Richard Burton: cien años de un genio atormentado
El 10 de noviembre, Richard Burton, uno de los actores con más talento de la historia, hubiera cumplido 100 años. Nació en la extrema pobreza y murió millonario, reconocido y alabado en el mundo entero.

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Richard Burton, el mejor Hamlet de muchas generaciones y la voz más carismática y portentosa del cine y el teatro, ahogó su vida y su inmenso talento en litros de alcohol. Uno de los actores más dotados de la historia arruinó su carrera en sus últimos años por la bebida, incapaz de recordar los diálogos que debía decir, de llegar a tiempo a las citas profesionales o de mantenerse en pie en un rodaje. Murió con solo 58 años. El niño galés que se había criado en la miseria de un pequeño pueblo minero terminó nadando en millones y sentado en primera fila en el cielo de los actores.
“Me gusta bastante mi reputación, la de un genio malcriado de la miseria galesa, un borracho, un mujeriego; es una imagen bastante atractiva”, confesó en cierta ocasión Burton, que en realidad había nacido con el nombre de Richard Walker Jenkins. Su madre murió cuando él tenía dos años, su padre prácticamente vivía bebiendo en el pub del pueblo, Pontrhydyfen, y él, duodécimo de una familia de trece hermanos, se crio con su hermana mayor. Uno de sus profesores, Philip Burton, detectó su don y lo acogió, quiso incluso adoptarlo. Le ayudó a volver a la escuela, le formó la voz -le llevaba a caminar por las montañas y le hacía gritar durante horas diálogos shakespearianos- y le animó a estudiar interpretación.
Un récord singular
Profesionalmente debutó en Liverpool en el teatro con la obra Rest of the Druid (El descanso del druida), pero en 1944 fue reclutado y abandonó los escenarios. Unos años después hizo su primer trabajo en el cine, en The Last Days of Dolwyn, y regresó al teatro con The Lady's Not For Burning, al lado del gran sir John Gielgud, a partir de entones su mentor.
Muy pronto se convirtió en una estrella de Hollywood. Protagonizó en 1952 Mi prima Raquel, al lado de Olivia de Havilland y consiguió un Globo de Oro a la Nueva Promesa Masculina y su primera nominación al Óscar. Fue nominado siete veces a lo largo de su carrera y no ganó ninguno. Por un tiempo compartió este singular récord con su amigo Peter O’Toole, hasta que éste le venció al perder de nuevo en su octava oportunidad.
Un Hamlet legendario
Un año después de aquella triunfal entrada rodó La túnica sagrada, que le valió otra nominación y atrajo sobre él todos los ojos de Hollywood. La célebre periodista Hedda Hopper escribió: "La historia de éxito más emocionante desde el contrato de Gregory Peck de hace diez años". Darryl F. Zanuck, uno de los productores más poderosos de entonces, le ofreció un contrato de un millón de dólares por siete años, pero Burton lo rechazó sorprendiendo al mundo entero. Cumplió con el compromiso para hacer Hamlet en el Old Vic, trabajo por el que cobró 150 libras a la semana.
Volvió a interpretar al príncipe de Dinamarca a principios de los 60 en Broadway y 'ese' Hamlet es ya legendario, extraordinario y el más largo de la historia, con 137 representaciones. Bill Colleran y John Gielgud la filmaron para el cine en forma de ensayo general frente a público real. Y el pasado año el dramaturgo británico Jack Thorne volvió a recrear aquel montaje mítico en The Motive and the Cue, dirigida por Zoe Ford y Sam Mendes. Johnny Flynn daba vida a Burton y Mark Gatiss era el director de la función, John Gielgud.
Mirando hacia atrás con ira (Tony Richardson), La noche de la iguana (John Huston), El espía que surgió del frío (Martin Ritt), Ana de los mil días (Charles Jarrott), Equus (Sidney Lumet), Cleopatra (Joseph L. Mankiewicz), ¿Quién teme a Virginia Woolf? (Mike Nichols), Becket (Peter Glenville), El desafío de las águilas (Brian G. Hutton), La escalera (Stanley Donen), 1984 (Michael Radford)… fueron algunas de las películas en las que más brilló. Alcohólico atormentado, marido maltratado y maltratador, general, príncipe o rey, homosexual felizmente casado o agente secreto, Richard Burton paseó su descomunal dominio y su prodigiosa voz toda su carrera.
Un actor nato
Años de trabajo y de escándalos, de titulares en primera página a costa de su relación (dos matrimonios tormentosos) con el amor de su vida, Elizabeth Taylor, y de sus borracheras épicas, de éxitos y de dinero que gastó a manos llenas, de su honestidad y su espíritu provocador… Burton, confeso socialista -alguna vez se declaró comunista-, enemigo público de Churchill, galés y amante del rugby… dejó unas cuantas perlas en sus entrevistas.
Amigo íntimo de Humphrey Bogart, compañero de borracheras de Peter O'Toole y Richard Harris, aseguraba siempre que podía que Albert Finney era el mejor actor del mundo y después de él Peter O'Toole, Marlon Brando, Laurence Olivier y John Gielgud.
Con O'Toole no solo se iba de farra, además de un muy buen amigo, fue su compañero en Becket -magnífico duelo interpretativo-. De Brando dijo que era grande, pero que habría sido mejor en el cine mudo. Con Laurence Olivier tuvo un encuentro sexual ("Yo fui homosexual una vez, pero no por mucho tiempo. Pero lo intenté. No funcionó, así que lo dejé") y Gielgud fue su padrino profesional.
Amigos para siempre, también con Richard Harris, acompañaron a Burton hasta el final, el 5 de agosto de 1984. “Era serio, encantador y con una habilidad tremenda. No siento más que tristeza. Era un actor nato, pero un poco alocado y eligió una forma bastante alocada de desperdiciar su carrera teatral. Era sumamente bueno con la gente y generoso”, fue el epitafio de su mentor.





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