Chenoa y Estopa se incorporan a la carrera por liderar el gran ritual televisivo de las Campanadas
La televisión pública anuncia sus presentadores para Fin De Año y vuelve a demostrar que el gran ritual televisivo ya no se juega a medianoche: empieza semanas antes, cuando se deciden los rostros, se activan las polémicas y las audiencias entran en disputa.

Lara García Rodríguez
Madrid--Actualizado a
Las Campanadas son el nuevo debate de sobremesa de Nochevieja: ahora hablamos de audiencias, gordofobia, vestidos y feminismo. Cada año, millones de hogares en España vuelven a sumarse a una tradición que funciona como ritual simbólico y excusa colectiva para la celebración, pero que también se ha transformado en todo un acontecimiento mediático.
La retransmisión genera un pico elevado a Medianoche: cuando el reloj marca las 12, la audiencia se concentra durante apenas unos minutos. En este contexto, la pugna por decidir quiénes serán los rostros elegidos de cada cadena para retransmitir el momento desde los balcones de la Puerta del Sol genera expectación varias semanas antes de que se celebre. Este año, los canales generalistas anunciaron a sus "elegidos" entre el 23 de octubre y el 12 de noviembre. Antena 3 fue la primera en mover ficha y reconfirmó a Alberto Chicote y Cristina Pedroche como presentadores del especial de Fin de Año. Poco después, Mediaset anunció su apuesta por Sandra Barneda y Xuso Jones. RTVE fue la última en hacerlo y presentó a Andreu Buenafuente y Silvia Abril como conductores de la retransmisión, aunque tuvo que rectificar la decisión cuando el cómico catalán comunicó su intención de "parar" algunos proyectos profesionales por motivos personales. 13 días antes del gran evento, la cadena pública ha desvelado su plan alternativo: Chenoa y Estopa.
Quién da las uvas sí importa
No se trata de un relevo anecdótico: desde hace algunos años, cada elección de presentadores reactiva debates sociales que trascienden la pantalla. En 2024, la polémica en torno a Lalachús y la gordofobia volvió a situar el foco sobre los cuerpos. Antes, el impacto mediático del vestido de Cristina Pedroche había convertido las Campanadas en conversación pública durante meses. Más que un simple directo, el evento funciona ya como un termómetro cultural que mide sensibilidades, discursos y tensiones sociales en el arranque del año.
En ese marco, la elección de Estopa y Chenoa como presentadores surge de la necesidad de buscar un plan alternativo, pero también es un buen reflejo de la lógica de audiencia y posicionamiento mediático que persiguen las televisiones con esta gala.
Chenoa ha participado en varios formatos de la televisión pública este 2025, como Dog House. Su presencia al frente de formatos como The Floor ha generado buenos resultados de audiencia, con alrededor de un millón de espectadores y cerca del 13% de share en su estreno en La 1. Además, es una figura reconocible en los especiales de RTVE en estas fechas: ya presentó las galas musicales en Feliz 2021 y Feliz 2023.
El carisma popular de Chenoa y los integrantes de Estopa ayudan a entender por qué RTVE ha decidido apostar estos presentadores en un evento donde el peso de la pública se vuelve una realidad medible.
La televisión pública como reloj colectivo
La retransmisión de las Campanadas funciona como un acontecimiento televisivo excepcional porque sincroniza a todo el país en un mismo instante y convierte un rito social en un espectáculo mediático legitimado por la participación colectiva desde los hogares. El récord histórico de audiencia lo ostentan las Campanadas de 2020, con más de 21 millones de espectadores y un 94,4% de cuota de pantalla. Un dato paradójico si se tiene en cuenta que fue la única edición en la que se vetó el acceso a la Puerta del Sol como lugar de celebración, debido a las restricciones de la pandemia.
Mucho antes de que la televisión convirtiera las Campanadas en un espectáculo de masas, el ritual ya había encontrado su primer altavoz mediático. Según el archivo histórico de la Comunidad de Madrid, la Nochevieja de 1933 fue la primera en la que las campanadas de la Puerta del Sol se retransmitieron en directo por la radio. Entonces, se instaló un micrófono en la Real Casa de Correos para permitir que la gente siguiera la tradición desde sus casas y se inauguró una forma de celebración compartida a distancia.
Casi tres décadas después, en 1962, Televisión Española trasladó definitivamente el rito a la pantalla, desde el mismo escenario simbólico, y lo fijó como una cita anual ininterrumpida —con la única excepción de 1973, cuando la retransmisión se realizó desde Barcelona—. RTVE se consolidó como la voz que marcaba el inicio del año para millones de espectadores. Esta continuidad histórica explica, en buena medida, el por qué del liderazgo de Televisión Española en la noche de Fin de Año.
En la Nochevieja de 2024, la retransmisión volvió a situar a la televisión pública en el centro del consumo televisivo del país: en el minuto exacto de las uvas, La 1 concentró a más de cinco millones y medio de espectadores y superó el 33% de cuota, imponiéndose en el tramo más decisivo de la noche. No obstante, el minuto más visto del día fue para Cristina Pedroche y su vestido en la Nochevieja de Antena 3.
Entre mitos y flautas
La costumbre de comer uvas durante las fiestas de invierno ya existía en España a finales del siglo XIX, pero el ritual de tomar las uvas en Nochevieja se documenta en Madrid, en la década de 1890. El 1 de enero de 1948, El Imparcial publicó: "Hasta hace pocos años eran muy contadas las personas que comían uvas el 31 de diciembre al sonar la primera campanada de las 12 de la noche. Hoy se ha generalizado esta práctica salvadora, y en cuanto las manecillas del reloj señalan las 12, comienza el consumo de uvas más o menos lozanas". En esta pieza llamada Las uvas bienhechoras, que también se publicó en el diario católico El Siglo Futuro, aún se puede leer: "La costumbre ha sido importada de Francia, pero ha adquirido entre nosotros carta de naturaleza".
Unos dicen que la burguesía madrileña, que ya estaba habituada a mirar con recelo a los burgueses franceses, imitaba algunas de sus tradiciones ante la Puerta del Sol. Otros afirman que lo que hacían los de Madrid era burlarse. Pero lo cierto es que no hay estudios oficiales que respalden esta teoría y lo único que se conoce es que los franceses comían uvas y brindaban con champán en su particular fiesta de celebración de Nochevieja: La Réveillon. Según el Museo de Historia de Madrid, la revista satírica Gedeón también documentó esta "costumbre madrileña", unos años más tarde, en 1987. La publicación satiriza sobre la tradición, pero no menciona explícitamente "12" uvas. Sí que menciona el por qué: "Las uvas, comidas con fe la última noche del año viejo, proporcionan la felicidad durante el año nuevo (…) Hay enfermo que confía más en las uvas que en todos los específicos del mundo".
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