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Lhasa, canciones desde el instinto

La artista vuelve tras seis años de silencio con su álbum más personal

JESÚS MIGUEL MARCOS

La obra de Lhasa de Sela (Big Indian, EEUU, 1972) es una de esas maravillosas rarezas musicales que aparecen muy de vez en cuando. La música popular, atascada de grupos de moda que mimetizan sin complejos a otras bandas, respira aliviada cuando surgen voces como la de esta cantante, hija de padre mexicano y madre estadounidense, que se pasó toda la infancia viajando por EEUU en una caravana familiar junto a sus padres y sus tres hermanas. "Sin duda fue una infancia peculiar, pero yo lo vivía como lo más normal", responde Lhasa por teléfono desde Montreal, donde vive desde hace casi dos décadas. "Mi mundo era mi familia. No íbamos a la escuela, mi madre hacía de profesora. Mis hermanas eran mis únicas amigas. Recuerdo que leíamos mucho, porque no teníamos ni tele, ni amigos", añade.

A los 13 años ya daba sus primeros recitales en San Francisco, cantando versiones de Billie Holiday en cafés. Desde entonces, ha recorrido un camino artístico especialmente singular, arriesgado y exitoso que llega a su clímax en Lhasa (Warner, 2009), su tercer disco, que se publica la próxima semana. Un álbum que es un renacimiento, un encuentro con ella misma, un final y, sobre todo, un principio. "En mis otros dos discos [La llorona (1997) y The living road (2003)] me dejé orientar por los productores y los músicos. En este tenía ganas de ver hasta donde podía llegar con lo que sé hacer. Casi todas las canciones las escribí sola, lo he producido y he hecho los arreglos. Por eso lo llamo así, Lhasa, porque es mi música de verdad, nace de mis propios instintos", subraya la artista.

Por eso hizo borrón y cuenta nueva y empezó de cero. Decidió, en primer lugar, cantar solo en inglés. "Necesitaba hacerlo así. Aunque he pasado toda mi vida hablando dos idiomas, el inglés es mi idioma principal. Al cantar en español y francés me sentía desconectada de algo que sentía fundamental. En inglés me siento entera, sólida". El siguiente paso era encontrar músicos. Con los que trabajó en la extensa gira de The living road dos años de ruta y más de 200 conciertos encontró la complicidad perfecta para tocar aquellas canciones, pero las nuevas requerían otro tratamiento.

Así es como conoció a unos "chicos del barrio", en Montreal, que tenían un estudio de grabación y varias salas de conciertos. Esos "chicos del barrio" de los que habla Lhasa son los cabecillas del sello Constellation, una comuna musical que a finales de los 90 amplificó el post-rock a nivel internacional con bandas como Godspeed You! Black Emperor o A Silver Mt. Zion, y que posteriormente ha producido discos espléndidos a artistas como Carla Bozulich o Vic Chesnutt. "Conocí a Thierry Amar, que es el ingeniero que grabó el disco. Me invitó a ver su estudio, Hotel2Tango, y me encantó, porque no había ni un solo ordenador. Son gente que trabaja como se debe: con los oídos y no con los ojos", recuerda Lhasa.

En esa comuna todo el mundo toca con todo el mundo. Así, poco a poco, a partir de la arpista Sarah Pagé, Lhasa consiguió formar una banda de dos guitarristas, bajo y batería con los que grabar el álbum. No se trata, sin embargo, de un disco de Lhasa con la típica producción atmosférica y ruidista del sello Constellation, como en los casos de Bozulich yChesnutt. El peso de la grabación, la última palabra, la tenía ella: "Tengo más confianza en mi instinto, lo que me permite escuchar lo que siento y lo que me dicen los otros, para a continuación ponerlo todo en una balanza y ver qué es más apropiado parala canción".

Lhasa suena aquí más desnuda que nunca. Doce canciones de estilo clásico blues, folk, jazz, country... interpretadas con una crudeza que estremece. En su voz grave, en bruto, gruesa, quedan ecos de los discos de misas criollas que le ponían sus padres cuando era pequeña. Canciones que nacen de un "sentimiento de curiosidad. Escribo mucho y, de vez en cuando, escribo algo por lo que siento curiosidad. Algo me hace volver a esa frase y me pide si hay más que decir. A veces trato de escribir más y no viene nada, pero a veces una puerta se abre y hay todo un viaje que hacer con esa idea".

Con sus dos primeros discos, Lhasa tuvo un éxito enorme, vendiendo casi un millón de copias en todo el mundo. Sin embargo, sus reglas artísticas serpentean entre los habituales canales comerciales de la música. "Mi ambición es hacer música personal e íntima. Yo siempre quiero cambiar, no quiero satisfacer al público que le gustó La llorona, sino música fuerte y humana", explica. A finales de verano comenzará una gira en Canadá que la llevará en septiembre a Estados Unidos y en octubre a Europa. "He pedido expresamente a mi manager alguna fecha en España. Mis últimos conciertos fueron muy mágicos. Así que estaremos por allí en otoño", promete la cantante.

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