El fenómeno de Nollywood y el despegue del cine africano
'La sombra de mi padre', de Akinola Davies Jr., primera película nigeriana seleccionada en Cannes, es otra muestra del despegue del sector.
La colonización, el expolio, la explotación y la desigualdad se repiten en las grandes obras de estas cinematografías, en las que hay importante presencia de mujeres.

Madrid--Actualizado a
Akinola Davies Jr. acaba de escribir una página nueva en la historia del cine africano al dirigir la primera película nigeriana seleccionada en Cannes, La sombra de mi padre, con la que ganó una mención especial.
Reconocida también con el premio a mejor dirección en los British Independent Film Awards y con el BAFTA al mejor debut de un escritor, director o productor británico, es una historia semiautobiográfica que indaga en las relaciones de Nigeria con la democracia.

"Estamos muy acostumbrados a ver historias de Europa. Yo he visto muchas películas de Pedro Almodóvar y gracias a ellas puedo ver lo que significa ser español. Es igual cuando veo películas de Scorsese o de un director británico, de Hitchcock… te dan una perspectiva de lo que significa ser de ese lugar. Y creo que es importante tener una perspectiva también de otras partes del mundo, como África, porque el cine te permite viajar, abrir un puente al resto del mundo y aprender de otras culturas, sus comidas, sus idiomas…", dice Davies, heredero orgulloso de cineastas como Ousmane Sembène o Souleymane Cissé, grandes nombres de la historia del cine y padres del cine del África subsahariana.
Tras la independencia
Sembène rodó muy poco después de la independencia de Senegal La noire de…, su primera película (1966), en la que a través de la historia de una mujer contratada por una familia de burgueses franceses denunciaba la explotación que sufría su pueblo a manos de los colonizadores. Con ella adelantaba alguno de los caminos que seguirían los cineastas africanos a partir de ese momento.
Colonialismo, religión, política, desigualdad, abusos… han ido apareciendo desde aquella producción fundacional en el cine africano, que hoy por fin ha abierto algunas puertas al resto del mundo y que ha sorprendido por su especial dinamismo, por la importante presencia de mujeres cineastas y, sobre todo, por el fenómeno de Nollywood, la industria de Nigeria que ya es la segunda del mundo en número de producciones.
Nollywood
Mientras las antiguas colonias francófonas aprovecharon las salas de cine, los cineclubes, los festivales y todos los medios que dejaron los colonizadores, Nigeria, colonia inglesa, no parecía que fuera a tener un papel a destacar en el cine.
Sin embargo, la tradición del teatro itinerante de los yoruba plantó la semilla de la industria próspera que es hoy. Se grababan las representaciones y luego se vendían en citas de VHS. Los igbo, una de las etnias más numerosas, siguieron el ejemplo, y del alrededor de 200 películas de aquellos comienzos han llegado a producir más de 2.000 películas al año (menos que Bollywood, más que Hollywood).
Love & New Notes, una película de Kayode Kasum, una comedia romántica que bucea en los cambios políticos y económicos en el país en los 80 y en sus consecuencias para los nigerianos, es el éxito más reciente de esta industria, que se alimenta ahora también de las plataformas y que con ellas ha roto las fronteras del continente.
Grandes nombres
Las producciones de Nollywood no son cine de mucha calidad ni de altos presupuestos, y su objetivo principal es el puro entretenimiento. Aunque con excepciones, en ello se distancian mucho del cine del África subsahariana que se ha hecho desde los procesos de independencia y que ha dado algunas películas enormes.
El mencionado Ousmane Sembène denunció desde el cine, con Moolaadé, la brutalidad de la ablación, y con esta película ganó en Un Certain Regard en Cannes en 2004. La película La joven (1974), de Souleymane Cissé, revelaba la situación real de la mujer en Mali con la historia de una chica sorda que había sido violada y a la que todos daban la espalda.
El cineasta fue encarcelado y la película prohibida, pero nada de ello impidió que años después, en 1987, firmara uno de los títulos más hermosos del cine, y no solo de África, Yeelen. Este relato de un hechicero que persigue a su hijo porque no respeta sus preceptos religiosos ganó el Premio del Jurado en Cannes.
El chadiano Mahamat Saleh Haroun ganó este mismo galardón en 2010 con Un hombre que grita, primera película de Chad seleccionada en el certamen. Idrissa Ouedraogo (Burkina Faso) dirigió Tilaï, una película sobre el maltrato a las mujeres y las leyes retrógradas del país con la que ganó el Gran Premio en el Festival de Cannes de 1990.
Mujeres cineastas
Cineastas que dieron voz a las mujeres africanas hasta que éstas entraron en escena siguiendo la estela que había dejado tras de sí la senegalesa Safi Faye, primera directora del África subsahariana que firmaba un largo con distribución comercial, Kaddu Beykat, que en 1975 ganó el FIPRESCI de la crítica internacional en Berlín.
Lo siguiente ha sido una oleada de cineastas interesantísimas, que han colocado muy alto el cine africano subsahariano. Ramata-Toulaye Sy, Rungano Nyoni, Nosipho Dumisa, Wanuri Kahiu, Apolline Traoré y Cyrielle Raingou son algunas de ellas, a las que se une Mati Diop, una de las directoras más relevantes hoy, primera mujer negra que aspiraba a la Palma de Oro en Cannes, con Atlantics, que finalmente ganó el Gran Premio del Jurado en aquella edición de 2019. Hace dos años, la cineasta sorprendió con la película documental Dahomey, Oso de Oro en Berlín, con el que explicaba al mundo el trauma del expolio cometido por los europeos en África.






Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.