Del robot Wall-E a 'Interstellar': cuando el cine se pone en primera fila contra la crisis climática
El cine advierte desde hace decenios de las consecuencias de la destrucción del planeta con ficciones y documentales, más o menos catastrofistas, y en los que a medida que pasan los años van menguando el ánimo y la confianza.

Asia se calienta más rápido que el resto del planeta, lo que aumenta el riesgo sobre la salud y el sistema alimentario de un continente en la que vive el 58,59% de la población mundial. El famoso bloque de hielo de la Antártida, el Glaciar del Juicio Final, se desestabiliza cada vez deprisa y ello tiene graves consecuencias a nivel mundial. Un estudio publicado en Nature Sustainability advierte de que el mar podría tragarse Nueva Orleans este siglo. El informe más reciente de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) es escalofriante. Ahora, con los picos más altos de temperatura en España y las noches tropicales, sufrimos directamente, cada día, las consecuencias de la crisis climática. El cine ha explicado la situación de peligro real para el planeta y para nosotros en algunas producciones, películas que, si las vieran, harían dudar de sus grotescas certezas a los negacionistas de la emergencia climática.
"Cuando te conviertes en padre, una cosa queda muy clara: quieres asegurarte de que tus hijos se sientan seguros y eso descarta decirle a un niño de 10 años que el mundo se está acabando". Son las palabras de Cooper (Matthew McConaughey), el piloto de la NASA reconvertido en granjero que se lanzaba al espacio, más allá de nuestra galaxia, en busca de un lugar que abriera la puerta a un futuro para la raza humana. Christopher Nolan mostraba al mundo, en Interstellar (2014), un planeta en el que muy pronto no se podría vivir y llamaba la atención sobre la necesidad de acciones para salvar a la Tierra antes de que fuera demasiado tarde. Era ficción, pero estaba minuciosamente documentada y contaba con el respaldo del físico teórico Kip Thorne, que tres años más tarde ganó el Premio Nobel de Física, y de otros especialistas.
El cine ha adelantado varias veces y desde hace años los desastres a los que nos aproximamos por la desidia general o por la codicia desmesurada de algunos países, dispuestos a explotar hasta el final los recursos naturales. Bong Joon-ho imaginó un futuro próximo catastrófico en Snowpiercer (2020), donde los últimos supervivientes de la humanidad vivían en un tren de alta velocidad que nunca se detenía. La población mundial había sido víctima de un malogrado experimento para solucionar el calentamiento global del planeta que ponía en peligro de muerte definitiva a la vida en la Tierra. En Waterworld (1995), película que casi se cargó la carrera de Kevin Costner, actor y director, los casquetes polares se han derretido y el agua del mar ha cubierto todo el planeta.
Richard Fleisher ya en 1973 auguró, en Cuando el destino nos alcance, un panorama devastador. Un planeta contaminado y un calentamiento que ha hecho desaparecer casi por completo a los animales y a las plantas. Ambientada en 2022, la población sobrevivía gracias al soylent green, un alimento sintético hecho con plancton fabricado por una empresa. Un título premonitorio defendido nada menos que por Charlton Heston y Edward G. Robinson.
El nivel del agua subía repentinamente en el Sur, los diques se hundían y la pequeña Hushpuppy y su padre habían quedado aislados con otros pocos en una pequeña zona en Bestias del Sur salvaje (2012), ópera prima de Benh Zeitlin que predecía lo que pasaría si la humanidad no reaccionase. "Un día de estos, la estructura del universo se alterará. Los casquetes polares se derretirán. El mar subirá", advertía la profesora de aquellos niños. Y en Wall-E (Andrew Stanton, 2008), la magnífica película de animación de Pixar, la Tierra es un basurero.
El cine documental tiene, por su parte, unos cuantos títulos imprescindibles para comprender la destrucción a la que sometemos al planeta y sus letales consecuencias. En los primeros años de siglo, todavía el cine tenía esperanzas en la recuperación del planeta, aunque con ciertas reservas. El ex vicepresidente de EEUU Al Gore se prestó como maestro de ceremonias en la película Una verdad incómoda (Davis Guggenheim, 2006), donde mostraba su preocupación por la situación creada por las emisiones de CO2 y el calentamiento global. Promocionada con el lema "De lejos, la película más aterradora que verá jamás", conquistó el Óscar a mejor película documental. 11 años después, con guion del propio Al Gore, los directores Bonni Cohen y Jon Shenk hicieron Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca, menos impactante, aunque perfectamente argumentada.
El activista francés Cyril Dion pensaba en 2015, cuando codirigió con Mélanie Laurent la película Mañana, que todavía teníamos tiempo para evitar el desastre y proponía algunas posibles soluciones. Sin embargo, En Home (2009), Yann Arthus-Bertrand advertía de que ya era demasiado tarde y mostraba el impacto del ser humano sobre la Tierra, subrayando su avidez exterminadora: en 200.000 años de existencia el ser humano ha terminado con el equilibrio de casi 4.000 millones de años.
El actor y productor Fisher Stevens firmó en 2016 Planeta Tierra: ¿Somos historia?, sobre un guion de Mark Monroe, en la que no contaban nada bueno, pero llamaba a la acción contra la crisis climática. La produjeron Martin Scorsese y Leonardo Di Caprio. El actor era el narrador y entrevistador en este trabajo, que no ha sido el único sobre el calentamiento global en el que se ha involucrado. Un hecho bastante paradójico teniendo en cuenta la cantidad de viajes que se marca en su avión privado a largo y ancho del mundo.
De hecho, hace unos años protagonizó No mires arriba (Adam McKay, 2021), una comedia que conseguía humor a costa de la indiferencia de buena parte de la sociedad y de la clase política ante el desastre inminente. Ya lo decía bien claro Louis Garrel -"para mi generación, el calentamiento global es una amenaza a la comodidad"- cuando estrenó Un pequeño plan… cómo salvar el planeta (2021), coescrita junto al mítico guionista Jean-Claude Carrière. En aquella película, una historia de niños activistas, el actor y director hacía autocrítica y tachaba de egoísta y ridícula la voracidad consumista estando a las puertas de la hecatombe total.








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