¡La bronquiolitis!

Se denomina ‘bronquiolitis’ a la primera infección de la vía respiratoria inferior que sufre un niño menor de dos años. Provoca la inflamación de los bronquios y bronquiolos y puede ser una enfermedad grave en prematuros, en lactantes menores de 3 meses, y en niños con problemas cardíacos, respiratorios, musculares o del sistema inmune.
Aunque la mayor parte de los casos son leves y cursan como un resfriado, que se resuelve en pocos días, otras veces, cuando el niño lleva 3-4 días con mucosidad y tos, comienza con dificultad para respirar, una respiración agitada, abomba el abdomen o hunde las costillas al respirar.
A veces, incluso podemos escucharles ‘pitos’ en el pecho, el ruido que produce el aire al pasar por un conducto estrecho. Esto se debe a que la infección viral provoca la inflamación de los bronquios y de los bronquiolos, los conductos que salen de la tráquea y por donde llega el aire hasta los pulmones. De esta manera, su pared se engrosa, estrechando su diámetro interno y, a su vez, se genera y acumula mucosidad dentro de ellos. Dos factores que dificultan en definitiva la entrada y salida de aire de los pulmones.
Los niños con bronquiolitis también pueden tener febrícula (37,5 – 37,9ºC) o fiebre (a partir de 38ºC), aunque esta no suele ser alta; menos apetito; vómitos con mucosidad, o dificultad para comer. De hecho, suelen comer menos de lo habitual, en parte propiamente por estar enfermos y también porque se cansan al hacerlo.
La tos les puede hacer vomitar. Los niños más pequeños, especialmente los menores de 2 meses, pueden hacer apneas, dejan de respirar durante varios segundos. Es importante saber que en algunos casos, como los que hacen apneas o tienen dificultad para respirar, deben ingresar en el hospital.
CAUSAS
Las bronquiolitis suelen durar unas 2 semanas y estar provocadas por múltiples virus, siendo el más frecuente el Virus Respiratorio Sincitial (VRS). Los niños se contagian al inhalar partículas expulsadas por una persona ya infectada al respirar, toser o estornudar, y al tocar objetos con el virus (vaso o chupete ajeno), y tocarse después los ojos, la nariz, o la boca.
Hay que tener en cuenta que los lactantes que han padecido bronquiolitis pueden padecer episodios de bronquitis posteriormente. Esto se debe a que las vías respiratorias han sufrido una inflamación en un momento importante de su maduración y crecimiento.
No existe ningún tratamiento específico para la bronquiolitis y, tal y como sucede con las infecciones virales en general, la mayoría de pacientes se curan solos, pero eso no quiere decir que no debamos hacer nada. Sí podemos ayudarles con las siguientes medidas:
Le ayudaremos a despejar la nariz aplicando suero fisiológico por las fosas nasales (efecto de arrastre), especialmente antes de comer.
También podemos colocarlo en una posición algo inclinada para que no se le acumule excesiva mucosidad en la garganta.
Ofrecer agua abundante para evitar la deshidratación y favorecer que la mucosidad sea más fluida y se elimine mejor. Si toma pecho, ofrecer con frecuencia.
Es posible que tenga menos apetito y se canse con las tomas: ofreceremos menos cantidad y con más frecuencia. Ya que comen poco y tienden a vomitar, ofrézcale tomas más pequeñas más frecuentemente.
Si tiene fiebre: evitar tapar con ropa en exceso al niño y administrarle paracetamol o ibuprofeno (este último recomendable sólo en niños a partir de los 6 meses).
Los antibióticos no curan la bronquiolitis ya que estos solo funcionan ante infecciones bacterianas. No use mucolíticos o antitusivos; dar un fármaco para parar la tos a un paciente al que toser le ayuda a expulsar secreciones y por lo tanto a respirar mejor puede ser perjudicial.
FORMAS DE PREVENIRLA
La medida preventiva más importante para evitar infecciones es el lavado de manos. Nos debemos lavar las manos varias veces al día, sobre todo antes de tocar a los bebés y después de estar en contacto con personas que padecen enfermedades infecciosas, como resfriados.
Otra medida importante es evitar su exposición al tabaco. No se debe fumar cerca de ellos, aunque sea en la vía pública. Tampoco se debe fumar en el domicilio o en el coche aunque ellos no estén presentes en ese momento, ya que se quedan partículas nocivas en los muebles, en las cortinas, o en la tapicería, por ejemplo. Estas partículas nocivas también se quedan en la ropa, en el pelo y en las manos hasta que se lavan.
Como frente a tantas enfermedades, la lactancia materna también ayuda a protegerles y a prevenir la bronquiolitis, pero obviamente no les exime de padecerla. En última instancia debes tener claro que debes consultar con el pediatra, aunque haya visto al bebé hace poco, en caso de que el menor presente fiebre durante más de 48 horas, si tiene fiebre alta (39ºC o más), si tienen mal aspecto (mal color, se mueve poco). Si observas que respira muy rápido o tiene tiraje, o si come bastante menos de lo habitual.
