Stéphane Demoustier explora el uso que el poder hace del arte en 'El Arquitecto'
El cineasta lleva al cine la historia real de Otto von Spreckelsen, un profesor danés absolutamente desconocido que ganó el concurso para construir el Arco de la Defénse de París.
Estrenada en Cannes, la película ha ganado dos premios César.

Madrid-
La pasión artística enfrentada al poder y sus delicados e interesados equilibrios, maniatada por las limitaciones económicas y a merced de la burocracia y de los cambios políticos es el gran asunto que se disecciona en El Arquitecto, un drama de Stéphane Demoustier con tintes de comedia que va mucho más allá de la arquitectura y que está inspirado en la historia real de Johan Otto von Spreckelsen, el profesor danés absolutamente desconocido que ganó el concurso para la construcción del Arco de La Defénse de París en 1983. Cómo el poder hace uso del arte es la otra cara de esta historia.
Promovido por Mitterrand, aquel fue el mayor concurso de arquitectura de la historia. Primero llegó el desconcierto al saberse que el ganador era un tipo del que no sabían nada ni siquiera en su país. El creador de este gran cubo que iba a conmemorar el bicentenario de la Revolución Francesa solo había construido en Dinamarca tres casas y una pequeña capilla. Lo siguiente fue la guerra de intereses que levantó este proyecto faraónico y que embistió a Spreckelsen hasta arrasar con su pureza y su entusiasmo.

"Lo que me interesaba realmente era meterme en el corazón de la historia, contar la tensión que existe entre la idea y la encarnación de esa idea. Y esto ocurre no solo para un arquitecto, también pasa con un director de cine y con muchísima gente que tiene que mover muchas cosas para encarnar su proyecto", dice el cineasta, que con su película ha conquistado dos premios César de la Academia Francesa (dirección de producción y efectos visuales) y que en esta historia reflexiona sobre la pasión y el idealismo del creador, al tiempo que examina la intromisión de los poderes públicos en el arte.
Dimensión burlesca
Con Claes Bang en el papel principal, la actriz Sidse Babett Knudsen da vida a la compañera del arquitecto, único personaje creado desde la ficción para la película. Xavier Dolan y Swann Araidu interpretan al tecnócrata Jean-Louis Subilon y al arquitecto local Paul Andreu. El papel del presidente de la República François Mitterrand queda en manos de Michel Fau, que lleva el peso del tono burlesco del relato.
"Esa dimensión burlesca está en la película porque el proyecto arquitectónico en sí es demasiado grande, tanto para los unos como para los otros, para todos. Y también porque se muestra el encuentro entre dos mundos, la rigidez absoluta de unos ante esa especie de maremoto, pequeño maremoto, que es el arquitecto, que se lo toma todo con muchísima vida. Tiene un aspecto muy cómico, realmente", añade Demoustier, que insiste en su interés en la reunión de esos dos universos tan diferentes.
"Quería mostrar la comedia también para revelar el gran espectáculo circense del poder en Francia. Hay que tener en cuenta que en Francia nuestra república es una casi monarquía, y eso es lo que quería realmente, plasmar esa grandilocuencia del poder en Francia".
El legado Mitterrand
Con magníficas imágenes de las obras de construcción del Arco de La Defénse, la película va acercándose al interior de los personajes y a sus muy diferentes ambiciones, y retrata la aspiración de Mitterrand por dejar desde la arquitectura un legado monumental. Durante su presidencia, cambió algunos proyectos iniciados y llevó a cabo otros, transformando completamente la ciudad. La Pirámide del Louvre, el Museo de Orsay, el Parque de la Villette, la Ópera de la Bastilla y el Arco de La Défense son algunos de estos monumentos modernos.
"Mitterrand tenía la convicción de que el arte le haría inmortal, él siempre decía que nadie se acordaba de quién era presidente bajo Picasso, pero que Picasso y su obra siempre permanecería. Además, cuando fue elegido, ya estaba enfermo, nadie lo sabía excepto él, entonces, quizá por saber que tenía una caducidad… Aunque estuvo 14 años de presidente, la caducidad hizo que quisiera aún más inmortalizarse a través del arte. Pero también es verdad que tenía hambre de creadores, no solo arquitectos, de cualquier arte, le daba igual", explica el cineasta.
"Fue el último gran presidente que se dedicó realmente a la gente, que dio algo por el arte. Hoy día no tenemos presidentes que se interesen por el arte, no intentan comunicar una visión, y eso es algo que realmente se echa de menos. Es verdad que Francia en la época era un país rico, ahora somos mucho menos ricos. Aunque, francamente, lo que pasa es que simplemente hoy se puede decir que es un país huérfano de una visión. No hay un hombre político, de poder, que tenga apetito por el arte".
El Arquitecto explora los anhelos de los distintos personajes y aprovecha para defender la lealtad de los creadores a sus proyectos. "Tener una idea y poder llevarla a cabo, en eso sí estoy reflejado en esta historia y con este personaje. Por ejemplo, cuando haces una película, te enfrentas a contingencias, humanas, económicas, materiales, pero yo pienso que justamente estos elementos, más que obstaculizar, deberían sobre todo estimular".



Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.