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Brutalismo Arquitectura y poder: cuando se construye una ideología

De la URSS hasta Moratalaz, toda edificación tiene un componente ideólogico, a veces difícil de rastrear, pero presente hasta en el menor de los detalles.  

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Alexandra Road Estate, de Beyond the captured image

El filósofo esloveno Slavoj Žižek tiene la idea de que hasta en la mínima cimentación se puede encontrar identidad política, y ponía como prueba la construcción de los retretes en Francia, Reino Unido y Alemania.

En los váteres franceses, el excremento se va rápidamente, lo que Žižek relaciona con lo drástico de sus revoluciones a base de guillotina: una despedida rápida. El pensamiento anglosajón, pragmático y liberal, prefiere construir inodoros donde las heces se queden flotando para que la cuestión acabe resolviéndose sola. Por último, los alemanes, a los que considera contemplativos, prefieren un váter donde el excremento quede expuesto, para trabajar con calma el problema. "Es fácil decir que no hay ideología, pero vas al baño y te sientas sobre ella", concluye el filósofo.

Encontrar simbología en los proyectos faraónicos destinados a perdurar y a consolidarse en la historia es presumible. Cuando Norman Foster diseñó la cúpula del parlamento alemán, en 1993, buscó que fuera enorme y transparente como conmemoración de la reunificación entre el este y el oeste. El ejemplo contrario es el que pretendió hacer Hitler en la Berlín que se imaginaba, con un 'pabellón del pueblo' (Volkshalle en alemán) tan inmenso que, de haberse llevado a cabo, la condensación en su interior generaría tibias lloviznas. 

De lo Estatal a lo particular

Fue también el Führer, quien, conocedor del poder de la arquitectura, censuró a la escuela Bauhaus, que desoía la pomposidad y grandilocuencia del nazismo en favor de un progresismo enfocado al utilitarismo y la ausencia de ornamentos.

"Los nazis intentaron hacer un tipo de arquitectura con un carácter muy marcado en torno a su idea de civilización a la vez que nacía el movimiento de la Bauhaus. No se podía asociar la Bauhaus con lo que pasaba políticamente en Alemania", cuenta Luis Lope de Toledo, arquitecto y periodista.

París se reformó para conseguir una urbe fácil de controlar y sofocar así manifestaciones y luchas callejeras

Hay analistas que ya ven en el Imperio Romano intentos por empapar de su ADN cada ladrillo: "Eran obras utilitarias impregnadas de carácter propagandístico", asegura Jose María Álvarez, profesor de la UNED, en La arquitectura romana como expresión de una ideología. Cada puente construido a miles de kilómetros del centro administrativo buscaba ser un símbolo de la Pax Romana y de prosperidad, con el caso peninsular más evidente en el Puente de Alcántara, del año 103 d.C, un ejemplo del mensaje de funcionalidad que los romanos querían hacer perdurar. Incluso la actual decisión del Ayuntamiento de Barcelona de aplicar criterios de género en los proyectos urbanísticos venideros, evitando la edificación de zonas oscuras, revelan que la arquitectura puede estar influenciada por la política. 

Puente de Alcántara, en Cáceres.

En la Francia napoleónica también quedan vestigios de restos de arquitectura ideológica. Fue Napoleón III el que encargó al barón Georges-Eugène Haussmann una reestructuración urbanística entre 1853 y 1870 que conllevaría instalar en París un trazado en cuadrícula con dos funciones: una, la honorable causa de evitar callejuelas donde se produjesen focos de epidemias. Otra, conseguir una urbe fácil de controlar y sofocar así manifestaciones y luchas callejeras antes de que se convirtieran en un problema.

El brutalismo inaugural de la URSS

La Unión Soviética tuvo varios planes de urbanismo entre manos, con sustanciales variaciones unos de otros. El objetivo siempre fue el mismo: construir viviendas obreras de calidad. 

Casa Mélnikov. Fuente: Wikipedia.

El arquitecto moscovita Konstantín Mélnikov propuso en 1927 un formato de casa con planta circular: "La casa Melnikov fue importante porque en sus inicios fue desarrollada como proyecto social, por ello llegó a ser económica, flexible, eficiente, sostenible y de rápida y fácil construcción, pues fue pensada como vivienda obrera; y terminó convirtiéndose en un destacado hito del modernismo ruso", cuenta Ramiro Pascal de Marzo, de la Universidad de Perú, en Racionalismo en la Unión Soviética.

Sin embargo, el plan definitorio e identitario, es el que se llevó a cabo tras la muerte de Stalin. La URSS lanzó un mensaje al mundo y transformaron las villas nobiliarias en oficinas sindicales, así como los palacios de los zares se convirtieron en museos.

Nikita Jrushchov, presidente del consejo de ministros soviético, organizó un plan de construcción de viviendas muy ambicioso, con el objetivo de que sus compatriotas pudiesen disponer de apartamentos propios. El resultado fue una construcción industrial de hogares: masa de cemento y ladrillo para generar casas homogéneas. Entre julio de 1957 y 1980 se construyeron 2,2 millones de casas, algo que sirvió para los soviéticos abandonaran las komunalkas (pisos donde la cocina y el baño eran compartidos por varias familias). 

Edificios de creación soviética de la cuenta de Instagram 'northern.friend'.

"En el brutalismo se enseña el material de una manera bruta, sin alegoría visual"

Los planes de la Unión Soviética se diseñaron en torno a lo que ahora se conoce como brutalismo, concepto acuñado por Reyner Banham, basado en la simetría, geometría angular y repetición. Fue un estilo de origen británico que tuvo su primer gran impacto en las repúblicas socialistas, para posteriormente dar la vuelta al mundo: "En el brutalismo se enseña el material de una manera bruta, sin alegoría visual. El ladrillo y el hormigón –materiales principales– ni se pintan ni se revisten y suelen ser grandes bloques de varios pisos. Son viviendas colectivas, que refuerzan el ideal comunista", asegura Lope de Toledo. 

El brutalismo recorrió el mundo tras la puesta en escena soviética, pero ya sin una excusa ideológica por medio. La Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense y el Colegio de Médicos de Sevilla son un ejemplo de ello, aunque hay otros que en lugar de hacer olvidar la lucha de clases, la pone encima de la mesa, como fue el caso del edificio de realojo conocido como El Ruedo, en Moratalaz.

El Ruedo es uno de los edificios de realojo más grandes de España. PABLO SEMPERE