Marisa Paredes, la divina
Este 3 de abril Marisa Paredes hubiera cumplido 80 años. Diosa del melodrama, actriz elegantísima y con una voz grave y poderosa, fue una mujer libre y comprometida con la libertad y los derechos humanos.

Madrid--Actualizado a
"Tú eres una diosa" decía Agrado (Antonia San Juan) a Huma Rojo (Marisa Paredes) en Todo sobre mi madre (Almodóvar, 1999), y se reconocía "fans, así en plural" de ella. La descripción valía para el personaje, pero, sobre todo, encajaba perfectamente para la actriz. Diosa del melodrama, dominaba al milímetro la desmesura; elegantísima, paseaba estilo; con una voz grave muy hermosa y una magnífica dicción, Marisa Paredes era modernísima mientras su mirada, sus movimientos… destilaban aires clásicos de gran estrella. Y, desde luego, nadie levantaba la barbilla y ladeaba la cabeza con tanta insolencia y atrevimiento. Marisa Paredes, la divina.
Este 3 de abril hubiera cumplido 80 años una de las actrices más poderosas y rotundas del cine español, y una de las artistas más feliz y comprometidamente deslenguada de los últimos años. El 17 de diciembre de 2024 su corazón se paró, seguramente lo hizo estrangulado por el exceso de violencia y de odio que estaban ya instalados en el mundo y que ella constantemente denunciaba, o tal vez se detuvo por la energía desbordante que había contenido siempre. Sin embargo, la leyenda ya había nacido antes de aquel día.
Sin descanso
Cierto que fueron sus participaciones en las películas de Pedro Almodóvar, especialmente en Tacones lejanos y La flor de mi secreto, las que la descubrieron al resto del mundo. Cineastas de Italia, Francia, México, como Roberto Benigni, Arturo Ripstein, Alain Tanner, Guillermo del Toro, Raoul Ruiz o Manoel de Oliveira, quisieron trabajar con ella. Pero antes de conocer al director manchego, la madrileña, hija de una “mujer angelical”, portera en un edificio de la Plaza de Santa Ana, había empezado en la interpretación con 14 años, en el cine en 091, policía al habla, una película de José María Forqué en la que no aparecía en los créditos, y en teatro como meritoria de la compañía de Conchita Montes.
Pedro Lazaga, José María Elorrieta, Jesús Franco y Jesús Fernández Santos fueron los primeros directores con los que trabajó, y muy pronto, en 1965, Fernando Fernán Gómez la fichó para una gran película, El mundo sigue. Sin descanso siguió haciendo teatro, televisión y algunos trabajos en el cine y en la década de los 80 llegó su gran momento, el del despegue merecido y definitivo, animado por uno de los títulos míticos de la comedia madrileña, Ópera prima, de Fernando Trueba.
Becky del Páramo
"Comer esto (un pastel) es como comulgar. Jesús se me apareció mientras lo hacía, me ofreció sus llagas para que las chupara, como una golondrina". Extravagante y enamorada del LSD, Sor Estiercol de las Redentoras Humilladas fue el primer personaje que hizo para Almodóvar, en 1983. Y tres años más tarde reveló mucho talento y personalidad interpretando a Griselda, la mujer de un nazi, asesino de niños, que vive en un pulmón de hierro en su mansión. Esta desasosegante película, Tras el cristal, de Agustí Villaronga, fue clave en su carrera y en su relación con el cineasta.
Y si aquella fue un punto de inflexión, el lanzamiento decisivo, sin duda, se lo ganó con Becky del Páramo, una famosa cantante que regresaba a España después de muchos años de ausencia, y que protagonizaba unos cuantos momentos inolvidables y una escena memorable cantando Piensa en mí (la voz era de Luz Casal) en Tacones lejanos (Almodóvar, 1991).
Libre y poderosa
"¡Dios santo, cómo ha cambiado esta ciudad!", decía a su hija (Victoria Abril) refiriéndose a Madrid. “Hay partes que no vas ni a reconocer”, contestaba Rebeca. "Ya veo. Lo que me preocupa es que esta ciudad no me reconozca a mí". Nunca será así, la reconocerá siempre, Marisa Paredes ya es eterna. Y, sin embargo, el digno homenaje que los madrileños deberían rendirle ha quedado en una pequeña placa en un banco del Retiro por decisión del alcalde Almeida, que pensó que así evitaba cumplir con la promesa, todavía en un limbo, de colocar su nombre en el Distrito Centro de Madrid.
La enconada lucha de la actriz por impedir la tala de árboles en la ciudad fue, probablemente, la que sacó de quicio al edil, reaccionando ahora con desdén frente el compromiso y la libertad férreas de esta mujer. Una mujer valiente que denunció las mentiras del Gobierno de Aznar para defender la intervención de España en la guerra de Irak en el discurso como presidenta de la Academia de Cine en la gala de los premios Goya de 2003.
"No hay que tener miedo a la cultura, ni al entretenimiento, ni a la libertad de expresión, ni mucho menos a la sátira, al humor, hay que tener miedo a la ignorancia y al dogmatismo, hay que tener miedo a la guerra".
No fue la única vez, siempre estuvo en primera fila en la defensa de los valores democráticos y de los derechos humanos. Participó en un acto de campaña con Sumar en 2023, protestó por el desprecio político hacia la salud mental, denunció el negacionismo en la pandemia… Marisa Paredes, feminista, progresista de verdad, libre y poderosa, se revolvió de ira ante la hipocresía de Isabel Díaz Ayuso cuando la vio aparecer en el velatorio de Concha Velasco: "¿Ayuso? Pero qué hace aquí, ¡fuera!".
La actriz, además, se comprometió a fondo con el cine independiente. Periferia es el título de la película que estaba rodando antes de morir, un proyecto del cineasta Carlos Molinero, aún en desarrollo, en busca de parte de la financiación. Y en esos mismos días, poco antes de morir, siempre firme en sus reivindicaciones, en una entrevista que concedió a la agencia EFE, clamó por la liberta de Gaza. "Hay que salir a la calle a exigir la paz en Gaza porque la guerra es siempre una vergüenza, pero ¿esa masacre? Eso es una vergüenza para la humanidad, un escándalo, un genocidio, y hay que salir a la calle, hay que gritar". Divina.



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