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La celebración que marcó el pulso de la izquierda

La fiesta-mitin del PCE corre el peligro de desaparecer después de 30 años

PAULA CORROTO

Música, juerga, diversión. Botellines por los suelos, vasos de plástico. Camisetas del Che. Pero también puños en alto, la Internacional, coloquios y mítines. Mucha política. En estos tags se resume el color de la Fiesta que el Partido Comunista de España (PCE) ha celebrado durante los últimos 30 septiembres en el recinto de la Casa de Campo de Madrid. Un acontecimiento que, según han comentado sus organizadores a Público, ha marcado el palpitar de la izquierda en nuestro país. Desde los momentos más comprometidos a los más duros para el partido. Desde aquellos años en los que una Izquierda Unida boyante alcanzaba los 21 diputados, a la debacle de la última cita electoral.

Precisamente, este año no habrá fiesta en septiembre. "No es el momento más positivo desde un punto de vista organizativo", reconoce el responsable de la Fiesta, Francisco Martínez. El partido también señala las presiones por parte del Ayuntamiento para poder utilizar el recinto de la Casa de Campo. Sin embargo, no quieren tirar la toalla y piensan retomar la celebración en primavera, antes del 18º Congreso del PCE, que tendrá lugar en junio. De momento, son malos tiempos.

Muy distinto de la explosión de júbilo que marcó la primera edición, allá por 1977. El PCE había sido legalizado por el Gobierno de Adolfo Suárez el 9 de abril -el famoso sábado santo rojo-y se decidió organizar una fiesta mitin en la localidad madrileña de Torrelodones en junio, justo antes de unas elecciones generales en las que el partido, dirigido por Santiago Carrillo, llegó a conseguir 19 escaños. Fueron tres días y la afluencia llegó al millón de personas, por lo que se volvió a organizar otra fiesta en septiembre del mismo año en la Casa de Campo. El lugar y la fecha quedarían así fijados para las siguientes tres décadas.

"La fiesta se convirtió desde entonces en el inicio del curso político y cultural", recuerda Ginés Fernández, secretario de Comunicación del PCE. Porque es allí donde, aparte de los dardos internos entre los dirigentes comunistas y la dirección de Izquierda Unida, comenzaría a debatirse de temáticas como la entrada en la OTAN, la crisis económica de finales de los ochenta o el Tratado de Maastricht. "Antes de que Julio Anguita hablara de Maastricht, casi todo el mundo pensaba que aquello era una marca de champú. Después de su discurso en la fiesta, la percepción cambió completamente", señala Martínez.

Aquello sucedía a finales de los ochenta. Los mejores años de la fiesta. "Se llegaba a las 400.000 personas con facilidad", dice Martínez. Los noventa comenzaron bien, pero acabaron en una travesía del desierto. No sería hasta 2003 cuando la afluencia comenzaría a crecer. Para los dirigentes, los casos del Prestige e Irak fueron determinantes: "Es evidente que cuando mayor movilización social hay, más personas acuden, aunque voten a otros partidos", confiesa Ginés Fernández. La última edición, la de 2007, rozó los 35.000 asistentes.

Ahora bien, si hay un tirón en la fiesta, aparte del político, es el de la música. La base ha sido el rock duro español, y desde el principio estuvieron en el escenario Leño -después Rosendo- o Porretas, para dar espacio más tarde a Siniestro Total, Reincidentes, Canallas o Mamá Ladilla, entre otros muchos. Los cantautores también han sido uno de sus pilares - Víctor Manuel, Ana Belén, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina saben mucho de esto-. Incluso en los últimos años se ha dado entrada al pop comercial (Amaral) y al indie (La Vacazul).

Este septiembre no habrá fiesta en la Casa de Campo. Habrá que esperar al próximo junio.