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Leonora Carrington, la surrealista rebelde enamorada del México mágico

EFE

La pintora mexicana de origen inglés Leonora Carrington falleció hoy a los 94 años tras una vida de rebeldía y pasión en la que destacó como "un poema que camina", en palabras del Nobel mexicano Octavio Paz.

Nacida en Chorley (Inglaterra) el 6 de abril de 1917 en una familia adinerada británica, Carrington vivió desde los años cuarenta en México, el país que convirtió en su hogar y donde se rodeó de amigos y de algunos artistas del movimiento surrealista, como la española Remedios Varo.

Leonora, cuyo padre era un empresario británico y su madre tenía origen irlandés, escapó de la tutela de ambos siendo joven, interesada en una vida artística que cultivó en la Chelsea School of Arts y la Academia Ozenfant de Londres.

La joven Leonora pasó por varias escuelas regentadas por religiosas, pero no encajó en ninguna de ellas por su espíritu inconforme que mantuvo toda la vida.

En la capital británica conoció al pintor surrealista Max Ernst (1891-1976), de quien fue su compañera algunos años pero sobre quien, en los últimos años de su vida no quería ni oír hablar.

Con él viajó a París, donde congenió con artistas clave del movimiento surrealista como Salvador Dalí, Marcel Duchamp, André Breton y Pablo Picasso.

Carrington participó con otras figuras del movimiento en una magna exposición que se presentó en Amsterdam y París en 1938. Poco después su vida entró en una etapa muy difícil pues los nazis invadieron Francia y Ernst fue llevado a un campo de concentración.

En 1940 Carrington huyó a la España franquista, donde, en medio de una enorme tensión, sufrió un colapso y, por órdenes de su familia, fue ingresada en un manicomio en la ciudad norteña de Santander.

Allí pasó por una auténtica pesadilla, fuertemente sedada y vigilada por enfermeras, pero logró escapar y llegó a Lisboa, donde conoció al poeta y diplomático mexicano Renato Leduc, con quien se casó y el cual la ayudó a viajar a Nueva York, donde se reencontró con su examante Ernst y con la mecenas Peggy Guggenheim.

En 1942 llegó a México con Leduc, del cual se separó un año más tarde. Conoció pero no frecuentó a Diego Rivera, de quien apreciaba su humor, y a la también pintora Frida Kahlo.

Sin embargo, uno de los mayores regalos que le dio México fue el reencuentro con la que fue una de sus mejores amigas, la española exiliada Remedios Varo (1908-1963), a quien había conocido en París.

Con Varo compartía Carrington proyectos artísticos y angustias, y de su mano entró en contacto con un círculo de artistas como Alice Rahon y Wolfgang Paalen.

El estilo de ambas refleja ámbitos oníricos y mágicos, que en el caso de Carrington, quedan plasmados en una de sus obras clave, "El mundo mágico de los mayas", que se encuentra en el Museo de Antropología de la capital mexicana.

Otros cuadros destacados de la artista son "La giganta", "Quería ser pájaro", "Laberinto", "El despertar", "Y entonces vi a la hija del Minotauro" y "El juglar".

Leonora estaba familiarizada desde pequeña con los mitos celtas, muy presentes en sus cuadros y obras de teatro, a los que sumó los mundos mágicos y fantásticos que descubrió en México, un país mágico y con una variedad de culturas indígenas y prehispánicas que tuvo una enorme influencia en su obra.

En México frecuentó también al cineasta español Luis Buñuel, se casó con el fotógrafo húngaro Emericz Chiki Weisz, que era judío, y tuvo a sus hijos Gabriel y Pablo, a los que estaba muy unida. Toda su vida defendió la causa de la mujer y la de los judíos.

De Carrington dijo el Nobel mexicano Octavio Paz que era "un personaje delirante, maravilloso", "un poema que camina, que sonríe, que de repente abre una sombrilla que se convierte en un pájaro que se convierte después en pescado y desaparece".

También la escritora mexicana Elena Poniatowska, que este año escribió "Leonora" (Planeta), una novela inspirada en su vida, consideró a Carrington una figura "tan grande" como la de la propia Frida Kahlo.

"Creo que (Carrington) es cada vez más fuerte y que va a ser más fuerte a medida que pase el tiempo. Es, de veras, tan única como lo fue Frida Kahlo en su época, nada más que ella no quiso hacerse pública", dijo la autora a Efe.

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