Anabel Alonso: "Cuando una mujer se rebela, se siente culpable de no ser una buena hija, madre o pareja"
La actriz protagoniza el monólogo teatral La mujer rota, basado en un texto de Simone de Beauvoir.

Madrid--Actualizado a
Anabel Alonso (Barakaldo, 1964) es un torrente. Irrumpe con furia nada más levantarse el telón y durante una hora y media no concede tregua alguna al público. Metida en la piel de Murielle, su actuación es arrolladora y locuaz. El personaje creado por Simone de Beauvoir está solo sobre el escenario y en la vida. Es Nochevieja y, abandonada por su marido, La mujer rota no deja de recordar. Dirigido por la directora argentina Heidi Steinhardt, el monólogo puede verse en el Teatro Infanta Isabel de Madrid hasta el 18 de noviembre.
Cuando se baja del escenario, no es tan verborreica…
Yo soy bastante dada a hablar, pero no tanto como Murielle. En realidad, hemos puesto en su boca lo que estaría dentro de su cabeza, de ahí su pensamiento acelerado, su caos mental y su verborrea infinita.
De hecho, el texto no fue escrito para ser representado.
Es un texto literario, pero Heidi Steinhardt le vio esos mimbres para ponerlo en pie. Su trabajo ha sido bestial, porque es un monólogo escrito sin puntos, ni comas, ni acotaciones. Tuvo que inventarse su mundo, es decir, todo lo que se le pasa por la cabeza en Nochevieja: la ira, el dolor, la rabia…
Entiendo que esa voz interior incontinente, escrita para ser leída y no representada, ha dificultado su trabajo.
Sí, pero todo el equipo y hasta la escenografía me han arropado, lo que es digno de destacar, porque su labor provoca que al final resalte yo. Creo que es el texto más difícil que he memorizado a lo largo de mi carrera, porque no es que tenga un hilo conductor, sino que rompe los pensamientos y entra en bucle. Fue complicado imprimirle ritmo y velocidad, sin que el monólogo perdiese sentido, así como meterse en la cabeza del personaje. Además, Heidi Steinhardt quería que memorizase gran parte del texto antes de ponernos a ensayar, por lo que, sin acción, no podía asociar los movimientos con las ideas. O sea, lo memoricé a palo seco, como si estudiase Derecho.
Sin destripar la obra, su personaje está atravesado por la tragedia. Hay quien podría calificarla como una histérica, hasta que…
Más que histérica, está desquiciada.
Cierto, porque aunque me refería a su nerviosismo, ha sido usado como un insulto machista. Como le decía, alguien podría atribuirle determinados adjetivos hasta que conoce los motivos de su comportamiento. Por ejemplo, su primer marido le ha sido infiel después de veinte años de matrimonio y el segundo la ha dejado para irse con otra. ¿Quizás somos demasiado prejuiciosos?
Es un truco de Simone de Beauvoir, cuyo texto está escrito con mucha inteligencia, porque presenta a un personaje desquiciado desde que aparece en escena y grita: "¡Imbéciles!". El espectador se pregunta por qué está enfadada con el mundo, hasta que las pistas que va dejando la autora a lo largo de la representación muestran a una mujer que se reivindica y, al mismo tiempo, no encuentra su lugar en la tierra.
Esa es una de las conclusiones del monólogo: cuando una mujer deja de ser esposa y madre, desaparece o es descartada por la sociedad.
Claro. Sin embargo, me gustan esas contradicciones de las mujeres y de las feministas que plantea Simone de Beauvoir: quiere ser independiente, pero también tener un marido, un hijo y un hogar. A lo largo de los siglos nos han inculcado cómo debe ser la mujer, por lo que si te rebelas, te queda un resquicio de culpa: de no ser buena hija, buena madre o buena pareja. Cuando un hombre antepone su carrera a su familia, no lo llaman mal padre. En cambio, a nosotras sí que nos califican como malas madres, porque seguimos siendo juzgadas con otro rasero.
Pese a los avances del feminismo, ¿el machismo ha comenzado a usar nuevas máscaras? ¿Hay una regresión machista en los jóvenes?
Claro. Aunque hayamos dado pasos de gigante, hay un techo de cristal, los puestos directivos de las empresas son masculinos, se nos pide una mayor cualificación, talento y capacidad de trabajo, etcétera. Al tiempo que debemos encargarnos de la familia y las tareas del hogar, mientras que el hombre solo "colabora". ¿Cómo? Tú no "ayudas", sino que tienes que hacerlo.
El machismo no es una cuestión de ideología. Indudablemente, asocias las actitudes machistas a las posiciones más conservadoras, pero también hay muchos camaradas machistas, como decía Simone de Beauvoir. En la lucha contra el capitalismo y a favor de la revolución, las mujeres quedaban relegadas a un segundo plano. Muchos hombres de izquierdas dicen que no son machistas de boquilla, pero a la hora de la verdad…
Al igual que a nosotras nos han inoculado cómo debe ser una buena madre, hija y esposa, a ellos, desgraciadamente, también les han inculcado qué papel tienen que jugar y qué comportamiento deben tener. Indudablemente, hay muchos hombres víctimas del machismo, porque no están cómodos y son discriminados por no ajustarse al modelo heteronormativo o patriarcal.
