De la superstición al derecho a la ciencia: por qué el eclipse de este verano pertenece a las clases populares
El eclipse del 12 de agosto promete ser una fiesta, aunque siglos atrás habría causado terror en la población.

Zaragoza-
El eclipse total de sol del 12 de agosto promete ser una fiesta. Para muchas personas, el mejor plan del verano 2026. Así lo indica, por ejemplo, la alta ocupación hotelera existente en aquellas zonas que prometen una visión privilegiada del fenómeno. Desde luego lo tiene todo para convertirse en un evento. Se trata de un suceso único, que no sucede en territorio español desde 1905, es gratuito, para toda la familia y, por si fuese poco, sucede en un momento en el que medio país está de vacaciones, durante la primera quincena de agosto.
¿Más razones? Se podrá ver en su totalidad gran parte de la Península e Illes Balears, y en los lugares que no es un eclipse total su grado de parcialidad ha de superar el 90%. Es decir, prácticamente la totalidad del disco solar quedará en penumbra. Por si fuese poco, sucederá al atardecer, cuando el sol está más bajo y, por norma general, las temperaturas exteriores comienzan a dar un respiro. En resumidas cuentas, España promete paralizarse para mirar al cielo en un ambiente lúdico y festivo, también pedagógico en muchos casos. Algo impensable años atrás, porque un eclipse no ha sido siempre motivo de jolgorio precisamente.
Cuando un eclipse era sinónimo de preocupación
El Sol es un elemento clave para comprender la vida en la Tierra y, por ende, el desarrollo de la humanidad. Por ello, desde tiempos inmemoriales hemos estado mirándolo con fascinación y, por qué no decirlo, también cierto recelo y temor. Poco a poco las diferentes sociedades y culturas fueron desenmarañando su funcionamiento y secretos, con avances que nos han permitido racionalizar un efecto a priori tan extraordinario como lo es un eclipse. Claro que, por el camino, hubo explicaciones casi siempre sobrenaturales y/o asociadas a la superstición.
Así lo explica a Público el astrónomo César González del Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC: “La connotación festiva del eclipse es algo raro desde un punto de vista histórico. Normalmente ha sido un evento que no era fácil de observar, ni se entendía su regularidad. Rompía y distorsionaba la normalidad, por lo que siempre se ha interpretado como algo a evitar”.
De hecho, si se atiende a la etimología de la palabra, eclipse viene del término griego ékleipsis, que vendría a significar desaparición o abandono. Evidentemente, habla de la ausencia momentánea del sol, pero al mismo tiempo es un término con connotaciones claramente negativas. Una interpretación prácticamente universal por parte de las distintas civilizaciones que han ido ocupando el globo.
"Existía el miedo de que el sol se fuera y ya no volviera; y se le daba una interpretación mitológica. Por ejemplo, en la cultura maya, pero también en la India, existen criaturas que son representadas devorando el Sol. Puede ser un dragón, un lobo u otro elemento, pero la característica común es que alguien o algo se quiere comer el Sol y debemos evitarlo”, cuenta González. De ahí que sean muchos los pueblos que, ante un eclipse, llevaran a cabo diferentes rituales como hacer ruido, imitar los aullidos, lanzar flechas, etc. Por supuesto, una vez que el sol regresaba, significaba que el ritual había sido satisfactorio.
El eclipse como preludio de una guerra
A lo largo de la historia también ha sido común interpretar el eclipse como una señal divina, muchas veces como la anticipación de una guerra. Una conclusión que no es gratuita, sino que se apoya en relatos y eventos que van más allá del puro simbolismo.
“En el siglo VI existe el eclipse de Tales, llamado así porque había sido predicho por el filósofo y matemático Tales de Mileto. Aunque se pone en duda que esto ocurriera, ha pasado a la historia porque coincide con el final de una batalla entre los imperios Medo y Lidio, la cual llevaba librándose durante mucho tiempo en Oriente Próximo. Se cree que ambos bandos interpretaron el eclipse como un mal presagio y decidieron finalizar la contienda”, cuenta el investigador del INCIPIT respecto a la relación entre eclipses y guerras. “No queda ahí la cosa, pues aquel conflicto provocó que ambos imperios quedaran exhaustos, lo que propició la aparición de los Persas”, remata la historia.
En lo que ahora es territorio español, los eclipses y las batallas también tienen una historia por contar. Concretamente sucedió en el siglo X durante la llamada batalla de Simancas entre las huestes de Abderraman III y Ramiro II, rey de León. “Dos días antes del enfrentamiento se produjo un eclipse de sol, el cual está recogido tanto por las crónicas musulmanas como por las cristianas”, cuenta González. Una circunstancia que permite comparar cómo se enfocaron unos y otros. Ambos bandos paralizaron sus operaciones durante un par de días y el testimonio de Kitab ar-Rawd habla de que “llenó de terror a los nuestros y a los infieles”. Aunque, a posterior, las tropas cristianas lo incluyeron como parte de su relato victorioso, casi como una intervención divina.
El largo proceso hasta comprender qué es un eclipse
Sin duda alguna, la civilización que más ha hecho por comprender el eclipse como fenómeno ha sido la China. De hecho, fue una de las primeras en comenzar a registrar todos los eclipses de sol ocurridos, con la idea de encontrar patrones y poder predecirlos en un futuro. “Para ellos era fundamental saber lo que estaba ocurriendo porque el cielo dictaba directamente lo que tenía que hacer el Emperador. En su cultural, el Emperador era el representante del emperador celeste, un ser mitológico que se situaba en el polo norte. Por ello, necesitaban saber lo que iba a hacer para replicarlo en la Tierra. Un eclipse es un evento que rompía la armonía, así que deseaban averiguar cuándo iba a suceder para tomar medidas al respecto”, cuenta González.
Claro que no son los únicos que hicieron averiguaciones al respecto. “El comienzo de entender lo que ocurre sucede en Mesopotamia. Es allí donde se dan cuenta que lo que ocurre es que la Luna se interpone en el Sol. De hecho, es una concepción común interpretar a la Luna y el Sol como dos elementos interrelacionados, ya sean vistos como hermanos o como un hombre y una mujer. Así que, poco a poco, hubo culturas que interpretaron que el la luna perseguía al sol (o viceversa) y, cuando conseguía alcanzarla, se producía el eclipse”.
Después llegaron los griegos y los romanos, y de manera paralela los indios, que consiguieron mediante las matemáticas y cálculos más complejos comprender el mecanismo desde un punto de vista más científico. Claro que la racionalización plenamente moderna, basada en la física y una astronomía despojada de mitos, no llegaría hasta muchos siglos después.




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