'Frisson Noir', la obra maestra definitiva de Tarja

Siete años. Ese es el tiempo que ha necesitado Tarja para dar forma a Frisson Noir. Puede parecer un dato anecdótico, pero en realidad es una de las claves para comprender la magnitud de este trabajo. Desde el inicio de su carrera en solitario, la cantante finlandesa había mantenido una cadencia relativamente estable, con apenas tres años de separación entre álbum y álbum. Esta vez ha sido diferente. Y el resultado demuestra que la espera ha merecido la pena.
Porque Frisson Noir no es simplemente un nuevo disco de Tarja. Es, con diferencia, el mejor de toda su carrera.
La afirmación puede parecer arriesgada teniendo en cuenta la calidad de trabajos como What Lies Beneath, Colours in the Dark o In the Raw, pero basta una escucha atenta para comprender que estamos ante algo distinto. Más ambicioso, más cohesionado, más personal y también más contundente que cualquiera de sus predecesores.
Paradójicamente, el álbum más heavy de Tarja comienza y termina con uno de los sonidos más asociados a la calma y la introspección. Un cuenco tibetano abre y cierra la experiencia, delimitando un viaje que transita por algunos de los territorios más agresivos que la artista ha explorado jamás. No parece una elección casual. Tradicionalmente, este tipo de instrumentos se utilizan para generar sensación de equilibrio y serenidad. Tarja los emplea aquí como una especie de marco conceptual que contiene toda la intensidad que está por llegar.
Y vaya si llega.
Frisson Noir es, sin ningún género de duda, el disco más metalero de su carrera. Las guitarras de Alex Scholpp alcanzan un protagonismo pocas veces visto en la discografía de la cantante, mientras la contundente base rítmica formada por Kevin Chown al bajo y Timm Schreiner a la batería impulsa constantemente las canciones hacia adelante. Christian Kretschmar completa el conjunto con unos teclados y sintetizadores que aportan profundidad y atmósfera sin sacrificar la agresividad general del sonido.
Lo más admirable es que Tarja no pierde ni un ápice de su identidad en medio de esta tormenta eléctrica. Su voz sigue siendo majestuosa, teatral y elegante, pero ahora se enfrenta a un entorno sonoro mucho más feroz. El contraste nunca había funcionado tan bien.
Desde los primeros minutos, The Eternal Return establece las reglas del juego. Su intensidad y su fuerza convierten la canción en una declaración de intenciones. No hay concesiones, no hay voluntad de repetir fórmulas seguras. Tarja suena decidida a llevar su música hasta nuevos límites y lo hace con una confianza que impregna todo el álbum.
La emoción aparece de forma especialmente intensa en Leap Of Faith, donde vuelve a encontrarse con Marko Hietala. Escuchar de nuevo sus voces compartiendo espacio es una experiencia inevitablemente conmovedora. Sin embargo, la canción evita caer en la nostalgia. No mira hacia atrás. Al contrario: demuestra que ambos artistas siguen teniendo mucho que decir juntos y que la química que siempre existió entre ellos permanece intacta.
Si existe una pieza destinada a ocupar un lugar privilegiado dentro de la carrera de Tarja, esa es probablemente At Sea. Pocas veces ha conseguido alcanzar semejante nivel de grandiosidad. La combinación del piano de Niklas Pokki, el violín de Mervi Myllyoja y una composición que crece sin descanso convierte la canción en una experiencia casi cinematográfica. Su épica resulta inmensa, desbordante y profundamente emocionante. Es una de esas obras que justifican por sí solas la existencia de un álbum.
En el extremo opuesto aparece Blaze Forever, uno de los momentos más oscuros y fascinantes del disco. La utilización de voces distorsionadas crea una atmósfera absorbente y perturbadora que no encuentra precedentes claros en la trayectoria de la cantante. El resultado es hipnótico y demuestra que, incluso después de décadas de carrera, Tarja sigue encontrando nuevas formas de sorprender.
La diversidad del álbum también se manifiesta en Tango, una colaboración con Apocalyptica que parece conectar directamente con los muchos años que la artista ha pasado viviendo en Argentina. Los chelos del grupo aportan dramatismo y profundidad a una composición que funciona como un puente entre distintas culturas e influencias musicales.
Algo similar sucede con Anemoia. Las guitarras de Julián Bedmar y el chelo de Valter Freitas contribuyen a crear una atmósfera especialmente evocadora, casi luminosa por momentos, que parece reflejar otra de las geografías fundamentales en la vida de Tarja: Málaga. Son detalles que enriquecen el disco y refuerzan la sensación de que estamos ante una obra profundamente vinculada a la experiencia vital de su autora.
Incluso las colaboraciones más inesperadas encuentran un sentido perfecto dentro del conjunto. Dani Filth aporta oscuridad y teatralidad a I Don't Care, mientras Chad Smith imprime una energía arrolladora a Against The Odds. Por su parte, el koto de Sayo Komada en The Trace Outlives amplía todavía más el horizonte sonoro de un álbum que se niega a aceptar límites estilísticos.
Y, sin embargo, nada de esto se siente disperso. Ese es precisamente uno de los mayores logros de Frisson Noir. Todas las piezas encajan. Todas las influencias encuentran su lugar. Todas las versiones de Tarja conviven aquí de manera natural: la cantante de metal sinfónico, la compositora apasionada por la música clásica, la artista que ha vivido entre Finlandia, Argentina y España, la intérprete capaz de emocionar con una balada y la que puede liderar algunos de los pasajes más contundentes de toda su discografía.
Durante años, cada álbum de Tarja parecía acercarse un poco más a una versión definitiva de su sonido. Frisson Noir da la sensación de haber alcanzado finalmente ese objetivo. No porque renuncie a experimentar, sino porque consigue integrar todas las facetas de su personalidad artística en una obra extraordinariamente coherente.
Quizá por eso resulta tan difícil encontrar puntos débiles. No hay sensación de relleno. No hay canciones que rompan el ritmo del conjunto. No hay decisiones que parezcan responder a compromisos comerciales o a inercias creativas. Todo transmite la impresión de haber sido cuidadosamente pensado, trabajado y pulido durante esos siete años de desarrollo.
Y esa es precisamente la diferencia.
Frisson Noir no es simplemente otro gran disco de Tarja. Es la culminación de todo lo que ha construido desde que inició su carrera en solitario. El álbum más pesado, más ambicioso, más oscuro, más emocionante y más completo de su trayectoria. La obra que mejor resume quién ha sido durante las últimas dos décadas y quién sigue siendo hoy.
Después de siete años de espera, Tarja no ha entregado un nuevo capítulo de su historia.
Ha entregado su obra maestra.
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