De las malas madres a las malas abuelas, quienes dejan claro que no quieren convertirse en las canguros de sus nietos.
Me parece maravilloso, porque quieren disfrutar de todo lo que no han podido hacer hasta su jubilación. Además, antes las mujeres no elegían tener hijos, porque era una imposición, pero ahora son ellas quienes deciden tenerlos.
¿Cree que el 8M y el Me Too ha provocado una reacción ultra?
O no transmitimos bien el mensaje, o bien se tergiversa, algo muy propio de los ultras, que consideran que las mujeres estamos en contra de los hombres o que queremos quitarles sus derechos, que no serían tales sino privilegios. Además de las malinterpretaciones, muchas personas se creen esos bulos. ¿Qué es eso de que un tío te toque el culo porque le da la gana? ¿Por qué Luis Rubiales le planta a Jenni Hermoso un beso en los morros? ¿A que no se lo habría dado al capitán de la selección masculina de fútbol?
Isabel Díaz Ayuso desobedece la ley, rechaza crear el registro de médicos objetores en la Comunidad de Madrid y asocia el aborto a la depresión, el suicidio o el consumo de drogas: "Váyanse a otro lado a abortar".
Además de terrible, es una mentira. Y que una presidenta autonómica no cumpla la ley me parece una aberración. Sin embargo, no pasa nada. Su impunidad es bestial y no ponerle coto a sus desmanes, un gran error. La derecha rechaza los avances y la consecución de los derechos (divorcio, aborto, matrimonio igualitario…), pero siempre ha sido hipócrita, porque no quieren para los demás lo que ellos sí tienen. O sea, pretenden que sean privilegios, no derechos.
Antes, las mujeres de las familias pudientes iban a Londres y no se jugaban la vida abortando en la clandestinidad. Y, como no existía el divorcio, los hombres tenían a una amante y a su mujer en casa. Puede haber unos pensamientos conservadores o asociados a una clase adinerada, pero me flipa profundamente que esos discursos calen en las clases medias bajas.
¿Cree que Alberto Núñez Feijóo y Génova están atados de pies y manos por Ayuso y Vox? ¿A quién le tienen más miedo?
Por los hechos, me parece que Feijóo le tiene más miedo a Ayuso que a Vox, porque nunca le ha enmendado la plana, lo que dice poco de él como líder del Partido Popular.
Simone de Beauvoir advirtió en su día: "No olvidéis nunca que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, tenéis que permanecer vigilantes toda vuestra vida".
A las pruebas me remito, véase la postura de Ayuso respecto al aborto. Y como está financiado por la sanidad pública, me pregunto: ¿los médicos que se declaran objetores luego practican abortos en la privada?
La editorial Gallimard no permite modificar el texto, publicado en 1967, que no fue escrito para el teatro. Sin apenas ninguna adaptación posible que lo haga más contemporáneo, ¿sigue vigente el texto de La mujer rota?
Sí, porque la esencia son los sentimientos humanos: el dolor, la rabia, el abandono, la impotencia, el sufrimiento, la pérdida... O sea, algo intemporal.
Durante el monólogo, usted al menos está acompañada por el público, no como Murielle. ¿Le tiene miedo a la soledad?
No lo he pensado profundamente. Yo soy bastante bastante solitaria, pero no sé si llevaría bien una soledad no elegida. Creo que no.
La dirige su pareja, la directora argentina Heidi Steinhardt. ¿Cómo lleva recibir órdenes de su chica?
Tenemos un código, porque nos conocimos trabajando, cuando todavía no éramos pareja. Siempre lo hemos tenido muy claro: "Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas". Es decir, no llevamos el trabajo a casa.
¿Qué enseñanzas ha extraído de Simone de Beauvoir? ¿Y qué preguntas y respuestas cree que está planteando la obra al público?
La obra nos interpela a todos y también al sentimiento de culpa que tenemos las mujeres: quizás viene de fábrica y, muchas veces, de la mirada del otro. Me gusta Simone de Beauvoir porque no plantea respuestas, sino preguntas. La protagonista, por ejemplo, se reivindica y se queja de que abusan de ella, pero al mismo tiempo quiere a un hombre bajo su techo porque así el portero o el fontanero la respetarían. ¿Hasta qué punto somos contradictorios?, nos pregunta la autora. Somos un cúmulo de contradicciones y así lo refleja La mujer rota.
¿Qué sociedad le espera a su hijo?
Soy optimista por naturaleza y, si miro hacia atrás, veo que hemos avanzado, aunque luego me desorienta el auge de la ultraderecha. Me da más miedo el futuro del planeta —nuestra casa— y que haya alcanzado un punto de no retorno. La cuestión social me preocupa menos, porque quiero pensar que hay un suelo, pero luego soy realista y veo cómo han estado masacrando durante dos años al pueblo palestino.
Yo esperaba que los Estados reaccionaran ante la actitud de Israel, por una cuestión humanitaria y por la vulneración de derechos, pero han permanecido callados. ¿Por qué se lo han consentido? ¿Hasta qué punto están sometidos? ¿A qué intereses responden? Todo eso se me escapa, porque Israel ha cruzado todas las líneas rojas. ¡Y me preguntabas qué mundo le vamos a dejar a nuestros hijos! Pues no sé qué decir. Mira cómo me he quedado. La optimista...








Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.