La Ciudad de los Muchachos, un antiguo orfanato franquista en Barcelona olvidado por las instituciones
El Síndic de Greuges de Barcelona reclama el reconocimiento de la memoria de lo sucedido en un espacio que fue proyecto estrella de propaganda de la dictadura.
En el inmueble, ubicado en Collserola, se perpetraron malos tratos y abusos a menores.

Barcelona--Actualizado a
La Sindicatura de Greuges de Barcelona ha reclamado al Ayuntamiento preservar la memoria de la Ciudad de los Muchachos, un antiguo orfanato religioso que se encuentra abandonado en Collserola, en la masía de Can Puig, y donde se perpetraron malos tratos y abusos. Bajo la premisa de un nuevo modelo educativo, entre 1951 y 1977, este Hogar de aprendizaje era una casa de torturas.
La Sindicatura constató que hay "un conocimiento escaso de la titularidad y la evolución histórica" del orfanato. Es la misma conclusión a la que llegó la autora del libro La ciudad de los muchachos (Navona, 2023), Teresa Roig, que tras investigar "un poco, y un poco más", consideró "evidente que había una historia que reclamaba ser contada. Ver la luz". Roig habló con más de una veintena de antiguos alumnos de este centro para relatar sus historias y experiencias traumáticas que vivieron.
La red de Hogares de Aprendizaje fueron los centros de acogida/educación que se creó vinculado a la beneficencia franquista y al Patronato de la mujer. Roig asegura que "son una parte muy representativa de una época en la que se normalizaba el machismo y la violencia (institucional e intrafamiliar)".
La autora explica que en La Ciudad de los Muchachos, la educación se planteaba y trabajaba con la voluntad de emular un proyecto internacional revolucionario para aquella época, el del padre Flannagan en Nebraska. A manos de gente solvente de la época, evolucionó con el tiempo en un centro donde primaba el adoctrinamiento (religioso y político), el adultocentrismo, el autoritarismo y otros ismos, por delante de la educación y el acompañamiento. La mano dura y el “si te castigan es porque te lo mereces”.
Las historias humanas, de los cientos de niños que vivieron y crecieron, "son patrimonio inmaterial", afirma Roig y añade que "pertenecen a la memoria histórica individual, y ésta, forma la colectiva". La autora recuerda la frase mítica: el país que olvida su historia está condenado a repetirla. Con su libro hizo memoria y ahora defiende la necesidad de recordar el espacio y critica lo que considera hipocresía política.
Para Teresa Roig, las historias de los niños que vivieron en el centro "pertenecen a la memoria histórica individual, y ésta, forma la colectiva"
Más de 4.600 niños vivieron en centros de internamiento públicos. Este dato es significativo de la situación de la posguerra, de la pobreza infantil y el grado de necesidad de cobertura, sobre todo, material para vivir. En La Ciudad de los Muchachos vivían aproximadamente 150 niños.
La historia
El historiador Carlos Sánchez-Valverde es autor de la publicación La atención y protección a la infancia: una revisión histórica desde la educación social, donde habla de La Ciudad de los Muchachos y muchas otras instituciones. En el texto se explica que en abril de 1931, pocos días antes de la proclamación de la II República, el Ayuntamiento inauguró la Escuela Internado Can Puig, para 50 niños, "a beneficio de los niños y niñas débiles de la ciudad que necesitaban la influencia de un régimen intenso de vida en la montaña". El internado mantuvo su funcionamiento hasta el año 1939, en el que fue requisado por la Falange Espanyola que exploró la posibilidad de hacer un Auxilio Social, espacio de atención a la pobreza, pero no prosperó y el espacio volvió a manos del Ayuntamiento.
El 21 de junio de 1951 se inaugura la Ciudad de los Muchachos, que durante años fue uno de los proyectos estrella de la propaganda del régimen y, en este caso, como obra personal del primer teniente de alcaldía del Ayuntamiento de Barcelona de la época, Alfredo Casanova. Pero, lo que se presentó como un proyecto innovador de autogestión era en realidad un "juicio de faltas colectivo". En 1954 el proyecto se reconduce por el teniente de alcalde Alberto Grau de Grau y se crea una estructura coordinada de atención a la infancia. Así La Ciudad de los Muchahcos pasa a ser uno de los tres Hogares de Aprendizaje de Barcelona, junto con dos instituciones situadas en el Puerto.
