¿Compras por placer o por necesidad? Así se identifica la oniomanía
Ir de compras es una actividad de ocio frecuente para mucha gente, ¿pero dónde termina la diversión y comienzan los problemas?

Zaragoza--Actualizado a
Ir de compras es una actividad polarizante. A algunas personas les encanta, siendo uno de sus principales pasatiempos, mientras que otras lo detestan profundamente. Lo cierto es que es raro encontrar a alguien que no tenga una opinión sobre el tema. Más allá del consumismo intrínseco que supone, hasta hace no mucho era un plan social. Ir de tiendas implicaba salir de casa, quizá quedar con alguien, dar un paseo mirando escaparates, entrando a probadores o buscando gangas.
Sin embargo, la tecnología ha superado ese contexto ampliamente. El comercio online lleva varios años de crecimiento imparable, mientras que las tiendas físicas se encuentran en claro retroceso. El gran catalizador de este cambio fue la pandemia de la covid-19 y desde entonces los consumidores no han mirado atrás. La no existencia de horarios, la rapidez en los envíos o el poder acceder a tiendas situadas en cualquier parte del mundo se han terminado imponiendo.
Según los últimos datos publicados hasta la fecha por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), el comercio electrónico en España creció aproximadamente un 20% en el primer semestre de 2025. Una tendencia positiva que no para de aumentar. De hecho, si se compara 2019, último año antes de la pandemia, con 2024, la facturación del comercio electrónico en España ha pasado de unos 48.800 millones a más de 95.000 millones de euros, o lo que es lo mismo un 95% de crecimiento en cinco años. En la pura lógica capitalista, el ecommerce es más rentable pues no tiene horarios y reduce costes de personal. También puede ser más problemático para aquellas personas con tendencias obsesivas.
Qué es la oniomanía
La oniomanía es el nombre que se utiliza para denominar la adicción por las compras. Aunque no aparece como un diagnóstico independiente en los dos manuales psicológicos más importantes, el DSM-5 o la CIE-11, sí se trata de un problema de salud mental tratado ampliamente por la psicología y la psiquiatría. Se caracteriza por manifestarse como un impulso irresistible de comprar, hasta el punto de perder el control. Algo que puede desembocar en consecuencias negativas tales como: una gran deuda económica, un sentimiento de culpa profundo o actitudes de encubrimientos respecto a los seres queridos.
Generalmente, la oniomanía suele conceptualizarse dentro del marco de los trastornos del control de impulsos, los trastornos obsesivo-compulsivos o las adicciones comportamentales sin sustancia. En consecuencia, los tratamientos suelen basarse en enfoques utilizados para estos trastornos, como la terapia cognitivo-conductual.
Cómo identificar la oniomanía
En una sociedad consumista como la española, identificar la oniomanía puede resultar complicado, ya que se trata de un sistema económico que fomenta constantemente la compra de productos que no siempre se necesitan, y donde ir de tiendas se ha consolidado como una actividad de ocio habitual. En este contexto, surge una duda clave: ¿cómo saber si realmente se está cruzando la línea? La dificultad aumenta si se tiene en cuenta que la oniomanía comparte muchas características con otras adicciones, como el alcoholismo o el juego, ambas también reforzadas por el entorno social y cultural. Por ello, distinguir dónde termina una afición y dónde comienza una necesidad se vuelve fundamental, siendo la pérdida de control el indicador más claro de que puede existir un problema.
En el momento en el que comprar ropa, u otros objetos, implica un impulso irrefrenable y que no se puede detener aunque se desee, es el momento de evaluar si se está ante un problema. Por norma general, esta actitud viene precedida por una inquietud o sensación de urgencia, y que suele continuar de una culpa o remordimiento por incurrir en una práctica que desde el punto de vista racional no era deseada. Un círculo vicioso que adquiere una forma similar a: tensión, compra, alivio, culpa y repetición.
Aunque no son oficiales, existen dos herramientas diseñadas para detectar la oniomanía e, incluso, el grado de dependencia existente. Por un lado, el Compulsive Buying Scale (CBS) fue desarrollado por los especialistas en marketing Ronald J. Faber y Thomas C. O’Guinn, quienes buscaban la manera de detectar la compra compulsiva en los consumidores. En su versión primigenia, el test consta de siete ítems que se respondían en una escala que iba de “muy de acuerdo” a “muy en desacuerdo”. A cada respuesta se le adosaba una puntuación y, a partir de cierta marca, se consideraba que podía existir una compra compulsiva.
Aunque el CBS es un sistema muy utilizado en estudios académicos, quedaba un poco corto para determinar un comportamiento tan complejo como lo es una adicción. Por ello, un grupo de investigadores liderados por Nancy M. Ridgway, de la Universidad de Richmond, crearon la Richmond Compulsive Buying Scale (RCBS), que se diferenciaba principalmente por dividir la oniomanía en dos parámetros clave: impulsividad y compulsividad. Aunque no es un diagnóstico oficial, sí que se utiliza mucho actualmente por distinguir mejor los mecanismos psicológicos detrás de la adicción.
Cómo tratar la adicción a las compras
Una vez identificada esta adicción a las compras, el siguiente paso es buscar ayuda profesional en manos de un facultativo psicológico especializado en adicciones o el control de impulsos. Hay que tener en cuenta que se trata de patologías muy complejas, ya que poseen varios campos de acción diferentes entre sí. Por ejemplo, está comprobado que afectan biológicamente al funcionamiento del cerebro, pues la anticipación de la compra genera una respuesta fisiológica, entre otras la generación de dopamina, que el organismo va requiriendo cada vez en mayores cantidades.
Además, es habitual que las adicciones funcionen como una manera de regular las emociones. En este caso lo que se busca no es acumular objetos, sino el efecto emocional que esto produce. Es, por así decirlo, una vía de escape ante una situación emocional complicada, por lo que para deshacerse del hábito pernicioso esta debe ser solucionada antes. De hecho, las adicciones suelen estar relacionadas con otros problemas psicológicos como la depresión o la ansiedad. Por ello, si estos factores no se abordan, la conducta adictiva tiende a reaparecer porque sigue cumpliendo una función en la vida de la persona.
Tratar una adicción no es algo sencillo y, por norma general, el camino suele contar con recaídas. Además de que, como decíamos, en el caso de las compras, se trata de una práctica intrínseca del sistema capitalista, por lo que están estimuladas por el mismo. De ahí que se necesite del apoyo no solo del personal médico, sino también de un círculo de confianza que comprenda la dimensión del problema en sí.

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