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Rajoy apuesta por la victoria de Obama pese a su nostalgia de Bush

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El Gobierno de Mariano Rajoy ha intentado pasar de puntillas por la campaña electoral en EEUU, con un perfil muy bajo que, a su pesar, se ha visto trastocado por las referencias directas a España de los dos candidatos a la Presidencia norteamericana. El republicano Mitt Romney --al que se supone más afín a los conservadores-- ha dado a nuestro país en donde más duele a su Gobierno y sin ningún miramiento: la gestión económica española como ejemplo de error político. Si bien el demócrata Barack Obama suavizó este mensaje más tarde, destacando el peso de nuestro país en el mundo como motivo inapelable por el que no se le debe dejar caer --pero que, por tanto, también reconoce que está al borde del precipicio--, el daño ya está hecho y tanto la prensa estadounidense como la del mundo entero recogieron el guante de los candidatos e intensificaron el perfil negativo de España. La imagen de España en el mundo era mala; tras la campaña estadounidense y gracias a los republicanos, es peor.

El entorno de FAES y del GEES presionó a Rajoy para que apoyase a Romney Con todo, existe un sector en el PP que se lamenta a diario recordando los tiempos de la Presidencia de George W. Bush y de su cercanía a un José María Aznar entregado a la política exterior de su 'amigo', sobre todo en la argumentación a favor de una invasión de Irak que el tiempo y las comisiones de investigación en Washington y Londres revelaron manipulada y falsa. Este grupo minoritario de la derecha española --del entorno de FAES y del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES), con estrechos vínculos con el Partido Republicano-- ha pugnado sin éxito por que Rajoy mostrase su apoyo a Romney sin ambages e, incluso, lo escenificase con algún encuentro de ambos durante la campaña, que el del PP declinó. Pero estas pretensiones, lejos de tener éxito, se encontraron con un intento por parte del presidente del Gobierno de resaltar positivamente el apoyo de Obama a sus políticas, como el que trascendió tras la conversación telefónica que ambos mantuvieron en agosto, en pleno castigo culmen de los mercados a España.

Rajoy y Obama han mantenido tres encuentros en el año de mandato del español. Todos han supuesto, a lo sumo, un apretón de manos, breves conversaciones de trámite, alguna foto y muchas sonrisas en el marco de grandes cumbres internacionales, como la de Seguridad Nuclear de Seúl (marzo 2012), la de la OTAN en Chicago (mayo 2012) y la Asamblea de Naciones Unidas (septiembre 2012). La gran cita está por llegar, apuntan en el PP, y es la visita del próximo presidente de EEUU a La Moncloa, algo que no se produce desde que, en 2001, Bush visitó España en el marco de una gira europea y se reunió con los reyes y con Aznar. Tampoco ha habido más encuentros oficiales entre los presidentes español y norteamericano desde el que Obama y José Luis Rodríguez Zapatero mantuvieron en Praga durante 45 minutos en abril de 2009.

El demócrata es partidario de relajar la política de austeridad y el republicano, de incrementarla

En caso de que sea Obama el reelegido presidente, como apuntan hoy las encuestas por estrecho margen, una pronta visita a España supondría un gran espaldarazo a la economía y la imagen de España. El demócrata es partidario de relajar los mecanismos de austeridad a nuestro país e inyectar un rescate a su economía que no suponga más condiciones estrictas a los ciudadanos. Por su parte, Romney es partidario de más austeridad, una reducción radical de lo público hasta la marginalidad y de que el Gobierno de Rajoy demore la petición del rescate, al menos, hasta que las reformas comprometidas se concluyan. Nada de esto favorece los intereses del Ejecutivo español, reconocen sus miembros, que trabajan ahora mismo en mantener la expectativa del rescate hasta que sea inevitable pedirlo, en su caso, sin una nueva condicionalidad.

En La Moncloa, a pesar de la expectación lógica ante el resultado del 6 de noviembre, se muestran escépticos con EEUU, gane quien gane en las urnas. Hace tiempo que Europa ha dejado de ser prioritaria en la política exterior estadounidense, en beneficio de los países asiáticos --especialmente China, el competidor directo de EEUU en el podio mundial--, para pasar a ser nada más que un problema al que los norteamericanos miran de vez en cuando tratando de aconsejarle la mejor solución para los propios intereses estadounidenses. España ni siquiera puede ya, desde que Brasil asumió esa competencia en el orden mundial, esgrimir su rol de puente entre la emergente Latinoamérica y el resto del mundo.

El pragmatismo del Gobierno frente a EEUU, por tanto, se ha trasladado al Partido Popular, que ha querido mostrarse exquisitamente neutral en la campaña de Obama y Romney, y ha enviado a sus dirigentes a las convenciones de designación de ambos candidatos, celebradas en agosto. El matiz, sin embargo, es que a la proclamación de Romney asistió una delegación española encabezada por el secretario ejecutivo de Relaciones Internacionales, José Ramón García-Hernández, mientras que al acto de Obama fue Esteban González Pons, vicesecretario general de Estudios y Programas del PP, como número uno de un grupo que incluía también a García-Hernández.

El PP tiene claro que, al margen de ideologías, lo que prima ahora es el interés del Gobierno por salir de la crisis, lo que incluye tener el máximo posible de aliados con sus políticas económicas y sus intentos de  forzar más integración europea. Empero, de cara a la galería, los conservadores se muestran cautos y apuestan por 'mantener las excelentes relaciones con EEUU, gane quien gane'. Y puesto que las encuestas van tan igualadas, esa prudencia es extrema, incluso cuando Romney hizo sus radicales comentarios sobre España en el primer debate con Obama, y Rajoy fue tachado de tibio en su respuesta al calificar las declaraciones del republicano de simplemente 'desafortunadas'.

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