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"Mi regreso es un triunfo para la causa saharaui"

Moratinos consigue un acuerdo con Marruecos para que la activista Aminatou Haidar vuelva a su casa tras la intensa mediación de Francia. El Aaiún recibe como una heroína a la mujer

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El caso Haidar tuvo un final feliz. La activista saharaui regresó a su tierra en un avión fletado por el Gobierno español con destino El Aaiún (Sáhara Occidental). Con el viaje terminaba un conflicto que comenzó el pasado 14 de noviembre, cuando Marruecos impidió la entrada a Aminatou Haidar en la capital saharaui. El 16 de noviembre, la activista se ponía en huelga de hambre en su exilio en el aeropuerto de Lanzarote.

El ayuno voluntario duró 32 días y la activista aseguró que no lo dejaría hasta pisar tierra saharaui. Haidar compareció la noche del jueves ante los medios de comunicación en la puerta principal del hospital José Molina de Lanzarote, donde la activista había ingresado la madrugada anterior ante el agravamiento de su estado de salud.

Moratinos rebajó la presión sobre Rabat para acelerar el desenlace

La saharaui, en silla de ruedas, afirmó que su salida era 'un triunfo y una victoria para la causa saharaui', y agradeció todos los apoyos que ha recibido durante su acción de protesta. A la pregunta de con qué condiciones había aceptado viajar al Sáhara Occidental, señaló que en esos momentos no era realmente consciente. No obstante, recalcó: 'Si me ocurre lo que ocurrió la otra vez, no voy a bajar del avión, y voy a acabar con agua y azúcar'.

Era el prólogo al desenlace ansiado por todos de una crisis que vivió en las últimas 24 horas intensas negociaciones a tres bandas, en las que la diplomacia española conseguía un acuerdo con Marruecos para el regreso de la activista tras la mediación de Francia. París fue clave, según fuentes parlamentarias y del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, para vencer las últimas reticencias de Rabat a la vuelta de Haidar.

La confirmación de que todo entraba en su tramo final la había dado poco antes de las ocho de la tarde la sonrisa del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, al abandonar apresuradamente el Congreso de los Diputados tras interrumpir su comparecencia ante la Comisión de la Cámara baja en la que, precisamente, explicaba la actuación 'humanitaria y política' del Ejecutivo en el caso.

El ministro admitió por primera vez que Marruecos le coló la expulsión

Ya durante las tres horas que había durado su comparecencia parlamentaria, Moratinos había dejado vislumbrar que el final de la crisis estaba cerca, muy cerca. De hecho, el ministro había dedicado gran parte de su intervención a rebajar la presión sobre Marruecos, que sólo 48 horas antes había puesto sobre la mesa el propio Congreso con una proposición no de ley que había impulsado el Grupo Socialista.

Moratinos reconoció por primera vez que su homólogo marroquí le había telefoneado en dos ocasiones el día de la expulsión para informarle de ella y que, pese a sus protestas y 'rechazo' a dicha decisión, las autoridades de Rabat siguieron adelante con la medida.

El jefe de la diplomacia española incluso aseguró que las autoridades marroquíes en el aeropuerto de El Aaiún intentaron negociar la noche de la expulsión una salida a la crisis que estaba a punto de abrirse y que, sugirió, fue la actitud de la propia Aminatou Haidar la que lo impidió. Unas palabras con la que Moratinos repartía las culpas de la 'complicada' situación vivida entre Rabat, el Frente Polisario y, sobre todo, la propia activista. El objetivo era rebajar la presión sobre el Ejecutivo de Marruecos.

A las siete de la tarde, cuando la sesión de la comisión estaba a punto de superar su tercera hora, un ujier acercó una nota al ministro. Tras leerla, Moratinos pidió al presidente de la misma, el convergente Josep Antoni Duran Lleida, 15 minutos de receso. En ese instante, los teléfonos de los diputados presentes comenzaron a sonar casi al unísono. La solución era ya prácticamente una realidad. Una hora después, tras recluirse en un despacho de la Cámara baja, Moratinos abandonaba el hemiciclo con un esquivo 'estamos trabajando intensamente', aunque su sonrisa y la de los miembros de su equipo los delataba.

El final del túnel del caso Haidar ya se había empezado a intuir horas antes en el Parlamento Europeo, informa Daniel Basteiro desde Bruselas. Allí, el presidente de los socialistas europeos en la Eurocámara, Martin Schulz, pedía por la mañana urgentemente la cancelación de la votación en la que se debía aprobar una resolución que presionaba a Rabat para que cediera en el caso de la activista saharaui.

La petición de Schulz fue rápidamente apoyada tanto por el líder europeo de los conservadores, Joseph Daul, como por el jefe del PSOE en la Eurocámara, el canario Juan Fernando López Aguilar, para quien la Eurocámara debía echarse atrás para 'evitar una resolución que puedaimpedir el desarrollo de las negociaciones'.

Desde ese momento, las negociaciones de la diplomacia española se aceleraron con la 'prudencia y la discreción' como principio básico. El Gobierno español quería evitar que volviera a ocurrir lo del pasado 4 de diciembre, cuando tuvo que abortar en el último minuto un vuelo hacia El Aaiún con Haidar y el director de Gabinete de Moratinos, Agustín Santos, a bordo.

De hecho, las llamadas de confirmación a dirigentes políticos y a otros actores implicados en el caso no se realizaron hasta que la activista subía a la escalerilla del avión. La vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, se encargaba de informar a Mariano Rajoy, informa María Jesús Güemes.

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