Toundra: "No puedes estancarte en una fórmula que ya no te representa a ti, sino a una etapa del pasado"
La banda madrileña publica este 9 de octubre con Siete, su primera música original en cuatro años y el comienzo de una nueva etapa marcada por la autogestión, la entrada de Jorge García y un mayor protagonismo de la electrónica.

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Durante casi dos décadas, Toundra ha construido una de las trayectorias más reconocibles de la música instrumental española, llevando su particular manera de entender el rock más allá de nuestras fronteras y permitiéndose, por el camino, salirse periódicamente de los márgenes que ellos mismos habían dibujado. Proyectos como Exquirla, junto a Niño de Elche, o la banda sonora de Das Cabinet des Dr. Caligari ya habían demostrado que la experimentación nunca ha sido algo ajeno al cuarteto madrileño.
Sin embargo, el camino hasta Siete, que verá la luz el 9 de octubre, ha sido diferente. Después de HEX (2022), la banda atravesó uno de los momentos más delicados de su historia. En 2023 canceló sus compromisos en directo y abrió un periodo de silencio que terminó convirtiéndose en una reflexión sobre su propia continuidad. El regreso llegaría con una formación renovada y con Jorge García incorporándose a las guitarras y sintetizadores, pero también con la voluntad de que continuar con Toundra significase algo más que mantener vivo un nombre.
De esa reconstrucción nace un disco en el que los sintetizadores analógicos ganan un protagonismo inédito, ampliando un lenguaje electrónico que ya había comenzado a asomar en trabajos anteriores. Siete mira hacia nuevos territorios sin renunciar a la intensidad que ha definido históricamente al grupo y encuentra incluso espacio para mirar hacia sus propios orígenes: Víctor García-Tapia, guitarrista fundador que abandonó la formación en 2013, vuelve a colaborar con sus antiguos compañeros en uno de los temas.
El cambio no es únicamente musical. Con Siete, Toundra ha decidido asumir la autogestión de su trabajo, recuperando el control después de años vinculados a grandes estructuras discográficas internacionales. Una decisión que abre inevitablemente preguntas sobre independencia, sostenibilidad y el espacio que queda para bandas de su tamaño dentro de una industria cada vez menos dispuesta a asumir riesgos. Sobre todo ello, pero también sobre la ruptura de 2023, el miedo a repetirse después de casi veinte años y la posibilidad de que Siete sea realmente el comienzo de otra historia, hablamos con Alberto Tocados, bajista de Toundra.
En 2023 cancelasteis vuestros conciertos y Toundra desapareció durante aproximadamente año y medio. Cuando regresasteis explicasteis que necesitasteis reflexionar sobre vuestro vínculo con la banda. ¿Qué hizo que la respuesta final fuese “queremos continuar”?
La decisión de continuar fue fruto de un proceso interno, tanto a nivel personal como de grupo. Sobre todo, influyó el volver a tocar juntos y recuperar la ilusión por hacer música nueva.
Empezamos a probar y a componer temas Alex, Macón y yo. Fuimos viendo que la cosa funcionaba, pero sentíamos que queríamos sumar a alguien más. Hablamos con Jorge y, a partir de ahí, todo empezó a coger inercia. Fue en ese momento cuando decidimos de verdad que íbamos a seguir.
¿Hubo algún momento durante aquel periodo en el que asumierais realmente que Toundra podía haber terminado?
Realmente no. A mí me resultaba un poco extraño pensar que Toundra ya no existía. Es verdad que, durante un tiempo, la cabeza se me iba hacia la idea de formar una nueva banda, pero siempre pensando en mis compañeros de toda la vida. Al final, con el tiempo y volviendo a tocar juntos, era evidente que esa banda seguía siendo Toundra.
Jorge (nuevo guitarrista y encargado también de los sintetizadores) llega después de esa crisis y Siete es el primer disco de esta nueva formación. ¿Necesitabais que esta nueva Toundra sonara diferente para que continuar tuviera sentido también creativamente?
La verdad es que la entrada de Jorge ha revitalizado la dinámica del grupo. Sobre todo, es una persona con la que conectamos muchísimo a nivel musical, y Macón ya había tocado con él durante muchos años en otras bandas como Adrift no El Páramo (que a su vez influenciaron a Toundra). Por eso, no solo fue un paso natural, sino que su llegada hizo que la creatividad volviera a fluir.
La electrónica ya estaba entrando en vuestra música en Hex. ¿Siete supone descubrir ese lenguaje o dejar de contener algo que llevaba tiempo intentando ganar espacio dentro del grupo?
Tanto Jorge como yo estamos muy metidos en el tema de la electrónica, cosas minimalistas y en cosas que se podrían considerar “música de productores”. Al final, es algo que te abre un universo totalmente nuevo y gigantesco. Yo siempre he estado interesado en ese tipo de música y siempre ha tenido un pequeño hueco dentro de Toundra, pero ahora digamos que se va abriendo camino y va teniendo un papel un poquito más protagonista.