En 1977 se aplicará el proyecto de renovación de la acción socioeducativa con la infancia de los "Colectivos Infantiles del Ayuntamiento de Barcelona", que Sánchez-Valverde sitúa como de los "más interesantes del siglo XX y que revolucionó toda la intervención social dirigida a este sector social actuando como referencia obligada en el proceso de reconstrucción de las políticas de la infancia que la democracia intenta articular a partir de los años 80".
El sistema de los hogares de aprendizaje
En un artículo de La Vanguardia Española de 1954 recogido en la publicación de Sánchez-Valverde se explica perfectamente cómo funcionaba la educación en los Hogares de Aprendizaje: “Este proceso formativo, de tan trascendental importancia social, arranca en definitiva de la recogida de mendigos que, según las nuevas directrices de la Beneficencia municipal, pasan al Pabellón de Clasificación de Mendigos. Desde éste, los seleccionados pasan al Asilo del Puerto, cuya organización se ciñe esencialmente a una tarea formativa de tipo artesano, dentro de unas posibilidades suficientes, pero limitadas en sí mismas. Entre los niños escogidos para el Asilo del Puerto se procede a una última selección, de acuerdo con la cual aquellos mejor dotados pasan a la «Ciudad de los Muchachos», donde cursan estudios de Media Enseñanza, y a aquella recién creada Casa de Familia, en la que estudian la carrera superior que responda a su o a sus aptitudes”.
En los textos históricos que recoge Sánchez-Valverde en su estudio se determina que el objetivo de todas estas instituciones que es educar en la moral cristiana y española para crear una generación digna de la patria.
Una memoria devorada por el bosque
La autora Teresa Roig critica que la memoria histórica y preservación del espacio es "una obligación moral, política y social" y considera "ridículo llenarse la boca sobre memoria histórica, Transición, etc y luego permitir que un patrimonio de este tipo sea devorado por el bosque y caiga en el olvido, por haber sucumbido a la deriva del franquismo".
Añade también que hay espacio fuera las administraciones para hacer acciones de memoria histórica y que, de hecho, la misma ciudadanía ya ha hecho trabajos para preservar el recuerdo del espacio, "entidades locales y una servidora confeccionamos una lona y folletos informativos, aparte de organizar paseos y actividades de difusión".
La novela de Roig proyecta precisamente un futuro para La Ciudad de los Muchachos y es que, una vez rehabilitado, "se convierta en un espacio de recreo para niños y familias en situación de vulnerabilidad, pero con la gestión y el acompañamiento debido". Sin embargo, a escala pequeña afirma que "lo que se debe hacer, como mínimo, es instalar placas informativas explicando qué era, habilitando el espacio para hacer visitas, al menos en el exterior de los edificios. Dejar de esconder o blanquear la historia por dejadas o negligencia".
La posición del consistorio
En un comunicado, el Síndic de Greuges de Barcelona recomienda al consistorio "un espacio memorial" de carácter histórico y de recuerdo a los niños que sufrieron "malos tratos y abusos". Al mismo tiempo, que también sirva como una "reparación simbólica". Esta petición se ha hecho a raíz de una queja ciudadana por la "falta de reconocimiento y el estado de abandono de los edificios".
El historiador Sánchez-Valverde, reflexiona diciendo que "denuncias de este tipo las han hecho muchas de las personas que estuvieron acogidas en los diferentes centros de infancia, quizás no dirigidas al Síndic de Greuges, que probablemente por haber escogido este canal ha tenido tanta difusión".
Actualmente la finca alberga un conjunto de edificios integrados por una masía con una capilla anexa y tres edificaciones adicionales. Acoge una comunidad terapéutica de atención a las drogodependencias gestionada por el Consorci de Serveis Socials de Barcelona, mientras que el resto de edificios están en desuso desde hace años. El complejo es de titularidad municipal con gestión compartida entre el Consorcio de Servicios Sociales y el Consorcio del Parque de Collserola.


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