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Londres se apunta al desarme nuclear

Obama y Medvédev negociarán esta tarde las líneas generales de la reducción de ojivas tras la eliminación del escudo antimisiles

DANIEL DEL PINO

El Reino Unido ha decidido seguir los pasos de Rusia y EEUU sobre desarme nuclear. El primer ministro, Gordon Brown, anunciará mañana en la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, la decisión de su Gobierno de construir tres en vez de cuatro de los submarinos nucleares Trident que están previstos. Aunque no parezca un gesto demasiado remarcable, sí es un paso. La fuerza nuclear británica está basada casi en exclusiva en este tipo de submarinos capaces de transportar 16 misiles Trident con un total de 48 cabezas nucleares.

Los presidentes Obama y Medvédev tendrán esta tarde una reunión para establecer las líneas generales del programa de desarme. Tras la decisión de EEUU de retirar el proyecto del escudo antimisiles en Polonia y la República Checa, se abre una nueva etapa de reducción de ojivas nucleares apoyado hasta países como Irán.

La decisión de Brown tiene dos consecuencias inmediatas en el Reino Unido. Por una parte, los laboristas se unen así a la campaña de Obama y pueden mover a países como Francia o China a tomar decisiones parecidas. Por otra, y aunque el Gobierno lo quiera negar, esto supone un desahogo para las arcas públicas británicas ya que la no construcción de uno de los submarinos conlleva un ahorro de 5.000 millones de libras. Una encuesta publicada el pasado martes revelaba que el 63% de los británicos está en contra del proyecto nuclear.

Greenpeace denunció la semana pasada que ese plan nuclear costaría unos 130.000 millones entre misiles, submarinos y satélites. La deuda pública británica alcanza los 175.000 millones de libras y el Gobierno está siendo presionado para recortar gastos, sobre todo en Defensa.

De todos modos, lo que el Reino Unido no piensa negociar en un futuro próximo es la reducción del arsenal de 160 cabezas nucleares que posee en la actualidad para armar esos submarinos. Hace unos meses, Londres eliminó 40 ojivas y el Ministerio de Defensa cree que esa es la cifra mínima que el país debe tener como medida disuasoria. También descarta que el hecho de que otros países se comprometan a desarmarse les lleve a reducirlas.

Obama y Medvédev se verán las caras esta tarde en Nueva York. EFE

En tan sólo una semana se ha pasado de un mundo en tensión por la construcción del escudo antimisiles de EEUU en Europa, a la posibilidad de un mundo con menos armamento nuclear. Desde que Obama llegara a la Casa Blanca ha establecido contactos significativos con Rusia con el fin de terminar con la tensión entre los dos países propia de la Guerra Fría.

Washington y Moscú pactaron que, si la diplomacia rusa era capaz de persuadir a Irán y frenar su producción de misiles de largo alcance, entonces hablarían del escudo antimisiles.

En 2001, el secretario de Estado norteamericano, Donald Rumsfeld, dijo en la ONU que el proyecto antimisiles de EEUU era prioritario para la seguridad del mundo. Su propósito era instalar una base de misiles interceptores en Polonia, que serían dirigidos por un satélite desde la República Checa. La mayoría de los países europeos se opusieron a su construcción e incluso los dos países implicados no vieron nunca con buenos ojos su viabilidad por los problemas que les iba a acarrear con Rusia.

Moscú, con Putin como presidente, no veía el escudo como un sistema de defensa, sino como una amenaza para su integridad y por ello se cerró en banda. EEUU decidió sacar adelante el proyecto sin el consentimiento europeo y pensando en que sería fácil disuadir a los países en los que iría instalado. Pero todo seguía en el aire tras el final de la era Bush. Obama tenía la oportunidad de hacer una política continuista en este sentido o abortar la operación.

Tras comprobar que el arsenal de misiles de largo alcance de Irán no había progresado como se esperaba, decidió que la diplomacia rusa había funcionado y accedió a negociar con el Kremlin.

La fase dos de la misión de Obama comprendía un compromiso ruso-norteamericano para reducir el arsenal nuclear, dándole la vuelta a la tortilla. Moscú, tras el anuncio de Obama la semana pasada accedió. Esta tarde, los presidentes de ambos países se reunirán en Nueva York y sentarán las bases de una de las partes del discurso de Obama mañana ante la Asamblea General de la ONU.

Los dos gobernantes pretenden que el compromiso de desarme se extienda a todos los países del globo. Ayer, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Manouchehr Mottaki, dijo que quiere colaborar para la reducción del armamento nuclear en el mundo, un paso significativo para un país del que Occidente sospecha que está intentando conseguir una bomba atómica.

No obstante, los progresos de su programa nuclear no parecen significativos como para pensar en ello. El futuro dirá los objetivos reales de Teherán, pero el discurso belicoso de Ahmadineyad parece más una manera de defenderse por miedo a un hipotético ataque estadounidense o israelí. Ese fue uno de los errores de Sadam Husein cuando afirmaba tener armas de destrucción masiva sólo para prevenir una invasión iraní.

El diario The Guardian elaboró a principios de esta semana un resumen sobre la capacidad nuclear de las potencias mundiales basándose en el último informe del Boletín de Científicos Atómicos.

Según esos datos, Rusia es el país con mayor número de cabezas nucleares en 2009. Moscú almacena un total de 12.987 ojivas, cuando en 2000 tenía 21.000. EEUU es el segundo país con más potencial atómico. Su arsenal en la actualidad es de 9.552 cabezas nucleares por las 10.577 que tenía hace nueve años. Francia ocuparía el tercer puesto con 300 ojivas en la actualidad, seguido de Israel y China con 200 y 176 respectivamente.

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