Marc Giró y el agosto del calentón
El presentador con la dicción más veloz de la historia de la televisión se coronó durante años como el joven monarca de la ajetreada vida erótica de Sitges.
La infancia y la juventud esta ligada al verano y en esta serie algunos de nuestros personajes favoritos recuerdan aquellos meses eternos y despreocupados.

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"¿Mis veranos de pequeño? Estaba aburrido de ser un niño; no tener capacidad de decisión me parecía un atropello de mis derechos fundamentales. Era como: para la mayoría de edad, ¿cuánto falta? Quería robar un coche y largarme donde fuera". Si ha escuchado a Marc Giró hablar en uno de los programas de radio y televisión donde se ha dejado ver en los últimos años, entenderá la velocidad a la que da estas declaraciones. No tiene un minuto que perder; ya esperó demasiado hasta ser una persona adulta e independiente.
También en verano. "Los recuerdos largos y aburridos. He tenido una buena familia, todo facilidades, gente maja. Pero lo de ser niño no me gustaba, no tener capacidad de movimiento ni tener dinero. Recuerdo todo larguísimo, pesadísimo, calurosísimo", ametralla, "porque además era un niño raro, ahora lo llamamos queer: no tenía pandilla, estaba asustado y aburrido. Que todo bien, pero hay niños raros que tienen recursos, que con siete años se leen a Tolstói; no era mi caso. Ni me refugiaba ni en los libros ni en el cine, era un poco disléxico, el cine me daba igual; yo quería encajar".
El periodista, que retoma su Late Xou en La 1 con el nuevo curso —"Así me toca trabajar este mes; el mundo de los medios y del cabaré no descansa" — al menos ha podido disfrutar de un par de semanas de desconexión en Formentera. "Empezamos a ir un grupo de amigas hace años y lo seguimos haciendo, aunque estamos ya más talludas y somos como cuatro mil", explica, "porque hemos sumado maridos, hijos, perros, la otra que se ha divorciado… Es como el anuncio de cerveza de ‘vamos a hacer lo de siempre’, pero cada vez peor". Los veranos que conserva marcados a fuego le pillan más cerca de su Barcelona natal. Y marcados a fuego es una forma de describirlos bastante literal.
"Mi madre, que es de montaña y tiene mitificada la playa, nos insistía mucho durante el año, cada media hora, en que estaba ahorrando para poder irnos de vacaciones. Ella era profesora, así que siempre nos íbamos en julio, madre e hijas, y mi padre se quedaba en Barcelona. Estuvimos en lugares distintos hasta que tuvo una idea brillante, que ya se quedó de costumbre". ¿Y cuál era esa idea? El catalán la presenta con su estilo manierista: "El día que muera mi madre, espero que dentro de muchos años, en su lápida grabaré, pero grabaré yo mismo, que pienso hacer un curso: ‘Aquí yace una auténtica genia’, porque ese sitio donde alquiló un apartamento durante muchos años es, redoble de tambores, ¡Sitges!". Agárrense que vienen curvas.
En la "capital europea de las maricas", un Marc Giró "adolescente, alto, rubio, de piel morena, con todas las hormonas preparadas" encadenó un verano tras otro con el cuerpo "entregado a la perdición y al pecado". Es donde me realicé sexualmente como jamás en la vida. Me lo pasé pipa, follé muchísimo, llegaba tardísimo todas las noches, fue lo más. "Estoy viva de milagro", sentencia.
El sexo era lo que más le interesaba, si no lo único —"la verdad es que todo lo demás lo hacía para disimular" —, y la vida le permitió explorarlo con creces. "Yo lo que quería era follar y que me follaran. Iba muy caliente, no quería otra cosa". Todo lo contrario que ahora, reconoce, porque "hay días en los que me acuerdo de que tengo polla porque meo, si no, ni me la tocaría". ¿Se le ha pasado la antigua calentura? "Mis sofocos ahora mismo son por el cambio climático, no por ganas de follar. Tengo emergencia climática, pero ninguna otra más".
Hace tiempo que no se ve por Sitges a su antiguo rey del verano. "Tengo amigas allí que me insisten en que vuelva, pero ahora es un lío". Con todo, sigue defendiendo sus encantos. "Es un sitio que tiene una particularidad, y es que tuvo un alcalde durante el franquismo que no permitió que se pudiera construir muy alto cerca de la playa; sería el único. Así que, incluso estando tan cerca de Barcelona, mantiene su esencia, no ha sucumbido como tantos otros lugares al urbanismo salvaje, sigue siendo muy bonito".
Esas calles fueron el escenario de su primer amor: "Lo pasé fatal cuando acabó el verano, tipo Grease, pero me di cuenta de que aquello no era lo que yo quería y de que lo hacía un poco por la presión de que es lo que tienes que vivir". Sus apetencias estaban claras, y el romanticismo solo le podía hacer perder el tiempo. "Había veces que llegaba a un apartamento porque había ligado con uno, probablemente italiano, y decía: ‘Pero si aquí ya he estado con otro’. Así que me tocaba disimular", rememora entre risas. "Había polvos mejores y peores, por supuesto, pero no tengo experiencias negativas. Todo lo hice con consentimiento, mi consentimiento era perpetuo".
El presentador de Vostè primer, programa de la emisora catalana RAC1, cree que, si hubiera tenido la misma motivación por los estudios que por el sexo, "sería catedrática o astronauta, hubiera inventado algo". Lo cual no es óbice para que recuerde con cariño al grupito de amigas y amigos que forjó verano tras verano, muchos de ellos también del colectivo LGTBIQ+, lo que generaba pandillas "más transversales, porque te juntabas con gente de edades distintas, con bagajes muy distintos, lo cual es muy enriquecedor".
Pero que nadie se confunda: "Mi interés por el género humano en esos años se daba a través de la calentura. Y ahora, si me preguntas, estoy mal". Aquel fuego de antaño ha quedado reducido a unas convenientes ascuas, de las que quizás brota la energía que hoy le permite multiplicarse en los variados formatos en los que seguirá al frente este curso. Aquel niño que se desesperaba contando las horas para hacerse mayor ya no tiene tiempo para aburrirse. Ni, por lo visto, ganas de follar.

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