Intolerancia a la lactosa: cómo saber si la leche te sienta mal y qué hacer

Eider Sánchez
Responsable del servicio de Nutrición de Policlínica Gipuzkoa
Tomar leche y acabar con gases, hinchazón abdominal, náuseas, o diarrea no significa necesariamente tener una alergia. La intolerancia a la lactosa es un trastorno digestivo relacionado con la dificultad para digerir este azúcar presente en la leche y en sus derivados, debido a una cantidad insuficiente de lactasa en el intestino delgado.
A diferencia de la alergia a las proteínas de la leche, no implica una reacción del sistema inmunitario y sus manifestaciones suelen ser digestivas. Además, tener intolerancia no significa necesariamente renunciar a todos los lácteos: muchas personas pueden tolerar determinadas cantidades o productos como el yogur y algunos quesos.
Por eso, conocer las diferencias resulta clave para evitar diagnósticos erróneos y restricciones alimentarias innecesarias. Actualmente, afecta a una parte significativa de nuestra población, con una incidencia estimada de entre el 20% y el 40%.
El origen de la intolerancia: un déficit de lactasa
En concreto, la intolerancia a la lactosa no es una alergia, si no un trastorno digestivo, que puede provocar síntomas digestivos muy molestos. Mientras, la alergia a la leche implica una reacción del sistema inmunitario a las proteínas de la leche, y puede llegar a ser grave, incluso potencialmente mortal.
Se produce concretamente por un déficit de lactasa, una enzima necesaria para descomponer la lactosa, el azúcar presente en la leche y en sus derivados. De esta manera, y cuando no hay suficiente lactasa en el intestino delgado, la lactosa no se digiere correctamente, y pasa al intestino grueso, donde las bacterias la fermentan, provocando síntomas como gases, distensión abdominal, náuseas, o diarrea como hemos comentado; la cantidad de lactosa que provoca síntomas varía de una persona a otra, y muchas personas con intolerancia pueden consumir cierta cantidad sin presentar molestias.
Los síntomas de la intolerancia suelen aparecer entre 30 minutos y 2 horas después de consumir productos lácteos, aunque en algunos casos pueden tardar más. El diagnóstico se basa principalmente en la historia clínica y los síntomas, aunque existen pruebas como la prueba de hidrógeno en aire espirado o la prueba de tolerancia a la lactosa en sangre".
Qué hacer si detectamos que la leche nos sienta mal
Ante la sospecha de intolerancia, lo mejor es acudir a un profesional sanitario que pueda hacer una valoración completa y evitar restricciones innecesarias en la dieta siempre. Además, no siempre es necesario eliminar todos los lácteos.
Muchos intolerantes a la lactosa pueden consumir cierta cantidad sin síntomas e incluso algunas pueden tolerar mejor pequeñas cantidades, especialmente junto con las comidas. De hecho, muchos intolerantes pueden consumir yogures, kéfir, y los quesos curados o duros, ya que estos productos lácteos suelen contener menos lactosa y pueden ser mejor tolerados. A su vez, existen productos lácteos sin lactosa que conservan su aporte de calcio, fundamental para la salud ósea.
Para quienes no consumen lácteos, asimismo, existen una serie de alternativas ricas en calcio como las semillas de sésamo, los pescados pequeños con espina (como las anchoas o las sardinas, por ejemplo), aparte de numerosos frutos secos, legumbres, y verduras de hoja verde que pueden favorecer ese aporte de calcio que no nos va a proporcionar el consumo de leche en este caso.
