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Los menús de Franco

La familia del guardia civil que fue taquígrafo del dictador entrega al Ministerio de Cultura los documentos que detallan qué comía el generalísimo el primer "año de la victoria"

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Francisco Franco prefería el pescado a la carne y, pese a las penurias que los españoles pasaron tras el fin de la Guerra Civil, en su menú diario de aquellas jornadas nunca faltaron un primer plato, un segundo, varios postres e, incluso, un entrante. El Ministerio de Cultura acaba de recuperar documentos inéditos que desvelan qué comía el dictador los días que siguieron al final de la contienda. Y todo ello, gracias a los familiares de Carlos Palacios Miguel, un guardia civil que en el otoño de 1936, cuando el general sublevado fue nombrado 'generalísimo de los Ejércitos' en Salamanca y él tenía sólo 23 años de edad, se convirtió en el taquígrafo personal del militar. Carlos Palacios siguió los pasos de Franco en su peregrinar bélico y, cuando fijó su residencia en El Pardo, a las afueras de Madrid, el guardia civil también lo hizo, ya a las órdenes del general José Moscardó, jefe de la Casa Militar del dictador.

Nadie sabe por qué, pero el joven taquígrafo adoptó la costumbre de guardar las inocentes notas que detallaban lo que comía 'su excelencia' el jefe del Estado y su esposa 'Carmina' (Carmen Polo) en palacio. Durante años, aquellas hojas mecanografiadas encabezadas por el águila de San Juan permanecieron en el olvido hasta que los descendientes del guardia civil las encontraron. Ahora, estos han hecho acto de entrega de las mismas a Cultura para que engrosen los fondos del Centro Documental de la Memoria.

Público ha tenido acceso a varios de estos menús, en los que se dibuja a un Francisco Franco que en el 'primer año de la Victoria', mientras España aprendía a usar las cartillas de racionamiento y muchos se veían abocados a la ingesta de peladuras de patatas, disfrutaba de lujos gastronómicos como la carne. Unos documentos que también muestran aspectos curiosos, cuando no contradictorios, del dictador.

El mejor ejemplo es el menú que 'Su Excelencia' degustó el 29 de mayo de 1939, menos de dos meses después del fin de la Guerra Civil y sólo 15 días después de que el Ministerio de Industria y Comercio franquista estableciese el sistema de racionamiento. Aquel día, a pesar de que el documento contenía la indicación 'día sin carne', en la mesa de Franco se sirvió como primer plato 'fabada asturiana', que se elabora con chorizo y morcilla. De segundo, al dictador le sirvieron filetes de merluza, mientras que el postre era poco definido 'queso y fruta'.

En el 'almuerzo' del viernes 2 de junio, el encabezamiento del menú incluía la palabra 'abstinencia'. Ese día no hubo carne, pero el menú, lejos de la frugalidad que parece asociada a dicho término, incluyó tres servicios 'entreplatos variados, huevos rellenos y merluza frita' y la posibilidad de elegir postre entre 'crema de limón' y, de nuevo, 'queso y fruta'. Sólo un día antes, el menú anunciaba 'plato único', compuesto de una 'sopa al cuarto de hora' y un patriótico 'cocido a la española'. De postre, 'monte nevado' y los habituales 'queso y fruta'.

Todo ello en una España en la que, como incluso se atrevían a reflejar en sus informes quincenales los jefes provinciales de FET-JONS, existía un problema acuciante de falta de alimentos que había convertido en 'habitual la ingestión de alimentos en malas condiciones o el consumo de productos que hasta entonces se habían dedicado a la alimentación animal como algarrobas o guijas', según detallan en un estudio los historiadores Carme Molinero y Pere Ysàs.

Frente a esta carestía, la lectura de los menús del generalísimo, ahora recuperados, revelan que el dictador no se privaba de los medallones de ternera, los escalopes y la ternera a la plancha. Aunque a veces, las obligaciones del cargo le impedían disfrutar de los platos preparados para él y su mujer. 'Sólo comió Carmina', consignó el sirviente a mano en la parte inferior de la hoja del 14 de julio de 1939.

En los documentos ahora en poder de Cultura, no se hace referencia a la bebida que se servía a Franco durante las comidas. De hecho, estaba extendida la idea de que Franco no tomaba alcohol Luis de Vilallonga señalaba en su biografía autorizada del rey Juan Carlos que este le había asegurado que 'Franco era un hombre hecho para vivir 100 años. No fumaba, no bebía y no era precisamente un gastrónomo'.

Un mito que, si nos atenemos al testimonio del político vasco Juan María Bandrés, era falso. El que después sería dirigente de Euskadiko Eskerra trabajó de camarero un verano en La Perla, un exclusivo establecimiento situado en San Sebastián, donde tuvo oportunidad de servir el aperitivo al dictador y a numerosos militares. Bandrés aseguraba en una larga entrevista con el periodista Raimundo Castro para un libro biográfico que Franco le pidió en cierta ocasión que bautizara con 'un poco de ginebra' el refresco de naranja que se disponía a servirle.

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