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El auge de las miniseries: cuando el valor de la ficción no depende del tamaño

Acostumbrados a las producciones generosas en temporadas, un formato antiguo de minutaje reducido parece estar ganándose a la parroquia seriéfila a base de intensidad narrativa y una estructura con un desenlace precocinado.

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Un instante en la comedia dramática 'Fleabag'.

Los últimos premios Emmy evidenciaron un ligero cambio de tendencia en el gran relato audiovisual contemporáneo. La despedida de Juego de Tronos tras una década de duelos cruentos, incestos y tejemanejes palaciegos, dejaba un vacío difícilmente eludible. La octava y última temporada de la serie fantástica se despidió en olor de multitudes después de haber zarandeado la industria durante años. Y hasta aquí lo que se daba; a rey muerto, rey puesto. De hecho, en su corte ya merodean otras narrativas de menor recorrido pero de una intensidad que no tiene nada que envidiar a la saga fantástica.

Hablamos de producciones como Chernobyl o Fleabag, triunfadoras indiscutibles con tres y cuatro galardones respectivamente. La miniserie sobre el desastre nuclear se llevó tres galardones por los cuatro de la comedia de Phoebe Waller-Bridge. El reinado de Juego de Tronos, concebida para perdurar en el trono, daba paso a dos miniseries creadas con un principio y un final en mente. Un nuevo paradigma que evidencia la enésima mutación televisiva en la era de las plataformas online.

Un modelo entrópico en el que los personajes y las tramas evolucionan durante años en función del interés de la audiencia –rayando en ocasiones la caricatura o el desquicie– coexiste ahora con otro de menor minutaje y en el que la introducción, el nudo y el desenlace se sirven precocinados. Un nuevo paradigma que, en palabras de la experta seriéfila Aloña Fernández Larrechi, “no depende tanto de un interés por parte de la gente de consumir cosas más breves, sino del modo en que a las plataformas les interesa promocionar sus productos”.

'Chernobyl'.

En efecto, junto a la breve cita semanal con la serie de cabecera, perviven, por ejemplo, las sesiones maratonianas en colectividad. Para gustos, los colores. El consumo se antoja diverso y para nada sectario. “La audiencia es muy dispar; hay quien prefiere determinadas series por un interés temático, y no le importa verse 14 temporadas de Anatomía de Grey seguidas, y quien se decanta por optimizar el tiempo que pasa delante de la pantalla, por eso no creo que sea una cuestión de que hayan cambiado los modos de consumo”, explica Aloña.

Marina Such, redactora jefe de Fuera de Series, coincide en que es la industria –y no tanto los usos y costumbres del usuario medio– la que está marcando el camino en la oferta: “Digamos que es una cuestión de prioridades; con un determinado presupuesto, lo que te puedes gastar en una serie de 20, si lo empleas en una de cinco luce mucho más”. Conviene matizar, en todo caso, el habitual equívoco entre inversión y calidad: “Se barajan cifras desproporcionadas, ya hay quien quiere gastarse 100 millones de dólares por temporada, cuando esto no es sinónimo de un buen producto, mira por ejemplo Fleabag, está rodada con muy poco dinero y el resultado es óptimo”.

'True Detective'.

La agenda de las estrellas

Y luego está el elenco. Un factor que ha terminado por condicionar también la duración de estas producciones. Si en Inglaterra la miniserie o serie corta responde a una tradición, la importación de este modelo a Estados Unidos responde más a una cuestión de agenda. “En las series cortas puedes fichar grandes nombres que quizá no firmarían un proyecto de 16 temporadas, es el caso, por ejemplo de True Detective, dos actores de primera línea como Matthew McConaughey y Woody Harrelson es complicado que se comprometan para tanto tiempo”, apunta Such.

Es habitual, por otra parte, vincular la calidad a la duración. Se tiende a pensar que las producciones largas terminan cayendo en guiones enmarañados y personajes poco creíbles que crecen al dictado de los intereses comerciales. No siempre es así. “Hay grandes producciones que se extienden en el tiempo, como Juego de Tronos, a las que no se les puede acusar de tramas inanes o personajes planos, mientras que también hay miniseries, como podría ser Collateral, que quieren contar mucho en poco tiempo y el resultado es muy superficial”, apostilla Such.

En todo caso, no es descabellado pensar que, a la hora de estirar una historia, sea su fuerza narrativa la que salga perdiendo. Algo que no tendría por qué suceder en un proyecto concebido con un principio y un final, aunque también en estos casos el formato termina por condicionar el resultado final: “El hecho de contar con menos tiempo hace que, en ocasiones, la producción carezca de hondura, resulte demasiado aséptica o se olvide de los secundarios”, zanja Aloña.