Después de haber conocido tanto el circuito independiente como estructuras internacionales como Century Media, Superball o InsideOut, ¿qué habéis ganado recuperando el control total y a qué habéis tenido que renunciar?
A lo que hemos tenido que renunciar es principalmente a la parte organizativa. A cambio, vas ganando muchísima independencia y control sobre la monetización de tu música, porque al final estás eliminando intermediarios.
Obviamente, no tenemos la estructura de distribución de este tipo de compañías grandes, pero la realidad es que nuestra música tampoco es algo que se venda en las tiendas convencionales; suele distribuirse en sitios de nicho, más específicos, y sobre todo se vende mucho en los conciertos. Así que, en este caso, la parte del pastel del ámbito digital hace que gran parte de los ingresos se queden directamente en la banda
¿La autogestión nace fundamentalmente de una búsqueda de libertad artística o existe también cierto cansancio con el funcionamiento tradicional de la industria discográfica?
La verdad es que un poco de cada. También es cierto que hay un viraje generalizado en la industria y quizá ya no están tan interesados en bandas pequeñas como la nuestra. Al final, buscan un producto que sepan que se va a vender seguro y en cantidades que les permitan moverlo sin asumir riesgos, y nosotros no podemos ofrecer esa garantía. En cambio, a pequeña escala y trabajando como una banda independiente, nosotros podemos conseguir muchísimas más cosas.
A lo largo de vuestra carrera parece que habéis necesitado romper periódicamente con vuestra propia fórmula, Exquirla, Caligari y ahora Siete. Después de casi veinte años, ¿os preocupa más alejaros demasiado de Toundra o empezar a repetirse?
A mí me preocupa mucho más el hecho de repetirnos, sobre todo porque vas viendo que a lo mejor ya no te sigue tantísima gente nueva, sino que la mayoría son personas que te escuchan desde hace ya muchos años. Digamos que el descubrimiento ya no es algo tan habitual.
Por eso, si se trata de un público fiel que va a escuchar e interesarse por lo que haces, creo que está bien ofrecerles algo nuevo. Al final, tú ya no eres la misma persona que hace veinte años: la música, tus gustos, tu forma de tocar y un montón de cosas van evolucionando, y de alguna manera eso tiene que verse reflejado. No puedes estancarte en una fórmula porque realmente ya no te representa a ti, sino que representa una etapa del pasado
Cuando Víctor García-Tapia (guitarrista y miembro fundador de Toundra) dejó Toundra en 2013 dijisteis que siempre seguiría perteneciendo al círculo de la banda. Trece años después vuelve a participar en una canción. ¿Cómo ha sido reencontraros creativamente después de todo este tiempo?
Pues la verdad es que ha sido una alegría. Él se enteró de que íbamos a grabar porque estábamos hablando mucho últimamente y me comentó que, si le cuadraba, le encantaría hacer alguna colaboración.
Es un guiño a los Toundra de los tres primeros discos y, sobre todo, a lo que comentábamos en la pregunta anterior: un guiño a esa gente que te escucha desde hace muchos años y que ha seguido interesada en lo que haces durante todo este tiempo. Ha sido increíble y la verdad es que tenemos muchísimas ganas de que en algún directo pueda subirse a tocar.
Sois una banda instrumental y, sin embargo, vuestros discos suelen transmitir ideas, atmósferas e incluso posicionamientos muy concretos. ¿Hasta qué punto el arte de Mercedes Bellido (artista responsable del lienzo original que da imagen a Siete) y el nuevo paisaje electrónico de Siete forman parte de una misma narración?
A ver, hay varias cosas. Por un lado, Jorge y yo nos estábamos leyendo la trilogía de El problema de los tres cuerpos, de Cixin Liu, y comentábamos muchísimos conceptos como el del 'bosque oscuro' o la base de la Costa Roja.
Al margen de eso, que era una parte más evocadora y literaria, también queríamos que el arte representase la destrucción y la reconstrucción a partir de algo que se ha roto. En cierto modo, era un paralelismo con la propia ruptura que vivió la banda en 2023. Es lo mismo que le transmitimos a Mercedes y el resultado es impresionante.
En 2027 cumpliréis veinte años como banda. Después de haber llegado a un punto en el que incluso tuvisteis que decidir si Toundra debía continuar, ¿sentís Siete como el séptimo capítulo de una misma historia o como el primero de otra distinta?
Para mí es claramente el primero de una nueva etapa. Luego lo ves con perspectiva y sí da la sensación de que el resto de álbumes funcionaban un poco como trilogías. Quizá con la perspectiva del tiempo veamos con más claridad en qué se encuadra este Siete, pero sí, perfectamente podría ser el principio de una nueva trilogía.


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