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Ciencia Los asaltantes al Capitolio pueden tener cerebros parecidos, según el último estudio de neurociencia política

Una mezcla de atributos cognitivos y de personalidad indica la tendencia a la radicalización, según el último estudio de neurociencia política.

Asalto al Capitolio
Partidarios de Donald Trump asaltan el Capitolio de Estados Unidos. REUTERS

La tendencia de algunas personas al extremismo que justifica la violencia es algo que cada vez interesa más estudiar desde un punto de vista objetivo. El reciente asalto al Capitolio de Washington ha sido un ejemplo llamativo de este fenómeno individual o colectivo. Aunque asociar rasgos mentales, además de rasgos de personalidad, a la tendencia al dogmatismo y el extremismo político puede parecer un objetivo demasiado difuso como para obtener datos fiables y reproducibles, es parte del naciente campo de la neurociencia política.

El fenómeno de radicalización de personas asociado al llamado terrorismo islámico ha sido la espoleta para que hayan florecido teorías de psicología política y, ahora, investigaciones que intentan basar en datos experimentales la firma psicológica del extremismo (y de otras características ideológicas). Se trata de personas que están predispuestas a tener actitudes políticas, sociales y religiosas extremas, recuerda la Universidad de Cambridge. Esta universidad ha liderado un nuevo estudio que indica que una mezcla determinada de algunos rasgos de la personalidad y algunas formas en que el cerebro procesa de manera inconsciente la información recibida permite predecir con mucha mayor precisión que los factores demográficos (los más utilizados), en personas concretas, su tendencia a puntos de vista extremistas en actitudes ideológicas, desde el nacionalismo al fervor religioso.

A pesar de que los humanos vivimos rodeados de ideología se conoce poquísimo sobre cómo el funcionamiento individual del cerebro (las diferencias sobre cómo se percibe y se procesa la información en cada persona) influye en la visión del mundo, la tendencia a puntos de vista extremistas y la resistencia o receptividad a la evidencia (aquí entran también el negacionismo y las teorías de la conspiración). Así resumen el estado de la cuestión los autores, liderados por Leor Zmigrod, del nuevo trabajo, publicado en una revista de la Royal Society británica. Este artículo científico forma parte de un número monográfico sobre El cerebro político: mecanismos neurocognitivos y computacionales.

Para evaluar en centenares de personas estadounidenses rasgos cognitivos que conformarían, según esta investigación, su visión del mundo ideológica, tuvieron que realizar 37 tareas cognitivas estándar. Algunos ejemplos son poner en cierto orden discos de colores, recordar palabras a medida que se añaden nuevas y decidir rápidamente entre estímulos visuales cuando cambian las instrucciones que se reciben. Los sujetos también realizaron un test de autoconocimiento de la personalidad y se agruparon los resultados en 12 factores clave, como el control de las emociones y la toma de riesgos financieros.

En qué grado una persona es conservadora, nacionalista, dogmática, liberal o religiosa dependiendo de su forma de procesar la información y sus rasgos de personalidad es algo que se incluye en esta investigación, porque obviamente se solapan entre sí las orientaciones ideológicas, lo mismo que lo hacen con el radicalismo y el extremismo.

El perfil de los individuos que apoyaban acciones extremas en pro de su grupo, tales como la violencia en nombre de la ideología contra otros grupos, resultó ser una mezcla de las firmas psicológicas del conservador político y del dogmático. Cognitivamente tenían una peor memoria de trabajo, eran más lentos en la percepcíón y tendían a una mayor impulsividad y búsqueda de sensaciones nuevas.

Los investigadores señalan que es la primera vez que el grado de precaución cognitiva (toma inconsciente de decisiones más lenta y precisa al realizar tareas cognitivas) se relaciona con las actitudes ideológicas. Por ejemplo, la firma psicológica de la religiosidad coincide en algunos aspectos con el conservadurismo y el dogmatismo pero en otros no. Engloba un alto grado de precaución y un bajo grado de procesamiento estratégico, en cuanto a las características cognitivas, y una alta aversión a la toma de riesgos en el campo social y una elevada percepción del riesgo, en cuanto a rasgos de personalidad. Curiosamente, los investigadores han encontrado que la firma psicológica del conservadurismo social es distinta de la del conservadurismo económico, algo que apoya hipótesis anteriores.

"Parecen existir similitudes ocultas en las mentes de aquellos más proclives a tomar medidas extremas en apoyo de sus doctrinas ideológicas. Si comprendemos esto nos ayudaría a dar soporte a aquellos individuos vulnerables al extremismo y fomentar la comprensión social frente a las divisiones ideológicas", concluye Zmigrod.