La importancia de la educación sexual integral

Dr. Miguel Ángel Jiménez
Jefe de la Unidad de Ginecología del Hospital Universitari Sagrat Cor
-Actualizado a
La salud sexual es un aspecto fundamental del bienestar general. Aquí, no hay que olvidar que la educación sexual desde edades tempranas permite construir una sociedad más sana, más respetuosa, y también más libre.
Lejos de lo que muchos piensan, comenzar a educar en sexualidad desde la infancia no significa exponer a los menores a contenidos inapropiados. Se trata de ofrecer información veraz, adaptada a su nivel de madurez, que les permita comprender sus emociones, identificar situaciones incómodas o peligrosas, y desarrollar relaciones afectivas saludables.
Precisamente, la evidencia científica ha demostrado que una buena educación sexual no adelanta la edad de inicio de las relaciones, sino que retrasa este momento, y mejora la capacidad de decisión de los adolescentes, a la vez que disminuye el riesgo de embarazos no planificados, de infecciones de transmisión sexual (ITS), y las posibles situaciones de violencia o coerción.
No es hablar exclusivamente de sexo
Cuando hablamos de educación sexual, no hablamos exclusivamente de sexo. Hablamos de afectividad, del conocimiento del cuerpo, del respeto por uno mismo y por los demás, de cómo poner límites, y de cómo pedir ayuda si hace falta.
De hecho, uno de los mayores retos sigue siendo el silencio que aún persiste en muchos hogares y centros educativos. Según diversos estudios, gran parte de los adolescentes obtiene la mayor parte de la información sexual a través de páginas no oficiales de internet y de las redes sociales, con los riesgos que ello conlleva.
Por eso, como sociedad, tenemos la responsabilidad de ofrecer a los niños y a los jóvenes un espacio seguro donde puedan hacer preguntas, expresar dudas, y construir una visión sana de la sexualidad. No podemos dejar su educación en manos del azar, o del contenido digital descontrolado.
El papel de la familia es crucial
El papel de la familia es especialmente relevante también en este contexto, y no hay que esperar a una ‘gran charla’ sobre sexualidad. Lo más eficaz es crear un ambiente de confianza desde pequeños, donde el niño sepa que puede hablar con sus padres sobre cualquier tema sin miedo ni vergüenza.
Por ello, hablar de sexualidad de forma natural y adaptada a cada etapa del desarrollo es esencial para promover relaciones sanas, prevenir abusos y cuidar la salud física y emocional.
Eso sí, la salud sexual también implica educar en diversidad, en el respeto a las distintas orientaciones e identidades, y en la igualdad de género. Transmitir valores como la empatía, la responsabilidad afectiva, y la autonomía es tan importante, como hablar del uso del preservativo, o de los métodos anticonceptivos.
La clave está en hablar, en escuchar, en acompañar, y en educar sin miedo. Sólo así podremos garantizar que nuestros niños y adolescentes crezcan con herramientas reales para cuidarse y cuidar de los demás.
