Lesión de un nervio: lo habitual es recuperarse

Dr. José Luis Fernández Plaza
Especialista en Neurofisiología Clínica del Hospital Quirónsalud Sur
La lesión de un nervio suele vivirse con inquietud. La pérdida de fuerza, el hormigueo, el adormecimiento o la sensación de que una parte del cuerpo deja de responder llevan a pensar de inmediato en una secuela permanente. Sin embargo, el pronóstico general suele ser mucho mejor de lo que imagina el paciente: en la mayoría de los casos sí se produce una recuperación, a menudo muy completa, especialmente en la función motora. Lo que cambia de una persona a otra es, sobre todo, el tiempo necesario para conseguirla.
La mayoría de las lesiones nerviosas evolucionan favorablemente y pueden llegar a recuperar de forma muy satisfactoria, aunque el plazo depende de la gravedad de la lesión y de la edad del paciente.
Un cable eléctrico
Para entender por qué un nervio puede recuperarse conviene compararlo con un cable eléctrico, aunque con una diferencia decisiva: el nervio es una estructura viva. Igual que un cable tiene un recubrimiento externo y unos filamentos internos que conducen la electricidad, el nervio dispone de una envoltura protectora y de unas fibras que transmiten información. Esa señal viaja en dos direcciones: hacia los músculos, para generar movimiento, y hacia el cerebro, para llevar la sensibilidad.
La gran diferencia con un cable convencional es que, si sufre una agresión, el nervio tiene capacidad de regenerarse. Puede ocurrir tras un traumatismo, una compresión mantenida o determinadas enfermedades. Esa capacidad de recuperación existe en lesiones leves, moderadas e incluso graves, aunque la evolución y los plazos no son iguales en todos los casos.
En las lesiones más leves puede producirse solo un bloqueo de la conducción nerviosa, sin que exista una rotura real de las fibras. En estas situaciones, cuando desaparece ese bloqueo, la mejoría puede ser relativamente rápida e incluso llamativa. El paciente nota entonces que recupera fuerza o sensibilidad en poco tiempo.
Cuando la lesión es mayor, algunas de las fibras internas del nervio pueden romperse. En ese momento, la recuperación ya no depende solo de que ceda el bloqueo, sino también de que esas fibras vuelvan a crecer y restablezcan su contacto con el músculo o con la zona sensitiva correspondiente. Es un proceso biológico más lento, que requiere tiempo y seguimiento.
En los cuadros más severos puede llegar a producirse una sección completa del nervio. Es la situación más compleja, porque el organismo necesita reconstruir un camino que ha quedado interrumpido. En estos casos, a veces es necesario recurrir a técnicas quirúrgicas para favorecer la regeneración. Aun así, incluso en lesiones importantes puede lograrse una recuperación notable, e incluso completa, aunque el proceso sea más largo.
La EMG como detector
En la valoración de estas lesiones, la electromiografía, conocida como EMG, desempeña un papel fundamental. Esta prueba permite analizar cómo ha quedado el nervio después del daño, identificar si existe bloqueo, detectar signos de denervación y comprobar si ya se está produciendo reinervación. Dicho de otra forma, ayuda a saber en qué fase se encuentra la recuperación y permite orientar mejor el pronóstico.
Eso sí, hay un aspecto importante: la EMG no debe realizarse demasiado pronto. Los cambios que detecta esta prueba necesitan un tiempo para aparecer, de manera que hacerla inmediatamente después de la lesión suele aportar poca información útil. Por eso, en las primeras fases, tan importante como el estudio médico es la paciencia.
El mensaje final para el paciente es claro: una lesión nerviosa no equivale, ni mucho menos, a una pérdida definitiva. Lo habitual es que exista recuperación, aunque el ritmo dependa de la magnitud del daño, de la edad y de la evolución individual. Entender que el nervio necesita tiempo para regenerarse ayuda a afrontar el proceso con más tranquilidad y con expectativas realistas.

