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"Le voy a comer a besos, las palabras sobrarán"

Las familias celebran la liberación y ansían ya su rápida vuelta a casa

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Por primera vez en 47 días, las familias descansaron y sonrieron. Sus rostros brillaron en Bermeo, Bayona, Huelva en todos los hogares de los 36 pescadores del Alakrana, que navegan por fin libres rumbo a las Seychelles, rumbo a casa. La noticia corrió ayer como la pólvora, primero en forma de rumor y después como un hecho consumado. Los piratas abandonaban el barco. Y las familias, que habían guardado silencio durante la última semana para favorecer un desenlace feliz, volvieron a hablar, a veces sin poder reprimir apenas la emoción. 'Le voy a comer a besos, las palabras sobrarán', estalló Silvia Albés, esposa del pescador gallego Pablo Costas, llena de júbilo en su casa de Pontevedra.

En Bermeo (Vizcaya), Argi Galbarritu, la hermana del capitán, Iker, se subió decidida a la balconada del Ayuntamiento junto al alcalde, Xabier Legarreta, para retirar de allí la pancarta colgada hace ya demasiados días con el lema Gure arrantzaleak askatu (Liberad a nuestros pescadores). 'Es un día especial, de celebración', dijo, con un sueño para el futuro: que nunca más haya que colgar esa pancarta.

La hermana del capitán dice que los pescadores están 'aliviados'

La hermana del capitán se presentó ante los medios, en una comparecencia de última hora, junto a Olga Torre, mujer del maquinista, y Jon Iturbe, hermano del engrasador del pesquero. Habló con palabras de agradecimiento, sobre todo para el pueblo bermeano por haberse volcado desde el primer día, las 'instituciones cercanas' en alusión a los ayuntamientos y la empresa armadora. Dejó entrever en sus palabras malestar con otras instituciones: 'Habrá tiempo para hacer más valoraciones'.

Argi Galbarritu, que apenas había podido hablar unos minutos con su hermano, quiso transmitir también la última hora de la tripulación: 'No están muy animados, porque la liberación les ha cogido por sorpresa. Me ha dicho, eso sí, que estaban aliviados'.

El presidente José Luis Rodríguez Zapatero fue testigo directo de la alegría de las familias. Habló con alguna de ellas y, según dijo satisfecho en los pasillos del Congreso, 'están contentas, claro'.

'Somos España, sabía que íbamos a salir', se felicita la hija del patrón

Alivio, emoción, felicidad desbordada, alegría contenida, sonrisas, lágrimas... Cada familia vivió el día de la liberación como buenamente pudo. La mujer del tripulante Gaizka Iturbe, María Angeles Jiménez, que hace poco más de una semana sufrió un síncope en una protesta en Bermeo, contiene la emoción hasta poder ver a su marido. Sólo piensa en oír su voz 'en libertad' y en 'ponerse guapa' para él: 'Es un día superfeliz para todos, para los 36 (marineros) y para los miles que están detrás'.

A la puerta de su casa en Baiona (Pontevedra), Cristina, la hija del patrón Ricardo Blach, sugirió que esta podía ser la última aventura de su padre en aguas de Somalía, porque 'ya pensaba jubilarse antes del secuestro'. En una breve llamada de teléfono, su padre le contó que iban 'escoltados camino de Seychelles'.

Los ayuntamientos esperan a los 36 pescadores para hacerles homenajes

Confiada pues en que el regreso sea ya 'tranquilo', Cristina quiso enviar un mensaje de cara al futuro para reivindicar que los atuneros 'tienen que seguir faenando en Somalia', que 'no se puede abandonar un océano porque los piratas lo decidan' y que el papel de las instituciones ha sido decisivo en este desenlace feliz: 'Nosotros somos España, un país donde todo el mundo sabía que íbamos a salir del secuestro; otros barcos están apresados desde hace meses y nadie los va a sacar de allí'.

Como en Euskadi y Galicia, en Huelva también se celebró la liberación. La famiia del pescador Francisco Valadé se mostró aliviada. Francisco José Botello, su primo hermano, lo celebró con estas palabras: 'Estamos muy contentos y agradecidos a todos los que nos han brindado su apoyo y han trabajado para poder poner fin a la situación que estaban pasando'.

Los ayuntamientos donde residen los marineros también festejaron su liberación. El tipo de bienvenida que les tributarán sólo depende ahora de los deseos de los pescadores en libertad.

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