió.

"Es sorprendente que los hechos históricos, sociales y culturales no despertaran un interés científico hasta muy tarde. Las ciencias no tienen acceso a la objetivación de la interpretación. Esta cuestión es todavía un rompecabezas, un interrogante", apuntó. "Cuando decimos objetivación, nos referimos a una descripción cada vez más imparcial de la realidad que se debe a un descentramiento de las perspectivas de percepción e interpretación. No debemos confundir la objetivación con la cosificación", advirtió.

Tras charlar durante casi dos horas, el pensador todavía tuvo la paciencia de dejarse fotografiar con tres de los asistentes. Rechazó varias invitaciones para salir a cenar y cuando hubo saludado a todos los que se le acercaron se marchó con su esposa. Lo que más le apetecía era ir paseando tranquilamente hasta su hotel y descansar para poder pensar. Habermas da respuestas a cómo funciona nuestro pensamiento, pero no da recetas de cómo hemos de vivir. Eso lo deja para los psiquiatras.