David Trueba, director de 'Siempre es invierno': "Parte de la sociedad tira hacia atrás y se queda a rebufo del progreso"
El cineasta adapta su propia novela al cine. Película de clausura de la 70ª Seminci, es una historia de naufragio y recuperación desde la que evidencia los prejuicios sociales hacia la edad y el paso del tiempo que experimentan los cuerpos.

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David Trueba auguraba hace 11 años, a propósito del estreno de su novela Blitz, que en no mucho tiempo las relaciones entre un hombre y una mujer mayor que él no se verían como algo demasiado novedoso. Hoy, Siempre es invierno, la adaptación propia de aquella historia al cine, le da en parte la razón. El grado de prejuicio se ha rebajado, pero mientras que los casos en que el hombre es mayor que la mujer no causan ninguna sorpresa, en el contrario sigue habiendo mucha incomodidad social.
"Tendremos que normalizando. Las sociedades tienen que evolucionar y lo que es normal para los hombres lo tiene que ser también para las mujeres", sentencia el director y guionista, que vuelve a repetir con David Verdaguer, tras Saben aquell, para el papel principal, y que dice que en este tiempo, desde que escribió el libro, se ha producido "una evolución natural". "Yo creo que hay muchos asuntos que va pasando así. Primero hablamos de temas en el mundo del arte y de la creación y luego se van instalando en la conversación de la sociedad. Y a eso es lo que llamamos evolución”.

Por supuesto, hay enemigos de ‘esa evolución’ y hoy se advierten de forma especialmente clara. “Yo ahora intento no caer en una cierta depresión, sino más bien en entender que estas reacciones forman parte de la evolución. Hay una parte de la sociedad que tira hacia atrás, pero se queda un poco a rebufo de la evolución y del progreso. Y eso les perturba y lo tratan de frenar. Pero claro, hay cosas que son irrefrenables”.
El paso del tiempo
Verdaguer, a medio camino entre el drama y la comedia, es Miguel, un arquitecto paisajista que viaja con su pareja (Amaia Salamanca) a Bélgica para participar en un concurso. Mientras comen un kebab y de la manera menos apropiada, él se entera de que su novia planea abandonarle porque se ha enamorado de otra persona. Decide no regresar con ella y comienza una peregrinación de lamentaciones y soledad, hasta que le rescata Olga (Isabelle Renauld), una mujer mayor que él.
“Es como una relación accidental, pero que luego va cobrando un cierto sentido, es como una relación embarazosa porque es inusual. Y con esa relación, ella se va quedando en la cabeza de él y va transformándose. Es una mezcla de amistad, de relaciones sentimentales, de necesidad, también de compañía, de no estar solo”, y de sexo. “Al final se habla de cómo los cuerpos experimentan el paso del tiempo y cómo tenemos también unos prejuicios a aceptar el paso del tiempo en el cuerpo. Eliminamos los conceptos de belleza de cualquier cosa que contenga la degradación o el paso del tiempo”.
“A partir de la pandemia, por ejemplo, muchísimas mujeres empezaron a dejar de teñirse, empezaron a aceptar elementos que estaban presentes en otros lugares del mundo, pero que en España seguían con la bota de los prejuicios encima de las mujeres”, afirma David Trueba, que ha apostado por un personaje que también siente el temor al qué dirán, "se da cuenta de que le van a juzgar, entonces se separa y es cruel, también consigo mismo porque dice cosas que no piensa pero sabe que son las que piensan los demás".
Teñido de melancolía
Solo en un país frío y oscuro, náufrago en medio de gente que habla otro idioma, abandonado, el personaje inicia un viaje de aceptación que atraviesa diferentes etapas hasta la recuperación. La luz de la película le acompaña, “está rodeado de esta frialdad del lugar y el invierno, incluso también de una cierta hostilidad, es decir, toda la gente que se cruza es hostil”, y contagia una melancolía que existe en cada detalle, incluso en el sentido del humor de la historia.
"El personaje está en una especie de ruina emocional y entonces lo ve todo con cierta melancolía. También es interesante ver la sociedad desde ahí porque te hace ver que la sociedad no es nada agradable para la gente cuando tiene problemas. La sociedad es muy agradable cuando la gente está feliz y cuando tiene dinero, pero cuando la gente está en otra situación, el mundo es realmente complicado y no ayuda nada a salir del agujero".
Siempre es invierno, a pesar del tono que acompaña a buena parte del relato, es en realidad una historia “como la vida misma”, que, como dice su creador, “está llena de oportunidades, de giros, de vueltas, de nuevos amaneceres y de nuevas estaciones. Yo creo que en ese sentido la naturaleza también nos enseña muchas cosas, nos enseña los ciclos de muerte y resurrección. La naturaleza es lo único que muere y resucita cada año, se caen todas las hojas del árbol, se queda como un esqueleto y de pronto, unos meses después rebrota, y eso nosotros que lo vemos constantemente, sin embargo, somos incapaces de procesarlo, de entenderlo y de entender que nuestra vida también se arma en función de esos ciclos".



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