Daniel Sánchez Arévalo revindica en 'Rondallas' el trabajo en comunidad
La película, inspirada en las rondallas gallegas y en la vida de los pueblos pesqueros, es un drama con humor, fondo social y mucha música.

Madrid--Actualizado a
“Este año la fama de la rondalla se nos ha ido de las manos”, reconoció Daniel Burgos Paz, director de la rondalla de Santa Eulalia de Mos, cuando en 2017 incendió las redes sociales con el vídeo de esta formación musical interpretando una versión de Thunderstruck de AC/DC. El rock duro de la banda de Angus Young, a ritmo de gaitas y con trajes tradicionales, fue un espectáculo altamente contagioso y, al parecer, muy inspirador. El cineasta Daniel Sánchez Arévalo lo vio y empezó a imaginar una película. Rondallas es el feliz resultado.
Feliz porque esta es una película de fórmula en la que la fórmula funciona maravillosamente bien. “Mi idea siempre fue hacer una peli muy en la tradición de las comedias británicas, que parte de una premisa dramática en un contexto social deprimido, para lanzarse en busca de la luz, no solo al final del camino, sino durante el camino”, explica el director, que, con un buen guion, unos personajes cargados de humanidad y de verdad, un contexto muy real, unas localizaciones fantásticas y, por supuesto, la música de la rondalla consigue una historia interesante, conmovedora y muy divertida.

Cine popular
Los habitantes de un pueblo de la costa gallega viven desde hace dos años con el luto por el naufragio de un barco pesquero, pero ha llegado el momento de recuperar las ganas de vivir y para ello vuelven a poner en marcha la rondalla. Javier Gutiérrez, María Vázquez y, sobre todo, Tamar Novas, en un papel entrañable que provoca muchas risas y algunas lágrimas, son con la joven Judith Fernández los protagonistas de esta ficción, de la que su director dice que es “una película popular, abierta, una peli adulta pero accesible para todos los públicos”.
Un trabajo con el tono de películas como Full Monty (Peter Cattaneo, 1997) o Tocando al viento (Mark Herman, 1996), donde música y depresión, social y económica, se reunían y conquistaban la emoción, igual que ahora en Rondallas, donde la realidad de los pueblos pesqueros de la costa gallega, de las mujeres percebeiras, de los jóvenes sin futuro encaja perfectamente con el sonido de las gaitas y la percusión, y especialmente con la idea de comunidad y colectivo.
“El pueblo y el círculo cultural del pueblo también tienen su propia rutina y su propio rol dentro de la pantalla. Al final es una historia de cómo esta gente se une para recuperar esa tradición y para recuperar esa sensación de comunidad, de unirse. Es una película de superación, de cómo el volver a poner en marcha la rondalla ayuda a superar los traumas y el duelo por el que el pueblo está todavía pasando “, explica el director.
Concurso de Rondallas
Con guion del propio Sánchez Arévalo, la película recorre el camino hacia la luz del que habla el director al tiempo que se va reconstruyendo de nuevo la rondalla y preparándose para el gran concurso de rondallas del año. Gaitas, tambores, guitarras, abanderados… van componiendo en esta historia el espectáculo con el que competirán y en el que han participado auténticas rondalleiras y rondalleiros al lado de los actores principales.
“Son formaciones de unas cien personas y son todos aficionados. Hay desde niños hasta abuelitos. Cuando yo vi las reales y estuve con ellas, me transmitieron mucha energía, es una cosa que te atrapa mucho y que te engancha muchísimo. Ellos ensayan durante todo el otoño invierno para luego tocar durante la época navideña y participar en el concurso que es a mediados de enero”, explica Daniel Sánchez Arévalo, que para la película rodó en la competición real, en la que, la rondalla de la ficción participó.
“Quería que fuera una peli muy pegada a la tierra y al mar, muy representativa de lo que yo he vivido aquí, en Galicia. Para mí era muy importante que todos los actores y todo, en realidad, fuera cien por cien gallego. También quería que los actores y actrices se mezclaran con la gente real de las rondallas y que básicamente se integrarán. Me gusta pensar que, si no se conociera a estos actores, se pensara que son parte de esa rondalla de verdad”.
Así, actores profesionales se mezclan con rondalleiros reales y un par de estos participan en la película son alguna frase, es un ejercicio de integración que encaja con el espíritu de la historia que se cuenta en la película, cine popular que se sostiene sobre una realidad social, la de los pueblos costeros gallegos, que viven del mar, donde la pesca es una forma de vida y, desgraciadamente, a veces, es también una forma de muerte. Rondallas es ese viaje de la oscuridad del naufragio y el duelo a la luz de la música y la comunidad.



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