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Alemania vislumbra un futuro energético sin centrales nucleares

Angela Merkel y los líderes regionales celebran una cumbre energética en Berlín para cumplir con el cierre de las centrales y apostar por las energías renovables

EFE

La canciller alemana, Angela Merkel, y los primeros ministros de los 16 estados federados se reunieron hoy en Berlín en busca de un acuerdo nacional para diseñar el futuro energético de Alemania sin centrales nucleares.

La primera "cumbre energética", como se la ha denominado, arrojó como conclusión central que se necesita una mayor coordinación para lograr cumplir el calendario de abandono de la energía nuclear.

Todas las centrales nucleares alemanas deberán dejar de funcionar a más tardar en 2022 y su cierre implica una apuesta por las energías renovables, que según los planes del Gobierno de Merkel, contempla el desarrollo de parques eólicos en alta mar y la ampliación de la red de distribución eléctrica entre el norte y el sur del país.

"El cambio energético es un tarea enorme a la que nos hemos comprometido. Queremos el éxito", dijo Merkel tras el encuentro con los líderes de los Länder", en el que no se tomaron aun decisiones relevantes.

El nuevo ministro de Medio Ambiente, Peter Altmaier, ve buenas posibilidades de lograr un consenso nacional sobre las tareas concretas que hay que enfrentar para garantizar el suministro energético prescindiendo de las centrales nucleares y sin poner en peligro las metas de reducción de emisiones de CO2. Para ello se apuesta por una estrategia que combina el fomento de las energías renovables con el aumento de la eficiencia energética y una mejora de las redes de distribución.

En el futuro deberá haber una cumbre energética semestral destinada a identificar problemas por resolver y hacer un balance de los éxitos alcanzados. Antes, había habido críticas por falta de coordinación entre los 16 estados federados y el Gobierno federal para llevar adelante el cambio energético.

La decisión de abandonar la energía nuclear fue tomada inicialmente por el Gobierno del socialdemócrata Gerhard Schröder (1998-2005). Con la llegada al poder de la actual coalición presidida por Merkel se decidió ampliar los plazos de vida de las centrales, planes a los que se dio nuevamente marcha atrás tras el accidente de la nuclear japonesa de Fukushima, catástrofe que avivó aún más el sentimiento antinuclear de la población.

Desde los años 80 del siglo pasado hasta la catástrofe de Fukushima, en Alemania había habido dos frentes claramente definidos con respecto a la energía nuclear. De un lado, estaba la Unión Cristianodemócrata (CDU), actualmente presidida por Merkel, su ala bávara la Unión Socialcristiana (CSU) y el Partido Liberal (FDP) que defendían la energía atómica como parte necesaria de toda política energética y se mostraban confiados en la seguridad de los reactores alemanes.

Del otro lado, el Partido Socialdemócrata (SPD), a partir de la catástrofe de Chernóbil, y Los Verdes alegaban que el uso de la energía nuclear era un riesgo demasiado grande por los peligros que esta implica.

Tras la catástrofe de Fukushima (fotogalería), Merkel impulsó un cambio de posición de la CDU al respecto lo que ha sido seguido, aunque con reservas por parte de algunos de sus sectores, por el FDP.